Tuesday 21 de February de 2017

Izquierdas o derechas, una cuestión de confianza

José Santoyo Llamas      26 Feb 2014 21:10:06

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Si bien cada grupo de amigos tiene sus particularidades, mi grupo me gusta particularmente porque tiene opiniones encontradas, algo que se presta al constante debate, aunque no siempre a democracia.

Otra característica que tiene, es la debilidad por la política.

Así pues, los antes mencionados, discutíamos sobre los beneficios o desventajas del paquete de reformas que se discuten actualmente. Bajo un discurso un poco superficial, llegamos a la cuestión que más irrita a la ciudadanía: la subida de impuestos y tasas administrativas.

Dejando atrás la profundidad económica, se abordó el tema desde una perspectiva de ‘a pie’. Y es que cobrar más impuestos implica básicamente que el presupuesto del estado aumenta. Hay quienes apoyan la moción y quien no, ambos tienen razón.

Si el presupuesto estatal aumenta, en teoría el gasto que puede ejercer el estado es mayor y la calidad de los servicios y la vida pública debería aumentar, generando indirectamente empleo. Sin embargo, y como en todas las operaciones financieras, existe un factor que se denomina en el mundo de la economía como ‘riesgo moral’. Para no entrar en definiciones pedantes, es la probabilidad de corrupción. Cosa que en este país casi no ocurre.

Para abordar el tema hay dos líneas posibles que recoge la economía. Una, fundamentada en los pensamientos de izquierdas, dicta que el estado debería imponer mayor recaudación para cerrar la brecha social, para ser el principal en la sociedad y asegurarse entonces de que todos tengan las mismas oportunidades y derechos, que todos disfruten de los mismos servicios públicos (en teoría de calidad). En teoría suena muy bonito, y respeto a quien esté de acuerdo, pero a mí me suena a paternalismo.

Por otro lado, la segunda línea, fundamentada en los pensamientos de derechas, dicta que al redistribuir la renta entre todos y oprimir con impuestos al que más genera; elimina, limita y desincentiva al empresario, quien al final de cuentas es el que genera valor agregado, dinero nuevo y empleo sustentable. En este modelo el estado tiene el papel de control que impide el deteriorar los recursos comunes. Y a pesar de que sea mi teoría por excelencia, tengo que admitir que tampoco convivimos con los mejores empresarios.

No se me malentienda, no pretendo decir que si el presupuesto cae en manos del estado significa que no hay avance tecnológico, basta con recordar la URSS y sus logros. Pero si algo es seguro, es que mientras tanto EU, en manos privadas, basó sus decisiones pensando en su futuro comercial bajo una lógica de mercado, bajo lo la demanda (o generándola) lo que ha dado sostenibilidad económica (con sus respectivas fallas claro está).

Así, México llega a un punto decisivo en el camino. Y mientras algunos discuten qué teoría es más viable, la verdadera pregunta que tenemos que hacernos como electorado es relativamente sencilla: ¿en quién confiamos más? ¿Quién tiene los valores que más se acercan a la sociedad que queremos?
 




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