Monday 05 de December de 2016

Mi delito... confiar en él 

Ivonne Nava García      9 Aug 2014 19:30:01

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A veces la ignorancia de las leyes por parte de la gente del campo los lleva a perder sus tierras o cosechas. Cuando personas malintencionadas aprovechan estas circunstancias, desgraciadamente, en ocasiones terminan de manera trágica.

Primera historia
Al norte del estado, dos familias que viven en el campo tienen grandes conflictos por unas tierras.

Acusados por un supuesto robo, el padre (finado) y dos de sus hijos no ven la manera de que este problema termine. Ellos solo buscaban la manera de sacar de su propiedad a alguien que se aprovechó de su buena voluntad.

Se la prestamos
“Desde hace 10 años o poco más este hombre siembra esas tierras. Las tiene porque mi esposo, que en paz descanse, se las prestó en renta para la labor. Cada año levanta cosecha, a veces de avena o sorgo y luego le mete maíz y frijol. No nos da nada de dinero de la renta.

“Nosotros empezamos a pedírselas desde que mi esposo estaba en vida, pero este hombre se niega a entregarlas. Ahora dice que son de él, pero no tiene ningún papel que diga que son de él porque son de nosotros. Son puras dificultades.

“Primero nos decía que otro año y que este era el último año y luego se fue apropiando de ellas. Llegó a amenazarnos, nos decía que si nos seguíamos metiendo con él y sus tierras, iba a acabar con la familia”.

La herencia
“Esas tierras se las dejó mi suegro a mi finado esposo. Así se han ido pasando en la familia. Este hombre dice que mi suegro, antes de morir, se las vendió. Pero no es así, se las dejó a mi esposo.

“Yo estaba presente cuando este hombre fue a pedirlas para renta y mi esposo le dijo que sí, que a cambio de la décima parte de la cosecha. Nunca nos ha dado nada. Eso es el sustento para mis hijos y para mis nietos. Es lo que mi suegro y los abuelos de mi esposo dejaron para nosotros”.

Los conflictos
“Estábamos cansados del cinismo de este hombre. Cada año era lo mismo. Levantaba la cosecha y no nos daba nada, le pedíamos las tierras y decía que eran de él, que le hiciéramos como quisiéramos, pero que de ahí nadie lo sacaba. De un año para el otro nos adelantábamos para ir a voltear la tierra.

“Pagábamos para eso. Un año hasta le metimos la semilla y este hombre volteó la tierra y metió sus semillas. Eso dijo, pero recogió la cosecha de frijol flor de junio. Qué casualidad que era el suyo del mismo que le habíamos metido nosotros. De ahí se vinieron todos los problemas que ahorita tenemos.

“Resulta que mi marido le dijo que se salía por las buenas porque ya estaba bueno que nos estuviera robando. Como él tiene familia de delegado en el rancho, le dijeron que él tenía en posesión las tierras y que le pertenecían. Eso ya fue mucho, se decidió que si volvía a sembrar, iríamos por la cosecha porque son nuestras tierras”.

Congestión alcohólica
“Este hombre y mi marido llevaban más o menos amistad. Los hombres del rancho se juntaban a tomar y jugar a la baraja. Ese día yo no sé lo que pasaría. Me dijeron que habían estado jugando y que de un momento a otro mi marido y este hombre se habían hecho de palabras.

“No pasó a más, pero mi marido se empezó como a ahogar y que le agarraba la tos muy fuerte y que no podía respirar y que ya cuando acordaron le salía espuma por la boca. Ya me lo entregaron muerto. Unos me dijeron que le había dado una congestión y luego que una bronco aspiración.

“Una no puede decir nada porque no sabe, pero yo pienso que lo envenenaron. Nos afectó mucho que se hubiera muerto mi viejo”.

Orden de aprehensión
“Poco antes de eso, dos de mis hijos y mi difundo esposo fueron a la labor porque estaba levantando cosecha este hombre. Fueron para decirle que ya se saliera y a agarrar la parte del trato. Inmediatamente les puso denuncia por robo y por más delitos. Me los metieron a la cárcel.

“Vinieron los policías y dijeron que los tenían que presentar nada más para declarar de un asunto y ahí mismo me los dejaron presos como matones. Tuvimos que pagar 70 mil pesos que anduvimos consiguiendo con toda la familia. Ahora me cobran y ni cómo pagarles.

“Me tienen mal, sin poder sembrar las tierras. Un hijo que no trabaja porque está mal de su cabeza y con todo eso los saco adelante a todos”.

Que ya termine
“No vemos la hora de arreglar las cosas, este hombre no tiene papeles de las tierras. Como tiene familiares con influencias, dice que no le vamos a ganar. Encima de que no tenemos nuestras tierras para sembrarlas, estas vueltas para Río Grande a que firmen mis hijos nos acaban nuestro dinero.

“También hemos tenido muchos problemas con las gentes de ese hombre. Aquí ya los conocemos cómo son de problemáticos. Tienen muchos problemas con la gente por lo mismo. Pero de todas maneras sentimos que no nos apoyan.

“Ya nos habían dicho que lo demandáramos, pero uno por no perjudicarlo. Pero él no se tentó el corazón. Somos gente de trabajo, nada queremos, solo recuperar las tierras para seguir en la labor y olvidarnos de esto malo”.

Otra historia
“Tenemos la propiedad desde hace mucho tiempo. Por ahí dejábamos que pasaran a pastar unas vacas de mi vecino y entre los dos le mandamos a poner el alambrado para que las vacas no se comieran los árboles de duraznos.

“Todo empezó porque mi vecino se fue para el otro lado y dejó encargado del rancho a su hermano, que es muy tomador. Empezó a dejar ir a las vacas solas. Se atenía a que regresaban en la tarde. Cuando empieza a retoñar el durazno teníamos el problema de que el ganado se paraba a comerlo.

“Hablé con mi vecino para que subiéramos más el alambre de púas. Estábamos bien comunicados porque él tenía que pasar para el agua y no le convenía que no llegáramos a un acuerdo.

“Como al año de que se fue, el alambrado empezó a ceder, por lo que hablé con el hermano para decirle que tenía que arreglarlo. Me dijo que su hermano no había mandado dinero del otro lado y que en cuanto lo mandara lo iba a arreglar. Pasó un año”.

Cosecha perdida
“Al año siguiente se venció completamente el alambrado y los animales no perdonan, pues qué van a saber. A ellos les da hambre y simplemente comen. Se empezaron a tragar los retoños del durazno. Fácil se tragaron la mitad de lo que había.

“Cuando le dijimos a mi vecino que tenía que arreglar el alambrado del potrero, nos dijo lo mismo del año pasado, que no habían mandado dinero. Le dije que no dejara pasar el ganado por ahí y que le rodeara por fuera del potrero. No acató y las mandó por dentro, pero las mandó solas.

“A nosotros nos ampara la ley agraria, agarramos unas camionetas, arreamos al ganado para llevarlo a unos corrales hasta que no reparara la cerca de alambre o ya no iban a pasar por ahí. También le dije que quería que me pagaran la pérdida de la cosecha, que sería como de 300 mil pesos”.

Pagó a balazos
“No nos pagó nada, le dije que hablaría directamente con su hermano y fue ahí donde ya no le gustó. Su hermano me dijo que él había mandado el dinero desde el año pasado. Luego le dije lo de las pérdidas y me dijo que de eso se tendría que hacer cargo su hermano.

“En la noche llegó borracho a reclamar que dónde estaban sus vacas y sus becerros. Le dije que en un corral. Se puso muy mal, quería pelear a golpes y mis hijos salieron a discutir y calmarlo. Nunca nos fijamos que venía armado. Sacó la pistola y uno de mis hijos lo empujó porque tenía apuntado a mi otro hijo.

“Fue muy rápido. Cuando acordamos, ya había caído mi hijo. No lo mató. El balazo le dio en la pierna derecha. Lo tuvieron que operar y ponerle una placa en el hueso largo de la pierna (fémur), me lo dejó renco de por vida. No nos pagaron la pérdida de la cosecha y nada más perdimos las amistades porque sí le metí a la cárcel a su hermano”.




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