Sunday 04 de December de 2016

Mi delito... no actuar 

Ivonne Nava García      4 Jan 2014 19:10:05

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En el año 2010, en una comunidad del sureste del estado, una madre de familia sale a buscar a su hija que había salido con una amiga a ver un partido de beisbol.

Encuentra a ambas menores en el patio de una casa abandonada. Las observa sentadas entre cuatro sujetos. Su hija le hace una seña de que se retire. La madre va a buscar ayuda. Sin embargo, al regresar ya no encuentran a las adolescentes.

La búsqueda
“Ese día mi hija me pidió permiso para ir a ver a unos muchachos a un partido de beisbol en uno de los lotes que están cerca de la casa. Eran como las 8 de la noche, le dije que nada más un ratito. Pasó como media hora y me fui a asomar. No las vi y fui a la casa de la mamá de la amiga de mi hija.

“Me dijo que no estaban y me regresé a buscarlas. Me asomé por un barandal que tiene la casa sola y ahí estaban sentadas. También estaban cuatro hombres, uno de cada lado de las niñas y otro parado en una esquina. Mi hija, asustada, me hizo la seña de que me fuera.

“Yo me fijé que las tenían amenazadas como con armas. Me asusté mucho y me fui para la casa a hablarles a mis suegros. Y es que para ese tiempo llegaba mucha gente desconocida al rancho. Regresamos, pero ya no estaban. Les avisamos a los vecinos del rancho y entre muchos las buscamos.

“Pasaron como dos horas y en eso las vimos. Venían llorando, corriendo solas y dijeron que se las llevaron unos viejos al monte. Que llegaron hasta otro rancho y de ahí a un cuartillo por las orillas y las violaron. Las llevamos con la doctora a que las revisaran.

“Para esto la policía también las andaba buscando y cuando estábamos con la doctora llegó una patrulla y dijo que ya habían agarrado a uno. Andaba en una camioneta sospechosa, ya que un foco le prendía y otro estaba apagado y traía un trapo como en el vidrio. Después nos dijeron que ya habían agarrado a los otros.

“Cuando vi a esos malditos con las niñas yo me fijé que tenían como armas en las manos, yo digo que eran navajas. Y sí, porque mi hija llegó con una cortada en la mano”.

¿Qué sucedió?
“Eran como las 8 o 9 y estábamos mi amiga y yo en una casa con barandal que da para un lote donde juegan beisbol. Empezamos a sentir que nos aventaban piedras. Nos asomamos y vimos a unos hombres que traían pasamontañas y ropa normal, como la que usan para el trabajo del campo.

“En eso saltó a donde estábamos uno de los hombres que traía un cuchillo o algo como para cortar rastrojo, después saltaron otros tres hombres. A mí me agarraron tres y a mi amiga uno. Nos empezaron a decir cosas muy feas. Yo les decía que me soltaran y me estaba tironeando de con ellos para que me soltaran.

“Cuando estaba soltándome de uno de ellos, me cortaron. Yo les decía que nos dejaran en paz. Me dijeron que si íbamos a una fiesta a bailar, que nos querían ver bailar. En eso me fijé que mi mamá se acercó asomándose por un lado del barandal. Me asusté mucho y le dije a mi mamá que se fuera porque me dio miedo de que la fueran a matar porque también traían pistolas grandes negras.

“Teníamos mucho miedo y mi amiga estaba llorando. Los hombres nos decían que no dijéramos nada que porque si no, nos iban a matar, que nada más querían que bailáramos para ellos. Por como olían, andaban borrachos, pero no se les notaba mucho. Nos llevaron caminando hasta otro ranchillo que no está muy lejos de ahí, pero donde no vive gente. Nos metieron a un cuartillo”.

Terrible vivencia
“Cuando estábamos ahí nos decían muchas cosas feas y nos decían que a nosotras nos gustaban. Uno de los hombres me dijo que me quitara la chamarra y la blusa. Yo no lo quería hacer y me puse a llorar. Me obligaron, me quitaron mi ropa y me decían que si no bailaba me iban a matar.


“Luego se me acercó uno y me violó y yo solo lloraba diciendo que me quería ir. Pero ellos decían muchas groserías y me gritaban insultos muy feos. Yo les decía que estaba triste, que quería irme con mi mamá. Ellos se burlaban y decían que también trajéramos a mi mamá para hacerle lo mismo. Y yo no quería y me quedaba callada.

“Uno me agarró las manos y el otro me violó. Me ponían contra la pared y yo no podía defenderme. Las armas no las usaron, solamente las tenían cerca, a un lado. A mi amiga también le hicieron lo mismo. Pero a ella los otros dos hombres. Cuando terminaron, nos dejaron ahí un ratillo y ellos estaban diciendo que si nos mataban o qué.

“Cuando nos soltaron nos dijeron ‘si dicen algo, mañana temprano vamos a ir a matar a su mamá y a toda la familia la vamos a dejar colgada de un huizache’. Les dijimos que no diríamos nada. Nos fuimos caminando para nuestra casa. En el camino nos encontramos a nuestros padres. Más o menos los pude ver porque no se quitaron el pasamontañas, pero sí se reconocen de la nariz y a uno se le veía la barba y los ojos”.

Nadie las escuchó
“Teníamos mucho miedo. Mi amiga incluso le gritaba a su papá, pero yo creo que no la escucharon porque había música. Mientras caminábamos por la brecha, ellos iban tumbando nopales para pasar y nos brincaban. Nos decían muchas maldiciones. Ellos querían que bailara en una silla. Y me pusieron una silla. Me decían que me moviera más y que me fuera quitando la ropa, pero yo no quería.

“Me amenazaron con una pistola y me puse a bailar y me decían que me agachara y uno me pegaba. A mí también me violaron dos hombres. Mientras uno lo hacía, el otro me apretaba de las manos y veía. Les pedía que no lo hicieran, pero me decían muchas cosas muy feas.

“Yo creo que nos querían matar, pero les dije que íbamos a decir que andábamos comprando hamburguesas. Yo tengo mucha vergüenza porque me preguntaron de todo lo que pasó. Les tuve que decir todo, cómo fue, por dónde y todo. Me revisaron de mis partes, me tomaron fotos de mis partes íntimas para poder meter a la cárcel
a los que nos hicieron esto.

“Ellos decían que nosotras éramos prostitutas, o sea, de las viejas que les pagan para hacer eso. Cuando agarraron a uno, él le dijo a la mamá de mi amiga que nosotras habíamos querido y que les habíamos cobrado. Los policías ya los iban a soltar por eso”.

Victimización secundaria
La víctima secundaria nace fundamentalmente de la necesaria intersección entre una persona y el complejo aparato jurídico-penal del Estado. Por lo tanto, la victimización secundaria se considera aún más negativa que la primaria porque el sistema victimiza a quien se dirige a él pidiendo justicia y porque afecta al prestigio del propio sistema. (http://www.nunezdearco.com/victimologia.htm).

La victimización secundaria se conceptualiza como el proceso derivado del “maltrato” al que es sometido la víctima por parte del sistema judicial. Se produce por la potenciación del impacto del crimen original a consecuencia de la acción de la procuración e impartición de justicia.

Está constituido por el daño que experimenta la víctima de un delito como consecuencia de su interacción con el sistema judicial (policías, Ministerio Público, peritos, jueces, abogados, etc.).

Desgraciadamente la víctima debe ser sometida a todo un proceso judicial para lograr que su agresor sea castigado. Sin embargo, cada vez se logran métodos menos agresivos para la intervención y tratamiento de las víctimas, en especial cuando estas son vulnerables.




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