Tuesday 24 de January de 2017

Estimado Benja

Édgar Félix      20 Jan 2014 21:00:06

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Tal vez usted, Benjamín Medrano, ya no se acuerde de mí, como me ha quedado claro las veces que lo he visto en los últimos años. Quiero pensar que no es altanería ni ese mareo vulgar del que sufren personas acomplejadas cuando se suben a un ladrillito de poder, se marean y desconocen. No es que me interese su saludo, tampoco, solo que siempre es muy confortable que una persona que conocimos en situaciones humildes no olvide sus raíces ni aquéllos años verdaderamente de oro en la sociedad zacatecana.

No sé qué le pasó en el camino. Algo feo -como dicen los zacatecanos-, tal vez. O algo que no puede contar en público. No creo que deba ser su homosexualidad, no, porque usted es tan humano como todos. Y le menciono su homosexualidad porque recientemente ya lo hizo público en una entrevista con la excelente corresponsal de El Universal. Además, la mayoría de los zacatecanos lo sabíamos siempre, desde que usted era un showmen. Muchas veces lo vimos en escena y compartimos, inclusive, una amistad sincera. Bueno, eso creía. Pero, ya ve señor alcalde gay de Fresnillo, como usted mismo se reconoce, los años nos hacen cambiar, para bien o para mal.

Todavía lo recuerdo con sus pestañas muy chinas en varios bares donde se presentaba en la ciudad de Zacatecas. Además, es excelente contando chistes e imitando a estrellas de consumo nacional e internacional. La verdad, no sé qué le pasó en el camino, en la vida, que lo he notado muy cambiado. Y como dice la canción de nuestro paisano Antonio Aguilar: “ay vieja huarachuada, pata rajada, te pintas los cachetes con papel de china colorao y ahora dices que usas bilé”. Es una letra muy ingeniosa del gigante de la canción ranchera. Pero, nada qué ver con usted.

Usted se cuece en una olla de barro aparte. Y se lo digo porque no es posible tanta inseguridad en una de las ciudades más importantes del norte del país, la cual gobierna: Fresnillo. Nuestro querido Fresnillo, otrora progresista, trabajador, un verdadero motor de desarrollo, convertido ahora en un muladar de la delincuencia organizada -no crimen porque el crimen nunca se organiza-. Lo que ocurrió recientemente en un bar en Fresnillo, donde rociaron de gasolina a varias personas, es indignante. Y usted metido en una camioneta, bien blindada y bien protegido, temblando de miedo. Eso lo hubiera dicho en su campaña, si hubiera sido sincero, pero ahora resulta que no y que lo primero que se le ocurre es comprarse un tanque de guerra para andar en él. Grandioso.

Y no se trata de envalentonamientos ni de cobardías ni de homosexualidades o de griterías. No. Se trata de saber gobernar, de saber tejer en el poder, de acomodar piezas, de hacer política que en el significado más profundo es negociar, de ver -en este caso- por la seguridad de los demás no por la de usted. Y si no puede, señor Benjamín, renuncie, que los fresnillenses se lo agradecerán.
 




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