Thursday 08 de December de 2016

Mi delito... no querer vivir 

Ivonne Nava García      31 May 2014 22:00:05

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La vida de muchos jóvenes en ocasiones resulta tan complicada que para algunos la única salida es privarse de la vida. La falta de madurez y experiencia les reduce el panorama futuro.

Esta historia es de una joven que durante la secundaria y parte de la prepa fue señalada como una cualquiera. Cuando resultó embarazada y su vida se complicó demasiado, optó por buscar una salida “fácil”.

Pérdida de la patria potestad
“Los papás del papá de mi hijo de repente se interesaron mucho en mi hijo. Ellos supieron que me quise suicidar y hasta entonces todo les importó, pero nada más para querer quitarme al bebé. Ellos alegan que estoy loca, pero yo me quería morir porque ya no podía más.

“Todo empezó en la secundaria. Mis amigas me empezaban a decir que yo era muy popular, que los muchachos las querían conmigo y así. A mí no me gustaban mucho esas cosas o que me anduvieran llamado para andar. Yo les decía que no.

“Un día fuimos al centro a dar la vuelta. Llegó un chavo que me gustaba. Se anduvo con nosotros un buen rato. Yo veía que él se me acercaba mucho y como que nada más quería platicar conmigo. Ya era más grande, él trabajaba en un taller y yo apenas estaba en la secundaria.

“Me dijo que si me llevaba a mi casa y le dije que sí. Cuando ya íbamos a llegar me empezó a decir que yo le gustaba y cosas así, le dije que también él a mí. Me empezó a besar, pero de repente yo sentí como que se estaba pasando porque se me pegaba muy feo. Me quería tocar de más mi cuerpo. Yo le dije que se quitara y él me decía que para qué me hacía, que ya sabía lo que quería, que bien que me gustaba.

“Yo me lo quité y me fui corriendo y llorando. Él dijo a unos amigos míos que yo me había acostado con él y que ya no era virgen. Eran mentiras, lo dijo como venganza porque no quise con él. Me mandaba mensajes diciéndome que nadie lo rechazaba y menos una vieja como yo y que me iba a arrepentir.

“De ahí se empezó a hacer un chisme muy grande, en la escuela me decían muchas ofensas, mis amigas me dejaron de hablar y los chavos se me acercaban para pedirme un ‘acostón’”.

La preparatoria
“Cuando entré a la prepa no me quise ir al Cobaez porque ahí se iban a ir la mayoría. Me quise ir a otra prepa que quedaba muy lejos de mi casa. Mi mamá me apoyó. Para ese tiempo mis papás se separaron porque descubrimos a mi papá con otra mujer que además tiene una hija con él. Fue muy duro para nosotros verlo paseando con su otra familia. De ahí se me vinieron más cosas encima.

“Conocí a un muchacho que venía de un rancho a estudiar. Yo acababa de entrar a tercer semestre. Él me acompañaba a mi casa diario. Nos hicimos novios al poco tiempo. Estaba muy enamorada de él. Lo que me había pasado en la secundaria ya no me afectaba. Yo tenía muy buenas calificaciones y muchos amigos en la escuela. Mi mamá me dejaba invitarlos a mi casa. Me consideraba una muchacha normal.

El error
“Él se me convirtió en mi mundo, todo lo hacía pensando en él. Me encantaba estar a su lado. Ya no me sentía sola porque no estaba mi papá. Un día mi mamá me cachó unas cartas y en esas hablábamos de que ya habíamos tenido relaciones. Yo pensé que me mataría, pero no fue así. Habló conmigo y me dijo que me tenía que cuidar, que ella prefería que me esperara y que fuera más tranquila en ese aspecto. Yo le dije que sí. De hecho nos cuidamos mucho.

“Un día resulté embarazada. Mi mundo se me vino para abajo. Yo no quería ser mamá tan chica. Yo quería seguir estudiando. Cuando se lo dije a mi novio, se transformó. Me dijo que él no quería esa responsabilidad, que era mi culpa por no cuidarme bien, que él iba a seguir estudiando ingeniería y que con un hijo se tendría que poner a trabajar. Me dejó sola. Se alejó de mí, dejó de hablarme y ahí mi mundo se empezó a desmoronar”.


Envuelta en chismes
“En la escuela empezaron a decir cosas de mí, que si el bebé no era de él y que por eso me había dejado y cosas así. Yo era la mala. Mi mamá me dijo que me apoyaba y que yo podía seguir estudiando. Fue cuando me dijo que iría a hablar con los papás del muchacho.

“Fuimos a buscarlos al rancho. Nos recibieron muy mal. Me trataron muy mal, como una basura y me dijeron que me las averiguara como pudiera, que su hijo seguiría estudiando para ingeniero agrónomo y que no le iba a echar a perder su vida, que yo me tenía que esperar hasta estar casada para andar metiéndome con un muchacho.

“Después de ir a ahí me entró una tristeza muy grande. Me veía en el espejo y me sentía tan deforme. Yo ya no quería ir a la escuela para que no me vieran toda gorda. Le dije a mi mamá, pero ella insistió que fuera para no perder el semestre. Seguí yendo, pero ya no hablaba con nadie. Me sentía muy mal y me daba mucha vergüenza porque se me quedaban viendo y decían cosas de mí.

“Mi hijo nació cuando acababa de empezar el sexto semestre. De todas maneras tuve que faltar porque me hicieron cesárea. El papá de mi hijo ni siquiera preguntó cómo estábamos. En el hospital me decían que me lo tenía que pegar para darle de comer, pero yo sentía horrible. Me dolía muchísimo y me sentía mal por eso. Me sentía culpable porque no quería amamantarlo”.

Depresión postparto
“Me entró una desolación horrible. Me sentía muy triste y con muchas ganas de llorar. Veía a mi hijo y me daba tanta tristeza y lástima por todo lo que habíamos pasado. Yo lloraba de día y de noche. Como mi mamá y mi hermana se iban a hacer sus cosas, yo me quedaba sola en la casa a cuidar al bebé.

“Así fue todo el primer mes. Mi mamá consiguió un permiso para que no fuera a la escuela, pero luego me obligó a ir de nuevo. Yo me sentía morir. Seguía gorda y ya nada era igual. Y forzosamente tenía que ver al papá de mi hijo que no me pelaba. Eso me dolía mucho.

“No tenía hambre, solo quería llorar, veía al bebé y se me hacía tan lindo, pero yo sentía que no iba a poder ser su mamá. Estaba agotada, el niño de todo lloraba. No sabía qué hacerle, le daba de comer y no dejaba de llorar. Lo cambiaba y lloraba. En las noches casi no dormía por darle su leche. Y con lo de la escuela, sentía demasiada presión.

Intento de suicidio
“Sé que es muy tonto lo que hice, pero solo yo sé lo que estaba pasando y cómo me sentía. Esa tarde ya no aguantaba más. Le llamé a mi mamá y le expliqué que ya no quería ir a la escuela, que no podía, que se burlaban de mí y que no quería seguir viendo al papá del niño ahí. Me dijo que siguiera que yo podía y que era fuerte.

“Yo sentí que le estaba fallando a ella, al bebé y a todos. Ahí pensé en mejor matarme. Ya no podía más. No había dejado de llorar, no había dormido. No tenía hambre y todo lo veía muy difícil. Tuve mucha suerte de que mi hermana regresó temprano a la casa porque se sentía mal de la gripa. Me encontró desmayada. Llamó a la ambulancia porque no sabía que tenía.

“Me salvaron la vida. Luego todo se supo otra vez y ahora sí, los abuelos de mi hijo me lo querían quitar, pero yo no los voy a dejar. Yo voy a terminar la escuela y voy a seguirle. A ver cómo le hago, pero voy a salir adelante. Tengo que defender a mi hijo para que no me lo quiten”.




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