Saturday 03 de December de 2016

La caótica traza urbana

Carlos López Gámez      31 Oct 2014 19:29:35

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La presidencia fue la primera edificación en el municipio y a partir de su construcción empezaron a trazarse las calles. (Cortesía)
La presidencia fue la primera edificación en el municipio y a partir de su construcción empezaron a trazarse las calles. (Cortesía)
En una ciudad como Fresnillo, que desde sus controversiales orígenes no tiene, porque no existe la llamada cédula real de fundación, mucho menos podía contar con una necesaria traza urbana o plano regulador. Conclusiones certeras de historiadores independientes han expuesto en infinidad de ocasiones que esta población no tiene certificados de origen porque siempre se le consideró como “lugar de paso” y por ser un centro minero sujeto a las aleatorias bonanzas de sus vetas.

Consultando apuntes y planos urbanos de distintas épocas, relativos al Fresnillo, nos arrojaron diversos, pero fundamentalmente elementos para hacer una breve descripción de la manera en que surgieron las primeras construcciones en este solar que conforme el tiempo avanzaba, fueron creando un verdadero laberinto de fincas sin ningún apego a normas que rigen el desarrollo urbano de cualquier asentamiento debidamente planificado.

Consecuentemente se han creado un verdadero y desesperante caos que a la fecha no ha tenido una atención más responsable que ninguna autoridad que se precie de serlo. Incluso, con su indiferencia y hasta protección provocan que el ancestral problema alcance parámetros más alarmantes y hasta peligrosos cuando se pretende la introducción de servicios públicos o intentos de mejorar la desesperante vialidad.

Para tener una idea más específica de lo que pretendemos abordar, el día de hoy recurrimos principalmente al irregular asentamiento humano que data de 1567. Un sencillo plano urbano, quizá una modesta descripción, nos ubica en torno a la Ciénega o manantial que da nombre a este paraje (Aguas del Fresnillo), en el cual se levantan las rústicas construcciones de madera, piedra y barro que levantaron los primeros mineros para iniciar la extracción, molienda y fundición de minerales del Cerro de Proaño.

La primera construcción formal aparecería hasta el año de 1568. El presidio o fuerte militar erigido al sur del manantial custodiado por soldados españoles y gran cantidad de indios para proteger a los primeros mineros establecidos en este sitio de las incursiones de los feroces guachichiles. A 400 varas al oriente se ubicarían los barrios indígenas (Barrio Alto-Santa Ana).

En 1585, al paraje se le llamaría “Minas del Fresnillo2. Ya existen más habitantes y funcionan seis haciendas de beneficio. Tanto el disperso caserío de mineros y comerciantes como las haciendas de molienda y fundición, se arremolinan en torno al manantial. Un censo de ese año indica que había 30 vecinos españoles. A partir de 1592 empiezan a surgir más construcciones siguiendo la existencia de otras predominantes, como por ejemplo la Hospitalidad de Nuestra Señora de La Purísima Concepción.

Entre los años 1616 y 1620, el caserío que se había formado como una gigantesca “O” alrededor de la Ciénega ocupaba más espacio, pero sin ninguna planeación. Los testimonios de la época para poder armar una versión hipotética de la expansión urbana, se encuentran en la relación de bautizos, matrimonios, defunciones en el siglo 17.

En este lapso, las fincas empiezan a diseminarse hacia el rumbo del templo de Santa Ana.


Otras referencias del desarrollo urbano se relacionan en 1691. Ya aparece el templo de La Purificación y en sus inmediaciones, casonas propiedad de cofradías y mineros; los hacendados al poniente de la plaza principal. Al construirse la casa Consistorial en 1761 la urbanización se adentra hacia ese rumbo.

Luego se expande hacia el sur con los Portales de Lazaola. En modesto plano de esa época se abunda en las calles de la Concepción, Santa Ana y del Tránsito (1707).

Otro de los testimonios consultados data de 1832, se observa de norte a sur. Destaca el camino del Real de Minas de San Demetrio al Real de Minas del Fresnillo. Enseguida aparece un caserío disperso, calles angostas y serpenteantes en torno a la Parroquia de La Purificación, sin llegar más allá de las ahora calles Álvaro Obregón, Belisario Domínguez, La Luz, Rosas Moreno, Morelos y García Salinas, por citar algunas colindancias.

Un siglo después, en 1932, la mancha urbana constituía una dispersa y compleja construcción de diversas viviendas que brotaban de manera desordenada, yo diría caprichosa, a puntos referentes a las ahora calles Luis Moya, Arteaga, 2 de Abril, Estrella, Morelos, Reforma, Codo, Lázaro Cárdenas, Potrero Azul, Barreno, Gómez Farías. Así se mantuvo por varios años, empezando a poblarse otros rumbos a partir de 1935.

De 1940 hasta 1964 el crecimiento urbano citadino se gestó en gran parte en lotes de los cuadros centrales de la población; por ejemplo, la construcción del Mercado Hidalgo que permitió la apertura de la calle Nueva (Reforma) como de otras.

Desde los 70 el desarrollo de propagó por todos rumbos, luego del trazo de los primeros libramientos. Una foto aérea de 2010 es un ejemplo de la deficiente traza urbana citadina.




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