Sunday 04 de December de 2016

Mi delito... denunciar a mi hijo 

Ivonne Nava García      30 Aug 2014 21:30:04

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Una madre de familia se ve en una situación muy compleja al tener que denunciar a su hijo por un delito en contra de su hermana.

Sin embargo, cuando medita sobre la situación, opta por enviar a su hijo a Estados Unidos un tiempo para evitar que vuelva a hacer daño a su hermana y que él vaya a la cárcel.

Capacidades diferentes
“Me tocó la desgracia de que mis tres hijos tuvieran retraso mental en diferentes niveles. El más grande es el menos afectado. Él me ayudaba en todo lo del rancho desde chiquillo. Él no pudo con la escuela, lo mandamos a la primaria porque al kínder no fue, pero desde el principio nos fijamos que se retrasaba mucho en todo.

“Nada más aprendió a escribir su nombre. No pudo aprender a leer. De ahí mejor lo puse a que me ayudara a cuidar a las gallinas. Eso lo hacía bien. Recogía los huevos y les echaba la pollinaza. Cuando cumplió 8 años nació su hermana y a los dos años nació su otra hermana.

“De las dos niñas me dijeron que venían malitas, que también le iban a batallar para la escuela. Me dijeron que era un mal de la familia y que mejor ya no tuviera hijos”.

La dejó
“Cuando me dijeron eso en el centro de salud, mi marido se fue a Estados Unidos; dijo que él no se iba a hacer cargo de nada de esos problemas. Mi hijo ya tenía para ese entonces 11 años. Lo dejé al cuidado de los animales. Se iba al monte para llevarlos a pastar y los arreaba para los corrales.

“Cuidaba como 40 chivas y dos vacas. Le daba trabajo a unos peones para que me ayudaran para sembrar el frijol y luego para levantarlo. Así más o menos sacaba adelante las cosas de cuando este hombre me dejó”.

La adolescencia
“Mis hijas tenían muchos problemas. La más grande no podía hablar y la más chica no aprendía a caminar ni a ir al baño. El muchacho ya estaba más grandecillo, andaba como en 14 años. Muchas veces lo llegué a sorprender que se andaba agarre y agarre ‘el de los hombres’.

“Yo le pegaba de manazos, pero él no hacía caso. Cuando recordaba, ya andaba otra vez con la mano ahí. En el rancho no tenía amigos ni jugaba a nada más que con las piedras. Cuando llegaba del monte eran pasadas las 6 y de ahí se metía a la casa”.

Creyó en mentiras
“Él sí hablaba casi todo. A veces le batallaba para decir algunas cosas y otras las decía mochas, pero yo sí le entendía bien. Un día me llegó diciendo que en el monte había visto a unos vaqueros que andaban haciendo cosas con unas muchachas, que él había visto que se quitaban la ropa y se les arrimaban.

“Me decía que él quería hacer eso. Le dije que eso eran puras cochinadas, que no las iba a hacer él. Yo creí que me estaba echando mentiras. Para eso ya andaba como en 16 años. Estaba altillo y flaco. Le empezó a agarrar mucho coraje para todo. Se volvió muy grosero y me gritaba para todo.

“A sus hermanas las trataba muy mal. No las quería, les decía de cosas feas y las aventaba. A la más chica le gritaba mucho para que se callara cuando lloraba.

“A la más grande se la pasaba aventándola para que se quitara de con él. De eso la niña de en medio le empezó a tener miedo. Yo pensé que era por cómo la trataba”.

La sorpresa
“Ese día que lo caché, yo había salido a llevar un jocoque a la vecina. No me entretuve mucho. Cuando regresé, no vi a la niña que la había dejado jugando en su triciclo en el patio.

“Le empecé a hablar y no la escuché. Me puse a buscarla por todos lados. Me asomé en el corral y vi a mi hijo encima de ella.

“Le grité y se paró todo asustado, se fue corriendo mientras yo levantaba a la niña del suelo. Me sentía impotente. Quería correr para alcanzarlo y pegarle. Mejor agarré a las niñas y me fui al rancho para llevarla al centro de salud”.

Fue lastimada
“El doctor me dijo que sí me la había lastimado, que se veía que no era la primera vez. Le dije que me revisara a la otra niña, no tenía nada. Me dijo que lo tenía que denunciar porque de otra manera lo podía seguir haciendo.

“No sabía qué hacer, pues es mi hijo y cómo lo iba a meter a la cárcel, pero también es mi hija y no me la podía estar lastimando y eso que ya le había hecho es muy malo”.

Lo denunció
“Me fui a Tlaltenango a poner la denuncia. Es algo muy feo, prefería que me hubieran matado. Todo dejó de tener sentido. Revisaron a la niña otra vez.

“Me dijeron que si me la había violado. Yo sabía que lo iban a meter a la cárcel, pero todavía era menor de edad. Me regresé para el rancho.

“Yo no sé si hice mal, pero no pude soportar que yo fuera a meter a mi hijo a la cárcel. Al principio, cuando me preguntaron los licenciados, yo le dije que sí. Pero cuando ya iba en el camino, no me imaginaba yo acusando a mi hijo para meterlo a la cárcel.

“No podía dejar de llorar y luego veía a mi hija. Se me ocurrió que mejor lo iba a mandar para el otro lado con mis hermanos. Cuando llegué a la casa, así le hice. Lo escondí unos días y luego lo mandé con otros parientes que iban para allá”.

Anda prófugo
“Lo andaban buscando los policías. Yo les decía que no sabía dónde estaba. Seguí con mi vida y cuidando más a las niñas. Yo no podía con todo, porque el muchacho era el que se encargaba de los animales y de ahí es de donde vivíamos.

“Se me vino para abajo eso porque yo no podía cuidar todo. Me puse a lavar ajeno y a ayudar en donde me dejaban llevar a mis hijas. Así me estuve tres años. Yo lo que quería era que ya se terminara todo. Ya no se podía quitar la denuncia y lo estaban esperando.

“Después de casi cuatro años regresó. Luego luego lo agarró la policía. Me sentía mejor porque ya no iba a tener esos problemas. Sí lo juzgaron y le dieron cinco años.

“No tenía retraso mental, nada más era porque no había ido a la escuela y no sabe muchas cosas. Él dijo que sí le había hecho cosas. Que cambie para que todo vuelva a la tranquilidad”.

La violación
La violación es una interacción sexual forzada y no deseada. Con respecto al abuso sexual entre hermanos, esto incluye cualquier tipo de comunión sexual forzada entre hermanos de sangre, adoptivos o medios hermanos.

El hecho sucede cuando uno de los hermanos demuestra el poder y control que pretende tener sobre otro hermano, usualmente más joven. Las señales físicas de la violación son moretones o sangrado en las zonas íntimas del cuerpo.

Estas lesiones pueden incluir enrojecimiento, dolor, sangrado o hematomas y generalmente están acompañadas por la incapacidad de caminar o sentarse de forma adecuada. Otro signo de abuso sexual derivado del contacto genital puede incluir el contagio de enfermedades de transmisión sexual o de infecciones recurrentes.

Los signos emocionales de abuso sexual son un poco más difíciles de definir, pero un niño experimentará cambios emocionales extremos a causa del abuso. Las emociones del niño pueden tornarse significativamente negativas en relación a la propia imagen.

Puede volverse retraído, deprimido o autodestructivo y puede desarrollar temores aparentemente irracionales y desconfiar de los demás, debido a la cercanía del abusador con la víctima.

Esta incapacidad de expresarse en forma extrovertida y con comodidad, sumada a la vergüenza aparejada con el estigma de haber sido abusado sexualmente como varón, con frecuencia conduce al desarrollo de una baja autoestima en la víctima.




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