Sunday 11 de December de 2016

Vencer la adversidad

Huberto Meléndez Martínez      2 Dec 2013 21:10:02

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Como un reconocimiento a las personas con limitaciones físicas.

Producto de un fatal accidente en la infancia (apenas a los dos meses de nacido), perdió su brazo izquierdo. Creció procurando una buena relación con los demás, superando con carácter noble y con actitud positiva, los señalamientos y el morbo del entorno.

Él jamás se doblegó por esa adversidad, decía que nunca supo lo que significaba disponer de los dos brazos, le era suficiente una mano en su diario vivir.

Por circunstancias socioeconómicas fue a trabajar a una ciudad del norte al concluir la instrucción primaria, pero cuando recibió la noticia de que muy cerca de su comunidad se abría una escuela secundaria, regresó a su región para continuar estudiando.

Creyó que era su última oportunidad de prepararse. Su estancia en aquel plantel fue ejemplar. Terminó con muy buenas calificaciones. Cursó una carrera técnica en agropecuarias y en verano hizo cursos de pedagogía. Luego de muchas vicisitudes consiguió trabajo como profesor. En muy poco tiempo fue nombrado director de su escuela.

Podría pensarse que ahora su relación laboral tendría menores señalamientos por su limitación física, pero también entre los directivos existen personas con espíritu discriminatorio.

Cierto día en que iba acompañado por otros dos colegas, camino rumbo a una oficina en que se realizaban trámites administrativos. Uno de ellos pretendió hacer burla del maestro Ismael. Cada uno cargaba un portafolios en la mano. Pretextando cansancio y agobiado por el calor del día, con expresiones de fastidio y exasperación, colocó su portafolios bajo un brazo, quitó a sus compañeros los propios diciendo: “ya me cansé de andar cargando esto, me voy a llevar estos tres maletines esta cuadra, pero en la esquina siguiente se los doy a otro y que él cargue los tres, así los demás caminaremos más cómodamente”.

Rosalío quiso negarse entendiendo de inmediato la insana intención, pero la sorpresa lo dejó sin habla y no pudo resistirse a que recogieran su mochila. Durante el recorrido pensaba apesadumbrado cómo reaccionaría su compañero.

Acentuaron el cargo de conciencia en el trayecto de la siguiente cuadra por el peso de los materiales, la incomodidad de los bultos, uno en cada mano y otro bajo su brazo y sobre todo el hecho de hacer entrega de los materiales a su aludido compañero. ¿Cómo resolvería la situación? El otro, eludiendo la acción hablaba abundante y rápidamente de diversos temas, quizá queriendo desviar la atención del agresivo acto.

Sudando copiosamente llegó a su destino, puso la carga en el suelo diciéndole a su compañero con mirada esquiva; “sigue usted, maestro”.

Ismael, sin pesadumbre y con decisión, acomodó los tres portafolios formados uno junto al otro, se quitó el cinturón y pasándolo por el asa de cada uno lo abrochó en la parte superior, se lo cargó en el hombro izquierdo, muy campantemente caminó hacia su destino, siguiendo la conversación del primero y moviendo con displicencia y libertad su único brazo.

Fue una lección categórica: utilizar la capacidad de pensar para resolver los problemas de la vida, pues con inteligencia se puede vencer a la adversidad.

 




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