Friday 09 de December de 2016

¿Hacia dónde vamos?

J. Luis Medina Lizalde      26 Jan 2014 21:00:05

A- A A+

Compartir:
La rebelión social armada es una contundente realidad. Michoacán está en la vitrina mediática mundial, como lo pudo comprobar Peña Nieto en su reciente visita a Davos, Suiza.

Mientras tanto, en distinstas entidades de la República se registran acciones de autodefensa armada al margen del Estado que revelan que la crisis nacional ha entrado a una fase de profundización sin que se pueda anticipar su evolución probable.

En tan inédito contexto, resulta alarmante que en Zacatecas el regreso de la Marina se refiera en el discurso oficial como evidencia de una buena relación con la propia Marina y con Peña Nieto y no como una medida derivada de la imparable violencia.

Es como si el morador de una casa que se incendia le dice a sus amigos que la inmediata presencia de los bomberos es debido a su amistad con el presidente municipal y con el jefe de los apagafuegos.

Esa ausencia de sentido de la realidad que denota el autocomplaciente discurso en torno a la seguridad, reconocible en los tres niveles de gobierno, es signo contundente de lo rebasado del régimen.

Hay inocultada simpatía social por los grupos de autodefensa, si en lo militar no logran avances de consideración en la batalla de la opinión pública, registran una ventaja a estas alturas casi imposible de revertir.

Por eso urge desentrañar la naturaleza de la violencia social que aparece como la respuesta que el Estado no ha sabido dar al crimen organizado.


¿Crimen autorizado?
Por principio de cuentas, dejemos en claro que la rebelión armada de los civiles no es por la ausencia del Estado, sino por la complicidad entre los que lo representan y las bandas criminales, tal como lo denuncian las comunidades de Tierra Caliente, el obispo de Apatzingán y los voceros de los grupos de autodefensa.

También lo pone en evidencia el hecho de que los civiles armados identifiquen y recuperen bienes inmuebles urbanos y hectáreas aguacateras y los devuevan a sus dueños, cuando ni la Policía ni el Ejército hicieron algo al respecto, a pesar de que, como sucede en muchas partes del país, ha sido del dominio público quiénes y dónde viven los temibles delincuentes.

Un accidente aéreo puso en manos del gobierno al líder más conocido de las autodefensas, el médico José Manuel Mireles, quien fue atendido, resguardado y puesto en libertad.

Poco después trascendió que otro líder fue atendido de su quebrantada salud en similares condiciones, luego se informa que algunos desplazamientos de los grupos de autodefensa por la Tierra Caliente han sido acompañados por fuerzas federales.

¿Hay la pretensión de sumar a los grupos de autodefensa a la estrategia gubernamental como en Colombia? ¿Se trata de una acción inspirada en el reconocimiento implícito de incapacidad institucional de brindar seguridad a la región?

El gobierno mexicano tiene callo en eso de organizar grupos violentos a su servicio y al margen de la ley (la “brigada blanca”, los “halcones”, los provocadores parapetados tras la Policía Federal que produjeron disturbios el día que tomo posesión como presidente de la República, Enrique Peña Nieto).

El crimen organizado tuvo su origen en esa política que arrancó con la creación de la Dirección Federal de Seguridad en 1946 por Miguel Alemán, dependencia que aportó a los fundadores de los cárteles históricos del tráfico de estupefacientes, del secuestro, la extorsión y robo de autos, cuyo personaje emblemático, Miguel Nazar Haro, reportaba información al Gobierno de Estados Unidos tanto como a sus jefes mexicanos.

¿Se explica con eso el reiterado fracaso del régimen en lograr una policía confiable, impermeable a la cooptación?


Ciegos blandiendo garrotes
El gobierno se muestra rebasado, la pretensión de lograr el desarme voluntario de los civiles alzados ignora que esas comunidades tienen en sus fusiles la única garantía de no ser masacrados.

La realidad es dinámica y si hasta ahora las insurreciones civiles en curso se asemejan a los incendios que los campesinos utilizan para deshierbar sin perder nunca el control del fuego, los cada vez más numerosos infiernitos se pueden conectar entre sí dando lugar al incendio generalizado.

La parte afortunada del alzamiento civil reside en el formato colegiado de la conducción de la guerra contra el crimen organizado y el involucramiento de los pueblos alzados en la toma de decisiones. Tal es la diferencia de fondo con el paramilitarismo de tufo oficial que muchos temen.

Pero ¿si surgen otras legítimas reivindicaciones sociales, el gobierno cambiará su actitud semi permisiva por una represiva dada su orientación oligárquica? ¿Se mantendrá cohesionado si la situación se torna más desafiante? ¿y el factor gringo?

No hay respuestas fáciles, menos sin buscarlas.

Nos encontramos el jueves en El recreo.
 




Comentarios
No existen comentarios aún
Accesa o regístrate para poder comentar

Lo más leído
Cumple 25 años el Archivo Histórico de Zacatecas 
Deslumbra al público la Academia de Baile Karla Parga
La Guadalupana
Se presenta con éxito Dulce Amarga Navidad
Participan adultos mayores en la Feria de la Virgen 
Retrocracia
Al tiempo
La Joya está lista para los XV años de Rubí y sus invitados
Mancera: vetaré nuevo impuesto; Ley de Vivienda de la CDMX
Sale el primer trailer de Spider-Man: Homecoming
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 20.38
Venta 20.88
€uro
Compra 21.65
Venta 22.15

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad