Sunday 11 de December de 2016

Enfermedades mentales

Antonio Sánchez González      4 Sep 2014 21:00:12

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Entre todos los problemas de salud del mundo, las enfermedades mentales ocupan un lugar único y paradójico.

Por un lado están el sobrediagnóstico y sobretratamiento de los problemas de salud mental, con frecuencia alimentados por la industria farmacéutica interesada en ampliar las fronteras de la enfermedad y la creación de nuevas categorías diagnósticas con los consiguientes mercados de medicamentos; por otra parte, existe un profundo desconocimiento y falta de diagnóstico de los que sufren y de la amplitud con la que los problemas de salud mental afectan a millones como problema sanitario global.

El sobretratamiento, especialmente cuando es resultado del “tráfico de enfermedades”, es un asunto persistente y problemático. Los peligros derivados emergen cuando experiencias vitales normales (como la menopausia o la tristeza) son consideradas como enfermedades, o cuando se crean a partir de síntomas molestos y comunes (como en el caso de las disfunciones sexuales). En ambas situaciones la gente se convierte en paciente y amerita tratamiento cuando no es necesario y se le arriesga a sufrir efectos secundarios indeseables. No hay que ver enfermedad donde no hay.

El sobretratamiento y el sobrediagnóstico son materia de diversas condiciones humanas, pero cuando se aplica a la salud emocional es especialmente aparatoso y está bien documentado: el 11% de los niños estadounidenses recibió el diagnóstico de síndrome de déficit de atención y las prescripciones por trastorno bipolar aumentaron 40% en la última década. Dos tercios de esos niños reciben medicinas y todos son sometidos al estigma derivado del diagnóstico de la enfermedad mental, a pruebas y gastos innecesarios.

Sin embargo, es igualmente importante el vasto desconocimiento global de las patologías mentales reales, en especial en los países pobres. Negligencia que tiene múltiples niveles: diversos países carecen de políticas públicas para la atención de las enfermedades neuropsiquátricas y la salud mental fue ignorada por las Naciones Unidas en su documento para las metas del milenio.

Esta incuria hace al mundo insensible sobre datos atroces: más del 13% de la carga global de enfermedad corresponde a desórdenes mentales, 70% de los cuales ocurren en países pobres o poco desarrollados. La cuarta parte de las personas con alguna discapacidad física en el mundo lo son a consecuencia de enfermedades mentales o emocionales (incluidas depresión, ansiedad, esquizofrenia y diversas formas de demencia), y reciben tratamiento inadecuado o adolecen de alguno.

Hoy, nuestra comprensión de las enfermedades del ánimo está todavía subdesarrollado. La investigación de los daños a la salud individual derivados de su sobrediagnóstico y sobretratamiento son limitados y, si bien están creciendo el conocimiento de los padecimientos neuropsiquiátricos genuinos, carecemos de políticas públicas mundiales que permitan encontrar mejores maneras de abordarlos y prevenirlos, sin caer en el exceso.




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