Sunday 11 de December de 2016

Éxodo de los niños migrantes centroamericanos

Elizabeth Sánchez Garay      8 Aug 2014 11:37:28

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Hay historias de la vida humana que superan, en sufrimiento, horror y crueldad, a las narraciones del ámbito de la ficción. Las historias de los niños migrantes que viajan solos desde sus lugares de origen -sobre todo de Centroamérica- hacia Estados Unidos es una de ellas. 

Tenía poca información de estos desplazamientos, pero me llené de congoja y tristeza cuando una sobrina, que actualmente vive en McAllen, Texas, visitó uno de los centros de detención a los que son llevados los menores mientras se decide su futuro. 

Sus narraciones, me ha comentado ella, son escalofriantes, y abarcan tanto la desolación que padecen en su tierra natal, como los horrores de su trayectoria a través de nuestro país. 

Por eso me he dado a la tarea de investigar sobre el tema, por lo que dedicaré tres semanas de mis colaboraciones a este periódico para hablar de ello. 

Denunciar las vejaciones que sufren estos niños pobres y desamparados, que muy pronto han perdido los sabores de la infancia, de los juegos y del calor familiar, es un deber que tenemos quienes escribimos en la prensa.  

También es responsabilidad de los políticos mexicanos tomar medidas urgentes para asegurar que su viaje por México sea seguro y no se conviertan en víctimas de la delincuencia organizada, como actualmente sucede.  

Las cifras son alarmantes: de octubre de 2013 a mayo de 2014, según ha informado el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), 47 mil niños han viajado solos hacia la frontera de Estados Unidos. 75% de ellos son centroamericanos; el resto son mexicanos que se desplazan desde el sur del país. 

Una primera reacción, acaso natural, cuando uno se entera de la cantidad de infantes que dejan su hogar para arriesgarse a realizar la travesía, es de encono con los padres de estos menores que lanzan a sus retoños a una trágica odisea, pero las cosas no son tan simples. 

Aunque parezca paradójico, esta decisión surge de un acto desesperado de los progenitores porque sus hijos están a un paso de morir de hambre o de ser secuestrados por los Maras para obligarlos a formar parte de las pandillas. 

No es que desconozcan los peligros del viaje, pero consideran que al menos existe para sus descendientes una posibilidad, aunque sea mínima, de tener un futuro mejor.  

Otras veces son los propios niños los que deciden hacer el recorrido porque desean reunirse con algún familiar que está en Estados Unidos o porque buscan escapar de la violencia familiar y de la explotación laboral o sexual. Como veremos en la próxima entrega, desgraciadamente el trayecto es más de lo mismo.

Miembro del SNI




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