Thursday 08 de December de 2016
»Llegan a la estación, tras ser llamados por el general Villa 

En Zacatecas

Redacción      19 Jul 2014 22:15:56

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“A eso de las 5 de la tarde, el jefe Fernández quiso dar paseo por la población a bordo del Prothos que ya había quedado listo de todo y muy limpio, gracias a Ildefonso al lavarlo, mientras yo lo engrasaba.

“Recorrimos todos los barrios de la población y ya cuando él se había marchado, llegamos toda la comitiva a la tienda de don Amador, el que al vernos salió a recibirnos con grandes muestras de regocijo.

“La tienda a esa hora seguía aún llena de gente villista, pero al ver que el jefe en persona se dirigía a ella, se desalojó como por obra de encantamiento, no quedando sino uno o dos soldados borrachos que por lo ebrios no se dieron cuenta de la presencia del general, a quien respetaban y querían a más no poder.   

“El señor Inclán nos hizo pasar al interior de su casa, al comedor, muy confortable por cierto, y primero nos hizo beber del mejor cogñac y después nos ofreció una cena que según dijo, nos tenía preparada.

“Y no fue cena, fue un verdadero banquete al estilo mexicano en el que participamos todos los que acompañábamos, la familia del comerciante y dos o tres amigos de éste último.

“Después de la cena, don Amador trajo una baraja y con gran contento comenzó una buena partida de póquer.    

“Entre juego y conversación supimos que el anfitrión era dueño de la Hacienda del Carmen y que en ella tenía, entre otros, un magnífico caballo que había mandado traer de Salinas para regalarlo al general Fernández y que a más tardar en la mañana estaría en su poder.

“Serían las 12 de la noche cuando la jugada estaba en su apogeo y la gritería general era mayor, se presentó el telegrafista de la estación con un mensaje para el jefe Fernández del general Villa, en el cual se le ordenaba que la mayor brevedad posible se trasladara a Zacatecas; que a más tardar en la madrugada llegaría otra máquina para formar otro tren más y facilitar así la movilización de sus fuerzas.

“De esta manera terminó la cena y la jugada que tan cordialmente ofreciera el señor Inclán al general Fernández, despidiéndonos todos como buenos amigos.    

“A las 6 de la mañana llegó otra máquina y poco después quedó formado el largo tren militar en el que se embarcó la caballada, agregándose una plataforma en la cual subimos el Prothos y algunos otros cachibaches.

“Poco antes de las 11 de la mañana, llegó a la estación el primoroso caballo ofrecido por el comerciante don Amador al general Fernández.

“Era un hermoso ejemplar de media sangre, magníficamente cuidado y de un aspecto verdaderamente bonito. El general lo recibió en persona dijo al mozo que se lo entregó:

“‘Digalé a don Amador que así me gustan los hombres, cumplidores y que algún día volveré por aquí y le pagaré todo, aunque sea con una borrachera’.

“A las 3 de la tarde los dos convoys se pusieron en marcha uno detrás de otro y de esta manera abandonamos Salinas.

“Los trenes marchaban sumadamente  despacio a consecuencia de lo pesado que iban y debido al mal estado de la vía, también por las precauciones tomadas con anterioridad, debido a la proximidad de Argumedo por esos contornos, ya que no podía andar lejos.

“Por fin, al amanecer del tercer día, llegamos a Zacatecas sin ningún contratiempo.

“La estación era un verdadero hervidero de gente villista y el patio insuficiente para contener tanto tren militar, al grado que los nuestros tuvieron que quedarse a más de un kilómetro de distancia.

“Vino a recibir al general Fernández, entre otros, el general Marín López, diciéndole que el general Villa lo esperaba en su carro, ya que había preguntado varias veces si habían llegado los trenes de Salinas, manifestando contrariedad cuando se le había informado que aún no, de manera que era urgente que lo viera inmediatamente.

“Ya en tierra, la comitiva se dirigió al convoy del jefe Villa, pero éste ya venía al encuentro de Nicolás y juntos caminaron hasta el carro que servía de oficinas del cuartel de la División del Norte.   

“Mucho después de las 9 de la mañana volvieron a aparecer el general Villa, Fernández, Martín López, Felipe Ángeles y otros altos jefes de la famosa División, dirigiéndose a nuestros trenes. 

“Se detuvieron frente a la jaula en la que venía el primoroso caballo regalo de Inclán de Salinas, al general Fernández y después de admirarlo y de hacer comentarios jocosos, el general Villa dijo:

“‘Buen gusto tienen los que venden frijoles y papas por aquellas tierras…’ 

“La comitiva siguió su inspección a lo largo del tren, deteniéndose frente a la plataforma donde veníamos mi Prothos, Ildefonso y yo, y entonces el general Fernández dijo:

“‘Ahí lo tiene usted mi general (se refería al automóvil). Se lo quitamos a Argumedo cerca de la Hacienda de Guadalupe, ya para llegar a Salinas… y trae su chofer, ése que está ahí, sabe unas cosas que ya le contará”’.

Continuará...


Extracto de Choferes de la Revolución.
Autor: Luis Jiménez Delgado.
Biblioteca de la Crónica del Estado





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