Saturday 10 de December de 2016

Dichosos los invitados

Sigifredo Noriega Barceló      14 Oct 2014 22:29:58

A- A A+

Compartir:
Las invitaciones no faltan. Lo que falta a veces, es la dicha, el gozo de aceptarlas y que “este gozo permanezca”, no solo como buen sabor de boca, sino como una buena inversión de la alegría de vivir como una sola familia.

¿Quién no ha recibido una invitación y ha tenido que “pensarla” para aceptar o no aceptar? El ser invitados a “algo” es una experiencia humana dirigida a todos y todas, independientemente del momento y el fin de la invitación. Es cierto, hay de invitaciones a invitaciones.

No nos extrañe que Jesús no se pierda ni una sola invitación a comer (la cantidad de grasas y azúcares no entraban en sus cálculos).

No por nada se ganó el mote de “comilón y bebedor, amigo de publicanos y pecadores”. De hecho, su primer signo sobre el Reino lo realiza en un banquete, en una boda.

En las comidas Jesús crea lazos con los considerados pecadores de peso completo, sana enfermos desahuciados, libera de males atribuidos a los demonios sueltos, trae la salvación a quien acepta creer en Él.

Con frecuencia compara el Reino de Dios con un banquete de bodas, el gesto de alegría compartida más común en todas las culturas.

En el camino de la vida dirá a Zaqueo, por cierto en una comida, “la salvación ha llegado a esta casa”.

Pero, si Jesús habla siempre del reino de Dios, ¿por qué no precisa en una definición qué es el Reino de Dios? Como buenos racionalistas quisiéramos claridad en los conceptos, pero la grandeza del Reino no cabe en casas gramaticales, científicas y filosóficas… sí en la vida que puede llegar a ser Vida Eterna. Jesús sugiere con parábolas inolvidables y signos contundentes, quién es y cómo actúa su Padre Dios y cómo sería el mundo si creyéramos en Él y nos amáramos como sus hijos y hermanos de todos.

Definitivamente toda la vida sería un banquete permanente, una fiesta sin fin, donde la fraternidad abriría las puertas del amor a todos los invitados.

Le lección de vida de este domingo es que al reino se va por invitación, como a una boda. Los invitados cercanos no siempre aceptan, como los miembros del pueblo elegido que declinan la invitación.

Este es el centro del problema para Israel y para todo hombre o mujer invitados al banquete que Dios prepara para nosotros. Nuestro drama es que pensamos que tenemos cosas más importantes que hacer. Cuenta más, a la hora de valorar y elegir, lo nuestro que lo que Dios propone en su reino.
No hace falta mucha imaginación para vernos reflejados en la parábola. Quien convoca al banquete invita, no manda.

El que se coló en la parábola sin traje de boda fue por su cuenta. Lo más profundo de Dios se alcanza y acepta por invitación, por el suave susurro del amor. Responder a la invitación y hacer de ella un compromiso que nos exige presencia es ponerse el traje de boda.

Dichoso tú si aceptas gozosamente la invitación.

Los saludo y bendigo, sentados y de pie, alrededor de la mesa del banquete de la vida y de la vida.

Obispo de la Diócesis de Zacatecas




Comentarios
No existen comentarios aún
Accesa o regístrate para poder comentar

Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 20.38
Venta 20.88
€uro
Compra 21.54
Venta 22.04

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad