Thursday 08 de December de 2016
» Son 33 niños y jóvenes los que atienden 

Hermanas que son mamás

Marcela Espino      9 May 2014 21:30:06

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La hermana María Cristina se siente satisfecha al ser parte de la formación de los niños. (Marcela Espino)
La hermana María Cristina se siente satisfecha al ser parte de la formación de los niños. (Marcela Espino)
La figura materna es la más preciada en la vida de un ser humano, pero no todas las mujeres nacieron para engendrar.

A pesar de ello, el instinto materno está presente en las integrantes de la congregación de Misioneras de la Misericordia del Sagrado Corazón de Jesús.

Desde hace seis años, trabajan en la Villa Infantil del Sagrado Corazón de Jesús, que actualmente alberga a 33 niños que fueron alejados de sus padres por diferentes situaciones.

En su caso, la hermana María Cristina no se imaginó cosechar el amor de tantos niños que la llaman "mamá".

La mayoría de los pequeños que llegan a resguardo de la villa tienen problemas con sus padres por maltrato y abuso; el DIF municipal resolvió turnarlos bajo la custodia de la agrupación religiosa.

“La verdad, sí es una labor complicada, son niños que tienen que ser apartados de sus padres porque no les procuran bienestar, aunque parezca una situación que no deba ocurrir”, relató.

A pesar de que los menores presentan mucho daño emocional y tal vez no se recuperen del todo, ellos adoptan el cariño y la atención que las religiosas les profesan cada día.

La hermana Cristina, como es conocida, inició su servicio hace 10 años, es originaria de Veracruz y jamás se imaginó llegar a Fresnillo.

La congregación atiende casa de asistencias para niños y adultos mayores y, aunque pensó alguna vez en apoyar a los pequeños, no esperaba que ellos le retribuyeran sus acciones con respeto y sobre todo, mucho amor.

La villa tiene en custodia a niños cuyas edades van de los 3 a los 17 años de edad. Algunas jovencitas que comenzaron su camino para olvidar los malos tratos junto con la institución ya buscan ser profesionistas y, pese a que no viven dentro del grupo, no pierden el contacto con las religiosas.

“Definitivamente, ellos (los menores) se ven como hermanos, hacen travesuras, se pelean, se tratan como debería ser una familia, ya somos una familia”, expresó.

De acuerdo con los lineamientos de la agrupación, las hermanas pueden tomar un descanso de sus labores cada dos años para ver a sus padres y visitar sus lugares de origen, pero no siempre es posible, pues esta familia no descansa.

Como una tradición que surgió espontáneamente, para cada 10 de mayo los niños de la villa preparan un pequeño festival dedicado a quienes no los concibieron, pero que no dudan en cuidarlos si están enfermos, darles de comer y velar por que sean adultos de provecho.

“Los que saben guitarra y cantan, tempranito Las Mañanitas; las niñas que ya están más grandes preparan la comida y ellos nos regalan un ratito de descanso para festejarnos”, dijo.

Todos los pequeños merecen su atención, acuden a cinco primarias diferentes, jardín de niños, guardería, secundaria y preparatoria; también hay dos alumnos de la escuela de educación especial Gabriela Brimmer y una pequeña con parálisis cerebral que asiste a la Apac.

La hermana Cristina lamentó que no todos los fresnillenses se dan cuenta de la existencia de la villa, que está bajo la dirección de la madre María Hilaria Montisci Melis.




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