Friday 09 de December de 2016

Dichas y desdichas de un músico

Carlos López Gámez      11 Apr 2014 20:40:06

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Como reportero del semanario Cuarto Poder, a mediados de los 60 del siglo pasado, conocí a Manuel Benítez Valle, músico sombreretense. El colaboraba con el modesto periodiquito con singulares crónicas de sus andanzas por los caminos de la vida. A los pocos años obtuve un pequeño librito donde narró sus vivencias de manera peculiar.

En sus andanzas narra su estadía en Fresnillo, además nos describe como se encontraba en aquellos aciagos días de la Revolución. Extractamos algunos párrafos: “Fresnillo que fue un rico mineral en este tiempo por causas revolucionarias, estaba en la más espantosa miseria. Vimos como gente de las clases menesterosas imploran la caridad pública sin conseguir ayuda y morían de hambre en la vía pública”.

Manuel Benítez también habla de sus orígenes y sus diversos empleos. Su pasión siempre fue la música y de ello, abunda generosamente de tal manera que nos lleva hasta aquellas comunidades donde se formaban grupos con filarmónicos locales para amenizar bailes o serenatas. Recuerda de igual manera quienes fueron sus maestros y compañeros de profesión.

Regresando una vez más a su presencia en Fresnillo, refiere que él era parte de una banda de música que recorrían varios poblados y de cómo se sostenían. Aquí permanecieron por dos meses después de una gira por Durango y Zacatecas. Describe que todos los integrantes de la banda de músicos fueron “alojados en el entonces abandonado Teatro Echeverría” (cita textual). Al ller lo anterior nada me parecía fuera de contexto, puesto que el teatro desde sus accidentados orígenes siempre se destinó para todo, menos para lo artístico y cultural (ha sido toda su historia).

Señala que se les daban provisiones cada tercer día, consistentes de carne de carnero que sacrificaban en el interior del mismo teatro. Además, harina, frijol y a veces maíz. Menciona también que con frecuencia un grupo de mujeres que se reunían frente al teatro les ofrecían sus servicios para cocinar y a cambio pedían que “lo que sobrara se les diera para comer, ya que no tenían nada”.

Los filarmónicos lavaban su ropa en el mesón colindante al teatro. De las audiencias estas se realizaban en el jardín principal los domingos con matinés y serenatas. Además, los jueves se dedicaban únicamente a las serenatas.

En otra parte de sus vivencias, los maestros Manuel Benítez Valle nos habla de Candelario Rivas, del cual cita que le conoció cuando era parte de la Banda de Música del Estado, luego de la Banda Municipal de Fresnillo. Señala que el gobernador del estado de Hidalgo le encomendó la organización de la banda, la cual integra con 50 elementos, los cuales vestían elegantes trajes de charro a los que se les conocía como Banda de Rurales de Pachuca.

Más adelante reseña que en 1990 la Banda de Rurales de Pachuca realizó una gira por Europa, donde recorrieron varias capitales del viejo continente. El maestro Rivas fue condecorado por la reina Victoria. Los innumerables reconocimientos y condecoraciones fueron donados al gobierno municipal de Fresnillo, los cuales se perderían en 1911 con el incendio de la Casa Consistorial.

Cuenta Benítez Valle una anécdota que le atribuye a Candelario Rivas y que desconocíamos totalmente. Ocurrió cuando el maestro Rivas era director de la Banda del estado y de una audición en un circo.

Resulta que ocurre un accidente al caer de la banda uno de los artistas que realizaba sus maniobras en un trapecio. El director de la pista pide disculpas al público por el percance al decir “que un artista había caído junto a un músico”.

Inmediatamente al escuchar la disculpa don Candelario Rivas, indignado, tomó la palabra y al dirigirse al público les expresó: “¡No, señores! Lo que pasó fue que un maromero fue a caer al lado de un artista”.

En otros párrafos del librito, el maestro Benítez Valle narra otro pasaje de su estadía en Fresnillo. Por ejemplo, uno de sus viajes a el Mineral a bordo del tren y de su arribo a la comunidad Estación San José, próxima a la cabecera municipal a unos 8 kilómetros. Asienta que abordaron el tranvía tirado por acémilas. Arribaron a El Mineral para tocar en un novenario contratados por un sacerdote. Agrega en sus referencias que en esa ocasión Fresnillo empezaba a recuperarse de la tremenda miseria por la que había pasado.

Por otra parte, relata otra de sus visitas a El Mineral, cuando fue contratado a formar parte de un quinteto de cuerdas organizado por el pianista Serafín Ramírez para actuar en el Teatro José González Echeverría en las funciones de cine. Regresó de inmediato a Zacatecas porque les pagaban dos pesos diarios trabajando de las 5 de la tarde a las 10 de la noche.




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