Saturday 03 de December de 2016

¿Es posible pensar aún en la utopía?

Eric Nava Muñoz.      7 Nov 2013 23:00:06

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Estación Utopía. (Cortesía)
Estación Utopía. (Cortesía)
El término ha sido desacreditado de todas las formas posibles: ¿Vivimos hoy en ese futuro feliz de videoteléfonos que la tecnología de mediados del siglo 20 prometía? ¿O estamos atrapados en medio de todo lo que salió mal?

La dura realidad nos golpea. Parecería que cambiar el mundo es imposible, que cada intento por modificarlo radicalmente pasará desapercibido o terminará en pesadilla. ¿Perdimos la esperanza o simplemente nos hemos vuelto incapaces de imaginar que la totalidad del mundo puede ser de otra manera?

Pero detengámonos a pensar, ¿qué es la utopía? ¿Un lugar donde todo funciona, donde todos son buenos y viven en armonía? ¿Ese paraje siempre soleado y con buen clima? ¿No sería eso como vivir el mismo día todos los días?

Siempre hará falta algo. Si no es la búsqueda de una idea de felicidad, será el intento por escapar del tedio cotidiano.

La vieja búsqueda de la libertad y la felicidad de Platón en su República inspiró a Tomas Moro para imaginar su isla de nombre Utopía (palabra inventada por él que puede tener dos significados, ambos derivados del griego: no-lugar o buen-lugar).

Siglos después, la búsqueda de ese buen-lugar terminó por demostrar que es un no-lugar que sirve de refugio a retóricas vacías e individuos que evitan actuar sobre la realidad en espera del futuro inmaculado.

Olvidemos la utopía, el futuro no existe: es mejor operar en el presente. Cambiar lo que puede cambiarse.

Molly Nesbit, Hans-Ulrich Obrist y Rirkrit Tiravanija construyeron Estación Utopía en la Bienal de Venecia de 2003. Contenía la obra de más de 150 artistas.

Era una estructura conceptual y física flexible, sin un plan determinante, apenas unas cuantas ideas: una plataforma central que lo mismo podía ser una pista de baile o un muelle de carga. De un lado bancas portátiles; del otro, un muro con una línea puertas, algunas conducían al otro lado, otras a pequeñas habitaciones.

Como cualquier estación, sólo estaba completa cuando era usada, porque una estación es un punto de partida, de encuentro. Es el final de un trayecto y una escala en un viaje de largo alcance.

En la estación había objetos, trozos de objetos, imágenes, pinturas, pantallas. Cada visitante podía dejar o llevar los objetos que quisiera, provocando que la estación produjera sus propios referentes, puntos de coherencia y contradicciones.

Era un lugar para descansar, contemplar, conversar. Se realizaron conciertos, fiestas, conferencias.
Esa utopía, ese no-lugar, se construyó con las aportaciones de artistas y del público, y como un catalizador se desvaneció a medida que propició una esperanza.

Más de Estación Utopía en e-flux.com/projects/utopia.




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