Friday 09 de December de 2016

Evidencias documentadas

Carlos López Gámez      18 Jul 2014 20:20:08

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Los primeros asentamientos de la mina en Fresnillo se hicieron en 1566. (Cortesía)
Los primeros asentamientos de la mina en Fresnillo se hicieron en 1566. (Cortesía)
En los primeros años de la década de los 70 del siglo pasado, llegó a nuestras manos copias y transcripciones de antiquísimos documentos, de las que hemos considerado son evidencias debidamente documentadas que nos aportan una serie de mis referencias que precisan con mayor credibilidad como era el paraje donde actualmente está asentada la ciudad de Fresnillo y cómo fue el nacimiento del propio pueblo.

En las copias se reproducen textualmente los informes que por escrito enviarán al rey de España cinco residentes de las minas del Fresnillo. Llevan la fecha del 1 de enero de 1585. Corresponde a una descripción del lugar donde radican y a que se dedican. Integran en sus informes algunos datos de cómo se conocía el sitio antes de que ellos llegaran, hablaban de los orígenes de Fresnillo.

Firman con sus nombres: Pedro Gaytán, Alonso Tabullo, Juan de Huidobro, Francisco Ruiz y Pedro Medina. No tan solo hablan de las minas del Fresnillo, también de las minas de San Demetrio. De hecho, de toda la región. Incluyen desde hidrografía, orografía, clima, floro y fauna.

En los 80, adquirimos el libro donde aparecen las descripciones. Fue editado por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con el título: Relaciones geográficas del siglo 16: Nueva Galicia.

Para nosotros que siempre buscamos con interés y pasión todo aquello que nos hable de lo que han sido nuestras raíces y orígenes, el material proporcionado por el doctor Monte R. Kenaston nos permitió saber un poco más de nuestra comunidad y con gusto lo compartimos con usted, aunque sea breve.

En las transcripciones nos enteramos de la manera en que los peninsulares citaban por qué se le llamaba el paraje “aguas del Fresnillo”. Ubican con precisión la Ciénega en lo que hoy es el centro de la ciudad y en su entorno las rústicas construcciones destinadas a la molienda y funciones del mineral desprendido de las catas y fracturas del cerro de Proaño, que trasnportaban sobres sus espaldas cientos de indígenas.

Describen con detalle que la tierra de la región es fría y seca, “pero muy sana y de buen temperamento”.
Llueve muy poco, generalmente por San Juan de junio; deja de llover, por fin de septiembre, según la cita textual, luego escriben: “En octubre los recios fríos y heladas suelen helar los maizales”.

El capítulo relacionado con el clima se cierra cuando se agrega: “Hay mucho viento y recios, especialmente desde diciembre a finales de abril y corren del ponente vendavales muy recios”.
En sus escritos también hablan del Valle de Trujillo, “que es grande y fértil de aguas y yerbas”. Se refieren a dos ríos, el grande y el chico, seguramente es el Aguanaval.

Enseguida destacan que en ese valle hay “mucha cantidad de ganados vacunos, regadíos y labores de trigo y de maíz”.


Y, más adentro, hay otro valle que llama Valparaíso por ser fértil de aguas y pastos. Al referirse al ganado y a cultivos destacan que todo “lo han traído los españoles”.

Advierten que en esta región hay gente guachichila que bajaba de los montes cercanos para robar den los pueblos que se forman, asaltantes en los caminos y hacen muchísimo daño, muertes y robos, arruinando todo.

De las minas del Fresnillo, los vecinos comunican al soberano de España que el nombre que tienen de estas inas es porque llamase de esa manera por un árbol (fresno pequeño) que estaba por el camino que pasa a las minas de Zacatecos a las minas de San Martín.

Y, “antes de que se poblasen, los carreteros y pasajeros, pasaban por ese lugar por el agua de sus manantiales”. Le llamaban al pasaje “el agua del Fresnillo”.

Lo señalan con claridad que, “los primeros pobladores llegaron en el año de 1566”, ellos venían de San Demetrio, donde habían descubierto minas de plata, arribaron Alonso González de nacionalidad portuguesa; Jácome Shafín, de la Isla de Chipre y Pablo de Torres, castellano. Después lo hicieron Pedro Gaytán, Gaspar de Espinosa, Francisco de Ocampo y Gómez de Fletes. Su objetivo: “trabajar las minas del cerro de Proaño”.

A principios de 1567 en este lugar ya funcionaban “seis haciendas de sacar plata” y el censo registraba 30 vecinos. Suponemos, eran peninsulares y comerciantes. No mencionaban en lo absoluto los esclavos.

Insistimos al citar de nueva cuenta la existencia de la “Ciénega” en el centro de la población porque de sus escurrimientos se formaron los ojos de agua. Además, el agua era elemento indispensable para la molienda y fundición del mineral. El manto freático aún existe y de ello abundan las pruebas.

En estos documentos se abunda con mayor amplitud en más detalles de este paraje y de la región den el siglo 16. Con gusto estaremos compartiendo su contenido con usted.




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