Tuesday 06 de December de 2016

Mesones y vecindades

Carlos López Gámez      24 Oct 2014 19:29:44

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No pretendemos en lo absoluto una cronología precisa para narrar en este espacio los relatos surgidos de los propios habitantes que nos transportan a épocas no muy distantes a los mesones y vecindades de este solar minero. Abundaremos en discretas apreciaciones sobre el tema porque consideramos que fueron parte fundamental de la integración de los llamados injustamente grupos marginales o familias modestas.

Indiscutiblemente, a pesar de la forma de pensar de las llamadas clases altas, los mesones y vecindades en cualquier parte del país, son parte de la historia. En esos escondidos espacios, en los cuales imperaba el hacimiento y la desgarrante ausencia de los más indispensables servicios públicos, se aglutinaban familias completas adaptándose totalmente a lo que se disponía. Las historias son tema para analizar reflexionar.

Debemos de considerar que estos lugares fueron en su tiempo los centros de alojamiento de viajeros y trabajadores de las minas, como de más personas que se constituían como mano de obra en los oficios conocidos, entre ellos los más modestos. Pues bien… las personas que tenían sus paupérrimas viviendas en reducidos “cuartos redondos”, lograron lo que nadie se ocupaba: la integración de la familia, convivencia total, identidad plena, sin renegar de sus estatus social y la solidaridad a toda prueba. Los habitantes se convertían en los más fieles creyentes y leales a las tradiciones.

En un recorrido por las serpenteantes calles y callejones de Fresnillo, las personas de edad adulta, aún recuerdan con cierto dejo de nostalgia los mesones y vecindades; por ejemplo, el Mesón de Arrieta o San Rafael (pensión calle Morelos); Mesón de Caldera por la calle Ignacio Comonfort; Mesón de D. Simón Gallegos, por la calle La Luz (milagrosamente aún está de pie. La piqueta oficial no lo ha demolido); Mesón de Chávez frente a la escuela Evolución; Mesón del Tránsito (demolido para construir la escuela Evolución); Mesón La Purísima, por la calle América; Mesón de Guadalupe, entre las calles Plateros y La Luz y el Mesón de Ábrego, por el rumbo del templo del Sagrado Corazón de Jesús, entre otros. La mayoría han desaparecido, en otros se acondicionaron en su tiempo varias vecindades.

Por cierto, las vecindades superan en número a los mesones. Se propagaron con más intensidad después del movimiento revolucionario y cuando la empresa minera superó expectativas en materia de explotación del fundo que vino a traer como consecuencia la llegada de miles de personas de otras partes que tuvieron que alojarse en cuartuchos o bien en casonas antiguas se improvisaron los llamados cuartos redondos que eran parte medular de las vecindades.

De estos sencillos alojamientos podemos citar la llamada vecindad de la Alcaicería, la cual se localizaba en un solar entre las calles Duranguito y Maestranza (García Salinas oriente). Luego aparece la de Pánfilo Natera, en la calle del mismo nombre; enseguida la del Álamo; otra era la del señor Vicente Palacios por la calle Plateros (donde se encuentra el Santuario); la del Perico, por la calle La Luz, frente a la Ignacio Hierro, nombre que se le conocía porque tenía un perico a la entrada; otra más: Por la calle del Rosario (Aquiles Serdán), la del Barrio Alto, por la calle Barrón y calle Panteón; la del Potrero Azul; por la Sulfato.

De la Estrella de la familia Rincón, en la calle del mismo nombre (actualmente pensión de autos); en la calle Cruz Roja; de la Indita (escuela Beatriz González Ortega); en la plazuela de la Cruz Verde estaba la vecindad de don Benigno; otra por la calle Constitución; en la plazuela Cruz del Descanso y la de doña Chole, por la calle Santa Ana.

Continuando el recorrido por diferentes rumbos de la ciudad se nos informa de otras vecindades, entre ellas: La del Refugio por la calle Guadalupe-Ocampo (actual Luis Moya sur); la de San José, precisamente en el callejón de San José; por la calle Nueva Reforma al poniente que era la salida a Santa Cruz estaba otra vecindad; en la calle Morelos nos ubican otra más; en la Francisco Sarabia, antes calle de la Atarjea existía una más; por la García Salinas encontramos la vecindad de Rayas; por esta misma arteria la de Juanita Parga.

Para cerrar este breve capítulo, citamos las vecindades de la calle Analco, la del Ángel (jardín a La Madre); por la calle Tabasco la vecindad de don Mónico; en la calle Duranguito; en la plazuela Los Laureles existía otra; en pleno centro de la ciudad, en la acera poniente del Jardín Madero existía otra vecindad que en un tiempo fue propiedad del señor Matilde Vázquez. Por el callejón del Pípila encontramos otra, adaptada en lo que había sido una sala de matanza y tenería en el siglo 18.




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