Thursday 08 de December de 2016

Mi delito... arruinarme la vida 

Ivonne Nava García      7 Jun 2014 22:00:05

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Solo, sin familia, sin dinero. Antepuso a los amigos y las parrandas antes que la responsabilidad y honestidad. Después de mucho daño y litigios judiciales desgastantes, un hombre recapacita sobre lo que fue su vida.

Camino estable
“Cuando uno está chavo, no sabe ni se imagina cómo será el futuro. Piensa que se come el mundo a puños. La verdad no sé en qué momento todo se fue al caño. Yo iba bien, ya había terminado la universidad. Tuve suerte porque concreté un buen trabajo y me pagaban bien. Me iba a San Luis toda la semana y regresaba el fin de semana para estar con mi familia.

“En ese entonces vivía con mis papás. Aquí ya andaba de enamorado. Esperaba juntar un poco de dinero para casarme. La sorpresa de la llegada de un bebé aceleró un poco la boda, pero la verdad que no fue forzada.

“Nos casamos y a los tres meses nació nuestro único hijo. A mí me estaba yendo demasiado bien en el trabajo. Me sentía exitoso. Pudimos adquirir una casa con el crédito de ella, pero con lo que yo ganaba le hicimos remodelaciones para ampliarla y quedó más cómoda. Nos compramos un carro del año, pero me lo llevaba yo porque tenía que salir de la ciudad. En San Luis me quedaba en un departamento que rentaba”.

Tentación
“Estaba toda la semana allá, aquí venía los fines de semana, no fallaba. Por medio del Messenger me comunicaba con mi esposa y con mis amistades. Ahí me pude reencontrar con una chava que había conocido de soltero en un antro. Empezamos a chatear. Resultó que ella también vivía en San Luis y nos quedamos de ver para tomarnos un café.

“Ya ni para qué mentir, ya había tenido una que otra aventura pasajera. La verdad estar lejos de mi esposa me daba esa facilidad y la calentura. Se juntaron muchas cosas. Con esta chava me veía cada vez más seguido. Me sorprendía para ir a comer o llegaba por mí en la noche para ir al cine.

“Ella era soltera y nunca me decía nada de que yo fuera casado. Como los fines de semana me tenía que regresar, era muy cómodo para todos. Llegó un momento en que los fines de semana no venía para acá. Le decía a mi esposa que tenía mucho trabajo. Me quedaba y era para salir a pasear con ella. Nos íbamos a las cascadas o a los balnearios, a veces a Tampico, a la playa”.

Problemas de salud
“Mi esposa se empezó a quejar de mi ausencia. Apenas teníamos tres años de casados. Como me iba bien, la contentaba con un viajecito sorpresa o la llevaba a cenar. Un día que regresé para ver a mi hijo, me dijo que había ido a que le hicieran sus estudios del papanicolau y que los resultados estaban mal.

“De ahí se vino todo para abajo. Le había contagiado el virus del papiloma y era grave. Desgraciadamente ella solo había estado conmigo, o sea, era su único hombre, así que yo la había contagiado. Para esas mismas fechas por error dejé abierto el Messenger y mi esposa vio una conversación muy comprometedora con esta mujer y me encontró una carpeta de fotos que tenía de cuando nos íbamos de viaje.

“Uno hace muchas estupideces. Yo le había dejado el carro a la mujer esta para que se moviera y además tenía llaves de mi departamento. Mi esposa nunca iba para allá. Yo también digo que ella me descuidó mucho. Ella me dijo que era porque me tenía confianza”.

Segunda oportunidad
“Le pedí perdón llorando, de rodillas, para que no me dejara. Yo quería a mi hijo y también a ella. Me pidió que renunciara a mi trabajo en San Luis y me viniera para acá. Así lo hice. Aquí me pude acomodar, pero no ganaba igual que allá. La salud de mi esposa se fue deteriorando. Le hicieron muchos procedimientos para quitarle el virus.

“Eso hacía que ella no me quisiera perdonar. Teníamos discusiones muy fuertes, casi diario y el niño siempre nos veía. También se me vino para abajo. Se veía muy flaquito y triste. Se volvió peleonero en el kínder y muy llorón.

“Había pasado un año y nos dijeron que le tenían que extirpar la matriz a mi esposa para evitar que le diera cáncer. Eso terminó con mi matrimonio. Yo no quería divorciarme, quería seguir luchando por ellos, pero mi esposa ya no quiso”.

Litigio judicial
“Me solicitó el divorcio, yo no me quería salir de mi casa. Casi me corrió, pero como yo no me quería salir, le pidió a un juez para que me sacaran de ahí. Yo quería estar con mi hijo y le dije que sí le daba el divorcio, pero que me dejara quedarme con mi hijo. Ella no quiso y prefirió abandonar nuestro hogar.

“Se fue a la casa de sus papás y se llevó a mi hijo. De ahí yo le puse una demanda por abandono de hogar, pero no se pudo hacer nada. A ella no la podían obligar a que regresara a nuestra casa. Yo me negaba rotundamente a darle el divorcio. Les pedí que nos mandaran a terapia para restablecer nuestro matrimonio, pero ella no quiso.

“Tampoco quería dejarme ver a mi hijo porque decía que yo le hacía daño platicándole tantas historias de nosotros. Como yo estaba desesperado por ver a mi hijo, solicité una orden para que me permitieran verlo. Un día, con policías y todo, fuimos por él a la casa de sus papás.

“La verdad sentí muy feo ver la carita de susto de mi hijo, pero luego yo le expliqué que era por su bien, porque él tenía derecho de verme. Ese día mi hijo me dijo que ya no me quería, que yo no era su papá y que le daba miedo”.

Fracasado y acabado
“En el trabajo que conseguí aquí no duré mucho porque pedía muchos permisos para salir a los citatorios del juzgado. El carro lo perdí porque cuando dejé a la mujer con la que andaba en San Luis lo chocó de coraje y le rompió todos los cristales con una piedra. El seguro no cubrió esos daños.

“La casa que habíamos comprado sí fue por medio de un crédito de ella, pero como ya lo había tramitado desde antes de casarnos, la casa era solo de ella. Ya no tenía trabajo ni en qué moverme. Me había quedado sin familia y sin dinero. Me fui a vivir a la casa de mis papás. Me daba a veces vergüenza pedirles para el camión mientras conseguía trabajo.

“Solicité el divorcio necesario argumentando que no le pasaba pensión para el niño y otras diferencias irreconciliables. Tengo dos años sin trabajar. Me las he visto muy mal. Yo lo único que quería era conservar a mi familia, pero ella no me pudo perdonar”.

Infidelidad
Sin duda, una infidelidad siempre va a herir profundamente. El tema suele ser un asunto doloroso y complicado. Una infidelidad no es válida para nadie. Tanto hombres como mujeres podemos cometer errores y podemos ser libres de perdonar o no una traición.

1) Si estás pensando en cometer una infidelidad, piensa que eres libre de hacer lo que quieras con tu vida, según tus creencias y principios, pero analiza si vale la pena asumir las consecuencias.

2) Si vas a ser infiel, lo ideal es que sea con alguien con mayores o mejores cualidades que satisfagan tus expectativas. Busca algo mejor o diferente a lo que tienes en casa. Si no, no valdrá la pena.

3) Si ya no estás satisfecho con la relación que tienes, antes de ser infiel, analiza si es más conveniente ser honesto y terminar. A veces es mejor reconocer que una relación se terminó, antes de causar daño.
Es mucho mejor y puedes ahorrarte muchos problemas.

4) Si has sido víctima de una infidelidad por parte de tu pareja, evalúa bien lo que sientes. No te confundas. ¿Vale la pena perdonarlo? Eso solo tú puedes saberlo.




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