Saturday 10 de December de 2016

Mi delito... ser su novio

Ivonne Nava García      17 May 2014 21:30:05

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Un joven es navajeado por un sujeto al cual apenas conoce. Estando en compañía de sus amigos, llega a una tienda y ahí es sorprendido por unos sujetos. El motivo no tiene que ver con él, sino con su novia. El joven resulta herido de gravedad y su vida corre grave riesgo.

Los hechos
“Ese día andaba dando la vuelta con mis amigos, así normal. Era sábado y estaba haciendo mucho calor. Entonces mi amigo dijo que si nos echábamos unas tostadas y que fuéramos por unas cervezas.

Eran como las 4 de la tarde. Íbamos en una camioneta de color rojo con blanco pick-up. Íbamos tres amigos en la cabina y yo.

“En eso llegamos a una tienda. Mi amigo el que andaba manejando ya traía unas cubas encima. Nos dijo que nos bajáramos a la tienda por las cervezas. Él saludó a unos compas que estaban en la esquina de esa tienda y se bajó para con ellos y se quedó a darles una cuba a sus amigos. Yo no los conozco, son más grandes que yo y nunca los había visto.

“En esas estábamos cuando pasaron dos chavos que son de por la estación y yo no conozco sus nombres. Sí los he visto y sé sus apodos, que le dicen a uno El Negro y al otro El Manchao. Pasaron para arriba, pero cuando de nuevo volvieron a pasar, El Manchao nos la empezó a rayar. En eso El Manchao les gritó a los de la esquina y se dejaron venir corriendo y les decía ‘aquí esta él güey. Vamos a matarlo’.

“Nos echamos a correr porque eran cuatro. Yo no sabía ni qué estaba pasando ni por qué era el pleito, sino que iba corriendo y me alcanzaron, me tumbaron y me agarraron a patadas. Me agarraron entre otros tres y El Manchao me picó en las costillas del lado izquierdo. Fue él, recuerdo que traía una navaja color negro.

“Uno de los que me agarró es hermano del que me encajó la navaja, pero me tenían bien sujeto. Mis amigos como se fueron corriendo para otros lados no vieron. Solo cuando se regresaron ya me encontraron. Cuando me picó, me iba a seguir encajando la navaja, pero yo me pude zafar y me fui corriendo. Me dolía mucho y sentía que se me mojaba la camisa de sangre porque sentía caliente. Me metí a una tienda y me desmayé”.

Un testigo
“Fuimos a comprar unos refrescos y al ir entrando en la tienda llegaron en bicicletas como seis morros. A mí me dijeron que les echara al Rivas, pero yo les dije que no les echaría nada y fue cuando uno de ellos se sacó una navaja de la bolsa delantera del pantalón. Me quiso tirar un piquete. No me lo encajó, pero me tiró a dar por el cuello.

“Decía que ya traían al Rivas y decían que lo iban a enfierrar. Se retiraron un poco de la tienda y como dejaron una bicicleta tirada, se regresaron por ella. Uno de los que ahí andaban me dio un golpe en la cabeza por detrás y se fueron corriendo. Andaban provocando, pero son morros, cómo me pongo con ellos, yo ya tengo familia.

“En eso corrieron detrás de mis otros compas y alcanzaron al Rivas y entre dos lo agarraron. Yo corrí para quitárselos, pero no alcancé porque El Manchao lo picó con la navaja. No sé cuántos piquetes le haya dado y ya que hicieron eso, se fueron rápido del lugar. Mi amigo se les zafó y se fue para la tienda.

“De ahí le llamamos a la preventiva y a la Cruz Roja porque estaba aventando mucha sangre de abajo del brazo. Se desmayó, pero pensábamos que lo habían matado. Yo le detuve la sangre con mi playera para que no se desangrara y en eso ya llegó la ambulancia por él”.

El motivo
“Mi carnal andaba con una morrilla que le dicen La Sensi, pero resultó que esa morrilla se había metido con El Manchao. No sabíamos nada de eso. Sino que después de que picaron a mi carnal nos enteramos que ya tenía rato buscándolo para partirle la cara, que según porque mi carnal no le iba a dar a su bicicleta y que lo iba a matar por haberle dado baje con la morra.

“Pero la morra lo dejó porque la ponía a fumar mota y ya que estaban ‘tocados’, El Rivas la obligaba a hacer cosas muy feas. Nunca nos quiso decir qué cosas, pero a la morra no le gustaba. Por eso lo dejó.

“Mi jefa no quería que mi carnal anduviera con esa morra por lo mismo, porque decían muchas cosas de ella. De que andaba con varios morros y eso, pero mi carnal estaba bien clavado con ella. Ya hasta andaba pensando robársela para casarse con ella. Cuando El Rivas supo fue cuando decidió matarlo.

Sabe qué pensaba, que nadie lo iba a agarrar.
“A mi carnal le reventó el pulmón y con el otro piquete le pasó rozando el corazón. Otro poco y lo mata de verdad. Estuvo como 15 días internado porque no se le componía el pulmón.

“Y es que mi carnal ya los tiene dañadillos de la mota que se metía. Ahí supimos cuando lo operaron que él le hacía a la mota. Y también fue por culpa de La Sensi. Ella lo metió en ese vicio también.

“Mi carnal tiene apenas 18 años y casi lo matan por eso. Es bueno para el jale, mi jefe tiene una cuadrilla de albañiles que jalamos en varias obras y mi carnal se andaba llevando a veces hasta 3 mil a la semana porque es bueno para el yeso.

“Le queda bien parejito y muy delicado que hacía el trabajo. Con el piquete que le hizo le cortó un tendón y ahora no puede usar bien su brazo. Está en rehabilitación en Guadalupe para volver a mover el brazo igual”.

El embarazo
“Todo lo que me pasó no me lo esperaba. Yo nada más quería andar con esta morra. Cuando supe muchas cosas y todos me decían que la dejara, sí le pensé porque la quería un chorro. Poco después me salió que estaba embarazada de mí. Pero como ya me habían dicho lo del Rivas empecé a dudar de que fuera mío el morro.

“Se me vinieron otros problemas por eso, porque ahora sus carnales me buscaban para madrearme. Yo no les dije que no me hacía responsable por el niño, pero ya no me quería casar para no tener problemas. Hasta mis jefes les dijeron que si el morrillo era mío nos lo traíamos a la casa para que ella ya no batallara e hiciera su vida a gusto.

“Ella lo que quería era que me casara a fuerzas. Me empezaba a amenazar que nunca vería a mi hijo. Le pensé mucho y me imaginaba a mi morrillo batallando. Le dije que sí me casaba, pero cuando naciera el niño para ver si era mío.

“Ella no quería. Cuando nació el niño, mi jefe pagó los gastos del hospital y le compramos todo lo que se necesitaba. Se me hacía bien gacho llevar a un morrillo así de bebé a que lo vieran para hacerle pruebas.

“Fuimos a Aguascalientes. Resultó que el morrillo no era mío. Me querían denunciar hasta de violación y no sé qué tantas cosas. Puros inventos. Por esa morra casi me matan y ella me iba a meter al bote también. Sabe si el morrillo será del que me enfierró, pero ya no es mi bronca. Yo me voy a jalar un tiempo para el otro lado hasta que se calmen las aguas aquí. En lo que yo trabajo, allá lo pagan muy bien. Casi 10 veces más que aquí. Al que me picó le echaron 5 años”.

¿Una venganza?
En la venganza existe siempre un ajuste de cuentas. Su motivación dice así: “Tú me has hecho este daño y debes pagar por él”. Solo sabiendo que el otro sufre igual desgracia, el mismo daño, queda aliviada la conciencia del mal sufrido.

El sentimiento obtenido por la satisfacción de haber conseguido vengarse se llama desquite y en él percibimos el cumplimiento de la venganza. En el horizonte objetivo del desquite se halla siempre una persona en el papel del enemigo que ha merecido castigo.

El desquite es un sentimiento que produce satisfacción y placer y por ello se dice que “la venganza es dulce”. Dulce, sí, pero dañina.

Es dañina para la persona que la lleva a la práctica; para aquél en quien se cumple la venganza y en algunos casos, para la sociedad cuando es objeto de la venganza de un poderoso; o bien, de un pueblo enardecido que lleva a cabo un juicio sumario o un linchamiento sin más averiguaciones.

La venganza es dañina porque en la práctica no se da de forma pura y aislada, ni pretende exclusivamente pagar un mal con otro mal en una proporción justa. Cuando se lleva a cabo, nuestra percepción generalmente está teñida por otros sentimientos y emociones que originan, la mayoría de las veces, reacciones desproporcionadas al mal sufrido o al mal que creemos haber sufrido.

Intervienen también las disposiciones del propio yo hacia la persona u objeto de esa venganza. El impulso de vengarse se complica cuando está presente también el sentimiento del odio. Cuando este interviene, ya no se desea únicamente pagar un daño con un daño similar, sino destruir al objeto odiado.
Beatriz Quintanilla Madero refiere que “la persona que odia percibe a ese alguien odiado como desempeñando un papel capital en su mundo. El odio hace que el individuo se mueva continuamente hacia el objeto odiado con el fin de destruirlo.

“De este modo, cuando al fin logra su meta y lo destruye, tiene una sensación de pérdida; el objeto odiado había llegado a ser realmente un objeto central y estable de creencias y actitudes en torno a este valor negativo”.




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