Friday 09 de December de 2016

Estéticas Decoloniales

Eric Nava Muñoz.      16 Jan 2014 22:10:05

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Buscando marido con pasaporte de la Unión Europea (2000-2005), de Tanja Ostoji. (Cortesía)
Buscando marido con pasaporte de la Unión Europea (2000-2005), de Tanja Ostoji. (Cortesía)
Las posturas que buscan el fundamento de la identidad en el origen nacional o étnico de los individuos son la fuente de conflictos como el de la antigua Yugoslavia, que al perder el cobijo de la Ex Unión Soviética se desmoronó en una guerra “étnica”.

¿Es posible de que distintas culturas puedan habitar en el mismo espacio manteniendo su identidad? Idealmente la respuesta debería ser afirmativa. Sin embargo, en la práctica ha llevado a la formación de guetos culturales o étnicos: distintos grupos viven en la misma ciudad, pero sin mezclarse demasiado unos con otros porque perder la pureza cultural equivale a una pérdida de identidad.

Estos conflictos culturales e identitarios tienen además componentes de dominación y colonialismo. No es lo mismo formar parte de la mayoría blanca de una ciudad de los Estados Unidos, que ser parte de un grupo recién inmigrado.

Básicamente estamos hablando de racismo. Un racismo que resulta evidente en el entorno actual: las mercancías y las personas del primer mundo tienen una movilidad sin fricciones, mientras que el resto de los habitantes del planeta están condenados a un territorio del que no pueden salir libremente.

Frente a estos conflictos hay dos posturas que parecen irreconciliables. Por un lado, el reforzamiento de las identidades locales, como una forma de resistencia frente a la homogeneización del capitalismo, y por otro una postura que se muestra más abierta a la mezcla de culturas.

Esta mezcla, también llamada creolización, da como resultado formas de nuevas identidad que no están ligadas al origen étnico o nacional, ni pretenden imponerse a otros como modelos de lo correcto.

Es decir, no se trata de copiar los modelos de una supuesta “metrópoli cultural”, lo que implica una posición colonialista, sino de mirarse de igual a igual.

A finales de 2010, en Bogotá se presentó la exposición , que abordó precisamente estas problemáticas. La muestra fue curada por Pedro Pablo Gómez y María Elvira Ardila, la artista y filósofa eslovena Marina Grzinic y el teórico argentino Walter Mignolo.

Los curadores hicieron una selección de obras a partir de una perspectiva de-colonial. Si la colonialidad fue una matriz para el manejo de las poblaciones y recursos no europeos, el de-colonialismo se refiere a los procesos para liberarse y al mismo tiempo construir formas de organización no colonializables.

Desde esa óptica, las prácticas artísticas, en especial las de las bellas artes, son evidentemente coloniales, en tanto que se apegan a un modelo o patrón de lo que debe ser, a un sistema de legitimación.

En ese sentido la idea de una estética decolonial se refiere a operaciones que buscan desmontar el mito occidental del arte, que implica la dicotomía entre apegarse a las normas o quedar fuera del juego por no seguirlas.

Alrededor de la exposición se desató un debate intenso entre las dos posturas que se mencionan aquí y su posición sobre el papel que juegan las personas y mercancías en la actualidad. Un debate que está lejos de darse por terminado: ¿somos parte de una comunidad realmente global o puramente local?, ¿tenemos todos las mismas posibilidades de vivir y desplazarnos en el mundo?

 




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