Sunday 26 de February de 2017

Ramón: la odisea entrañable de un migrante

Elizabeth Sánchez Garay      28 Aug 2014 21:00:13

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En las tres colaboraciones anteriores comenté la situación que viven los niños centroamericanos y mexicanos que viajan solos hacia Estados Unidos para buscar una vida mejor.

Quizá uno de los aspectos que más desazón genera esta situación es el estigma con la que llegan los menores a la supuesta tierra de las oportunidades, donde la población conservadora de ese país asume una actitud negativa hacia los niños por considerar que son delincuentes en potencia. Es decir, suponen que son semillas de los Maras.

Lo mismo sucede con los migrantes jóvenes y adultos de México y de otras regiones de América Latina que viajan al extranjero, ya que los medios internacionales han contribuido a crear estereotipos que vinculan pobreza y delincuencia.

Esta perspectiva, incluso, es compartida por los intelectuales de izquierda de la región, quienes a través de sus discursos hacen suponer que los jóvenes pobres ingresan irremediablemente al mundo de narcotráfico porque no tienen otra opción.

El problema es que estos juicios constriñen el mundo de la vida al ámbito económico. Por tanto, si todo se reduce a lo económico, quienes son pobres son infelices, y si son infelices tenderán a delinquir, y si delinquen pronto encontrarán un lugar en las redes de la delincuencia organizada.

En oposición a esta perspectiva fatalista y falsa se ha realizado la película, recientemente estrenada en México, Guten Tag, Ramón, del cineasta mexicano Jorge Ramírez Suárez, y protagonizada por el joven Kristyan Ferrer y la actriz alemana Ingeborg Schöner.

Coproducida por México y Alemania, y filmada tanto en Durango como en las ciudades alemanas Wiesbaden y Fráncfort, el filme narra la historia de un joven pobre que, tras haber sido deportado en cinco ocasiones de Estados Unidos, decide viajar a Alemania, para buscar trabajo y ayudar a su madre y a su abuela que están enfermas.

Los inconvenientes son que Ramón no conoce el idioma de ese país, viaja con poco dinero y le resulta imposible encontrar al familiar de un amigo que supuestamente lo iba a recibir.

Pero la odisea, que podría haberse convertido en un infierno, se vuelve una experiencia positiva y entrañable, gracias a la fuerza de voluntad de Ramón, así como a la bondad de este joven mexicano y de un grupo de ancianos alemanes que decide ofrecerle trabajo, protección y cariño.

La película muestra que cuando no hay prejuicios raciales ni estereotipos que vinculan pobreza con criminalidad es posible generar lazos de amistad entre personas de distintos países, incluso cuando solo se pueden comunicar con señas por carecer de un idioma compartido.

Esperemos que pronto llegue a las salas de cine de Zacatecas porque es excelente.




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