Thursday 08 de December de 2016

Gobierno de notables

J. Luis Medina Lizalde      27 Nov 2013 23:00:06

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Produce una gran irritación en la colectividad la información que revela que detrás de la manifiesta hostilidad de las autoridades municipales de Zacatecas en contra de artesanos y libreros está la exigencia del McDonald’s ubicado en lo que fuera la ferretería Al Ferrocarril.

Por voz de la líder de los libreros, Esther Cárdenas, supimos de la naturalidad con la que Carlos Peña somete un espacio público emblemático como es la franja peatonal del Portal de Rosales al ámbito privado de los que rentan los locales del inmueble con fines comerciales, especialmente a los franquicitarios de McDonald’s, quienes amagan con retirarse del lugar, consignando lo oneroso que les resulta el alquiler mensual de 60 mil pesos.

El episodio nos permite constatar que no hemos logrado trascender la atrasada idiosincracia pre-ciudadana donde los notables de un lugar detentan privilegios servilmente concedidos por autoridades que no se enteraron del significado universal de la Revolución Francesa.

Seguramente contribuye al malestar social el hecho de que los artesanos son utilizados en el discurso oficial como testimonio vivo de la preocupación por el desarrollo del régimen local y al meritorio papel que tienen los esforzados vendedores de libros en el desenvolvimiento cultural de la ciudad.

El pueblerino mundo de los notables ha sido magistralmente reflejado por el cine mexicano, en cuyas historias fílmicas frecuentemente vemos al presidente municipal regañado por el cacique al que le consulta todas sus decisiones trascendentes, lo que demuestra de paso que lo que pomposamente denominamos poderes fácticos tiene viejas raíces.

De rodillas, flojitos y cooperando
Cuando los gobernantes no traducen el principio de “Igualdad ante la ley” como automática derivación al de “Igualdad ante la autoridad” es cuando el ejercicio gubernamental se tuerce en provecho de “notables” y en perjuicio del resto, haciendo buena la caricaturización del principio igualitario expresado en aquello de que “todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros”.

Los notables no son los mismos en todas las épocas, la historia es rica en apellidos lustrosos durante un tiempo para después habitar entre los simples mortales. Las revistas del corazón registran con asombrosa puntualidad a los que son hasta que dejan de serlo.

Desde los encomenderos del siglo 16, los mineros del 17 y 18, los hacendados del 19 y los comerciantes de siempre han reforzado su simbólico relieve con la cercanía del alto prelado. Ocasiones hay que el destinatario privilegiado trato es impersonal para otorgarse a determinada entidad corporativa, el servilismo del que se beneficia Televisa es buen ejemplo.

La cultura que hace de la diferencia económica, religiosa, política, de género racial y social fuente de distinción es tan antigua que su erradicación total será tarea de muchas generaciones por venir, pero ya en estos tiempos una considerable franja de la sociedad repudia el culto al privilegio.

La ciudad de Zacatecas ha sido administrada bajo el sutil yugo de notables, el panteón de los ricos y los pobres fue referencia cotidiana hasta hace poco tiempo. La espontánea adscripción social de los notables a determinados templos está en espera de las observaciones del sociólogo, apenas ayer, cuando nació el fraccionamiento Bernárdez no valía lo mismo el dinero de todos ante la aritocrática reserva del derecho de admisión.

El sometimiento de la autoridad al señorío de los notables lo experimentan con rabia e impotencia los agentes de tránsito que no pueden lograr que las reglas sean válidas para todos, pero lo que pueda dar cuenta cabal de sometimiento extremo a la lógica de los “que las pueden” es la injustificable dotación de permisos para expendios de alcohol entregados a la compañía cervecera recientemente vendida a capital europeo.

Autoritarismo de débiles
En vez de entender al Estado como “sociedad organizada”, como lo propone Hans Kelsen, los gobiernos de notables hacen buena la acepción marxista-leninista según la cual el “Estado es instrumento al servicio de la clase dominante”, quién lo dijera.

El pueblerino servilismo de la autoridad municipal ante McDonald’s es de risa loca, echarle la culpa de la falta de ventas a las exposiciones de libros y artesanías ofende la inteligencia colectiva. Si tal es su nivel de entendimiento de la problemática económica, no entienden nada. Más bien, la decisión delata el tufo autoritario propio de los gobernantes débiles.

Si es verdad que los gobernantes son del tamaño de los problemas que se ocupan, no es tranquilizante constatar que en vez de acometer las graves exclusiones sociales, la inseguridad irrefrenada, las adicciones crecientes, la insuficiencia y la obsolescencia de los servicios públicos, los gobernantes consumen su tiempo y su capital político en infiernillos originados en su torpe actitud de seleccionar clasistamente las voces a escuchar.

Nos encontramos el lunes en El recreo.
 




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