Saturday 10 de December de 2016

Hacia dónde ir

Ricardo Gómez Moreno      28 Oct 2014 21:59:37

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Las dictaduras, muy particularmente las militares, que en décadas pasadas sufrieron países sudamericanos, dejaron, además de economías maltrechas, duras estelas de corrupción arraigadas en las alianzas de gobiernos, empresarios, medios de comunicación y banqueros.

Sin embargo, la fortaleza y voluntad popular cambiaron la situación y hoy vemos en Bolivia, Chile, Venezuela, Argentina, Uruguay, Ecuador y Brasil naciones donde economía, educación, salud y combate a la pobreza prosperan dentro de marcos delimitados por florecientes democracias.

Cuando los pueblos se levantan pacíficamente, su fuerza es inconmensurable. Por eso aquellas naciones ya tienen menos pobreza, la renta de sus recursos naturales se reparte socialmente, la educación se expande y se convierte en motor de desarrollo; la salud y la buena alimentación vuelven a ser bienes al alcance de la mayoría, y donde hay deficiencias, ahí está el Estado para promover el bienestar y procurar la justicia social.

Brasil es una de esas naciones. En 12 años se colocó entre las principales potencias económicas mundiales, conducida primero por Luiz Inácio Lula Da

Silva y después por Dilma Rousseff, quien el domingo pasado fue reelecta para otro periodo presidencial.
Dos mandatarios cuyos principales combates fueron contra la pobreza y la corrupción, y por la soberanía sobre minería, selvas e hidrocarburos.

La reciente elección no fue fácil para el Partido de los Trabajadores de la ganadora, porque se enfrentaron dos proyectos de gobierno opuestos: el de Dilma, que garantiza nacionalismo, avances sociales y desarrollo, y el neoliberal del derechista Aécio Neves, de Social Democracia Brasileña, que en el pasado provocó desempleo, salarios bajos y crecimiento de la pobreza.

El triunfo de la presidenta se basó en la continuación de la obra iniciada por Lula da Silva en 2003, que dio el esquinazo al neoliberalismo económico de sus antecesores y optó por un sano nacionalismo y reformas económicas para reducir la pobreza.

En 12 años de gobierno, ocho de Lula da Silva y cuatro de Dilma, se generaron más de 21 millones de puestos de trabajo, aumentó 71% el salario mínimo y 36 millones de brasileños salieron de la pobreza extrema.

Ser sede del Mundial de Futbol este año y de los Juegos Olímpicos en 2016, son otros logros de mandatarios que optaron por servir al pueblo, no a las oligarquías locales ni transnacionales, y decidieron combatir frontalmente a funcionarios gubernamentales y legisladores corruptos.

Liquidar a los malos gobernantes fue la más difícil tarea emprendida por las sociedades de aquellos países sudamericanos, pero la única para dejar atrás pobreza, saqueo y criminalidad. Hoy los mexicanos tenemos esa oportunidad. Todo dependerá de las acciones que contra la corrupción asuma el pueblo bajo la bandera que da Ayotzinapa; de los gobiernos no hay mucho que esperar.

Periodista




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