Saturday 10 de December de 2016

Fidelidad

Juan Carlos Ramos León      27 Jul 2014 20:40:08

A- A A+

Compartir:
La simple palabrita hará que más de alguno se disuada de leer la presente reflexión.

Habrá quien hoy no quiera hablar de cosas serias, al fin que es lunes y dicen por ahí que los lunes ni las gallinas ponen. Habrá, también, quien no quiera hacerlo porque arrastra consigo el lastre de alguna culpa relacionada.

Me refiero, por supuesto, a la fidelidad matrimonial.

Siempre he pensado que quien es infiel a su pareja difícilmente puede volver a verla directamente a los ojos.

Es más, creo que ni sería capaz de verse a sí mismo a los ojos en el espejo porque estoy convencido de que la infidelidad a la pareja comienza con la infidelidad a uno mismo.

La infidelidad es, con seguridad, la mayor causa de separación de las parejas (casadas o no); y digo separación, no divorcio, porque, aunque usted no lo crea, hay quienes están dispuestos a tolerar la doble vida de su cónyuge a cambio de estabilidad económica y social. ¡Qué vidas tan tristes las suyas! Pero en fin, allá cada quien.

También, aunque usted no lo crea, hay quienes han sufrido la dura prueba -quizás en más de una ocasión- y con grandeza de alma se han perdonado, se han rehabilitado y, a pesar del dolor, han logrado salir adelante.

Podríamos dar un vistazo al tema desde dos perspectivas diferentes: una de ellas, un encuentro furtivo y casual, algo de una sola vez y, la otra, una relación más o menos estable con otra persona. ¿En cuál de los dos la infidelidad será más grave?

En el primer caso estamos hablando de algo que no trascendió, un mal momento con la pareja, unas copas de más, un momento de soledad, qué sé yo, todo lo físico, pero nada lo emocional.

En el segundo, estamos hablando de un vínculo emocional que no necesariamente ha pasado por lo físico.

El riesgo de lo primero es que, habiendo caído la primera vez, las demás llegarán solas, casi sin problemas -aunque no en todos los casos, hay que aclarar-.

En el segundo caso el riesgo es entrar en una espiral de la cual las posibilidades de salir se vuelven cada vez más remotas.

¿Cuál es más grave, entonces? ¿La primera? Pero ¡fue cosa de una vez! Total, “ojos que no ven, corazón que no siente”.

Entonces, ¿la segunda? ¡Pero si es como un amor platónico! Tenemos muy claros los límites, es más ¡ni nos hemos tocado! No con las manos, pero sí con el corazón.

No es una más grave que la otra. Ambas son infidelidades aunque cada una recibe un tratamiento diferente, en el supuesto caso de que se reconozca y se desee abandonar la condición.

Solo queda recordar que la fidelidad a mi pareja comienza con la fidelidad a mí mismo. No nos engañemos: cada uno sabe en su interior cuándo empieza a traicionar al otro.




Comentarios
No existen comentarios aún
Accesa o regístrate para poder comentar

Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 20.38
Venta 20.88
€uro
Compra 21.54
Venta 22.04

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad