Thursday 08 de December de 2016

¿Clase moderna?

Huberto Meléndez Martínez      6 Jan 2014 20:00:05

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Dedicado, respetuosamente, a los/as docentes de matemáticas.

Podría parecer una historia inverosímil, especialmente por el nivel educativo del que se trata este capítulo.

Los estudiantes creen que a todo profesor le interesan sus alumnos, que su estado de conocimiento sea mejor al paso de los días, producto de las clases y actividades de estudio. Y desde luego que en términos generales esto es cierto, pero existe un grupo de mentores, los cuales tal vez su atención está en otros asuntos en la vida, que perjudica la formación de las personas su cargo.

Era de por sí una materia relativa a las matemáticas con cierto grado de complejidad, pero aquel catedrático aplicaba un estilo docente que parecía rebuscado, según la percepción de los estudiantes.

En el transcurso del proceso de comprensión de los contenidos había que invertir arduas jornadas de estudio individual y finalmente los estudiantes se daban cuenta de que se trataba de un tema sencillo y hasta fácil de haberse explicado.

Con el tiempo los alumnos creyeron darse cuenta que a su maestro le molestaban sus caras impávidas e inmutables por la incomprensión de la cátedra, pero con el transcurrir del tiempo, interpretaron la intención de sólo ser parte de un grupo de personas con las cuales aquel profesor podía sentirse superior, reconocido o admirado. No había forma de concebir otros propósitos.

En ese grupo había un condiscípulo que ya había cursado materias con él y era el único que frecuentemente hacía una mueca de entendimiento de la exposición: con el movimiento afirmativo de su cabeza, con la emisión de alguna pregunta o del enunciamiento de algún ejemplo relativo al contenido.

Por lo tanto, la clase era para un solo alumno, el resto del grupo parecía no importarle al profesor.

Muchas veces los estudiantes notaron que en cuanto ese compañero aparecía por el salón, al maestro se le iluminaba su cara, pues al fin aparecía alguien que pudiera entender sus explicaciones.

Cuando por alguna causa ese alumno se demoraba en llegar, los minutos parecían angustiantemente largos e interminables. El aire parecía enrarecerse, el clima del salón era tenso, se esperaba que algo fortuito sucediera para animar la clase.

El tiempo es tirano y transcurre inexorablemente. El curso tuvo que concluir. Para colmo de males (se dice en lenguaje coloquial), el maestro tuvo la brillante idea de enlistar cinco temas que quedaron pendientes de abordar en el curso, decir a sus estudiantes que escogieran alguno para que lo prepararan en lo individual. Programó una fecha en la cual hicieran la exposición al resto del grupo. El dinamismo pareció hacer presencia en aquel ambiente escolar incómodo.

Los estudiantes hicieron esfuerzos considerables para prepararse. Trabajaron en equipo, indagaron en los libros de la biblioteca, consultaron con otros catedráticos y prepararon su exposición.

Fue un esfuerzo que no tuvo el reconocimiento de su maestro, porque nunca hizo acto de presencia en el salón de clases en las fechas que él mismo había programado. Se concretó a notificar las calificaciones a través de la secretaria de la escuela.

¿Por qué a algunos maestros actúan de manera tan irresponsable con su profesión?




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