Monday 05 de December de 2016

Éxito y humildad Huberto Meléndez Martínez

Huberto Meléndez Martínez      16 Dec 2013 21:30:05

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Dedicado a quienes cultivan del intelecto y la humanización de sus estudiantes.

Existe una situación conductual que ha sorprendido y ocupado la atención de docentes, tutores, funcionarios y organizadores de los concursos de conocimientos en los planteles escolares. Se refiere a las dificultades que presentan el manejo de la actitud de los participantes, especialmente aquellos que logran los mejores resultados.

Conforme transcurre el tiempo los alumnos modifican, quizá inconscientemente, su actitud hacia los demás. Se perciben cambios en el carácter. Muchos de esos cambios son positivos, pero en otros se advierten algún grado de presunción, altivez y arrogancia, quizá por sentirse en un estatus diferente a la mayoría (ellos consideran que es un nivel superior).

La actitud en la que “van perdiendo piso” se debe a que su desempeño ha sido sobre saliente y es cuando las personas más cercanas a ellos van teniendo algunos aprietos en su relación cotidiana.
Los asesores de estos estudiantes analizan la situación, en muchos casos están de acuerdo con esos cambios de sus estudiantes, pero en otras ocasiones les ocupa una buena parte del tiempo para encontrar la forma de suavizar la relación.

La familia tarda un poco en darse cuenta, porque la primera manifestación de engreimiento aparece en su trato con sus condiscípulos, probablemente el amor que madres y padres tienen por sus hijos les nubla la posibilidad de percatarse en lo inmediato.

Sin darse cuenta conscientemente de ello, empieza a presentarse la segregación, el aislamiento y la marginación de sus compañeros. Su contexto los coloca en una situación de privilegio, por un mal entendido concepto de la admiración, lo cual les ubica en un nivel distinto, que erróneamente se concibe como superior. Resulta difícil relacionarse, e incomoda a los demás “que los miren por encima del hombro”.

Opinan directivos escolares que es necesario proporcionar orientaciones adecuadas a los alumnos, para que también aprendan a manejar el éxito. Su percepción es que estos estudiantes alcanzan un cierto grado de visión que se ven tentados a tutear a sus profesores y directivos, lo cual, en nuestra cultura es signo de falta de respeto que se denomina como insolencia o descaro. El trato torna, incómodo, áspero y espinoso.

Algunos asesores intentan atender este particular hecho, pero se enfrentan ante otros múltiples retos, que también ocupan de formación profesional especializada en estos tópicos. Tienen complicaciones para sortear la situación, pues existen una cantidad considerable de asuntos por atender, como la temática misma de la preparación académica, la convivencia con sus nuevos compañeros, la comunicación con sus asesores, la problemática inherente a la preparación como la comprensión nuevos rubros de conocimiento, los compromisos de regularizarse en las demás acciones escolares, etc.

Sienten que ellos tienen parte de la responsabilidad de esos cambios e indagan el mecanismo necesario para abordar tan delicados asuntos. Se sienten imposibilitados por la demanda de trabajo en la preparación académica. Crece la aspereza en el trato hacia los demás. Inevitablemente en algún momento se traslada a la relación familiar.

Es necesario recordar al escritor Ernest Hemingway cuando dice “El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad”.
 




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