Friday 02 de December de 2016

Mi delito... gritar 

Ivonne Nava García      29 Mar 2014 22:10:09

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(Archivo)
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Un joven cambia su vida de agricultor y vendedor de nopalitos a la vida en la prisión. Un sábado ocurre un desafortunado incidente donde otro joven pierde la vida a consecuencia de una herida con arma punzo cortante, herida que fue infringida por su contrincante en un momento de irracionalidad.

Llegaron de trabajar
“Nos juntamos todos los sábados y nos organizamos para irnos a los bailes. Ese día apenas habíamos dicho que nos íbamos para La Blanca. Estábamos esperando a que un amigo fuera a sacar la troca para irnos. En eso de que estábamos esperando, llegó una camioneta donde venían muchos muchachos y señores de trabajar.

“Ellos se van de jornaleros los lunes y regresan el sábado. Se estaban bajando de la troca y estaban bajando sus mochilas. Yo pienso que venían contentos porque estaban gritando como de gusto o como dicen verdá’, de júbilo.

“En esas estábamos cuando un muchacho que es de Las Lajas también se puso a gritar. Otro gritó igual, así de gusto. A ese muchacho también se le ve nada más los fines de semana porque también se va a trabajar, pero gana para otro lado. Él no venía con estos de la troca, él ahí estaba”.

Se hicieron de palabras
“Los que llegaron le dijeron que por qué gritaba y se decían de cosas. Se decían de lejos, luego se arrimaron y como que ya se saludaron. Yo pienso que al principio no se conocían y por eso se estaban diciendo de cosas. También se arrimaron a saludarnos a nosotros, ya que nos conocemos.

“En esas seguíamos cuando un muchacho de Las Coloradas que yo no conozco, pero que sí venía con los de la camioneta y el muchacho de Las Lajas, de repente ellos se comenzaron a pelear y todos les decían que ‘solos, solos’. Se estaban dando con las manos, yo no veía que nadie sacara nada.

“Se pegaban en la cara y donde podían. En eso veo que el muchacho de Las Coloradas se agarró del otro muchacho, como de la camisa o de la cintura. Sí me fijé que todavía el de Las Lajas le dio otros golpes más. En eso el muchacho se suelta, cayó para atrás y ya no se movió de ahí”.

Quedó herido
“El muchacho de Las Lajas se quedó mirando a todos, pero nadie se arrimó, mejor todos se fueron. Otra gente que pasaba nos decían que lo levantáramos, pero nadie nos arrimábamos para no meternos en problemas. En eso vimos que el muchacho empezó a aventar sangre por la boca y otro compa se arrimó y enderezó al muchacho para que no se ahogara con la sangre.

“Luego lo soltó y dijo que le sintió una herida debajo de su brazo. Por ahí iba pasando una camioneta y este chavo le dijo al señor que si lo llevaba porque estaba herido y se fueron en esa troca. En eso llegó mi amigo que estábamos esperando para irnos al baile, nos subimos a la camioneta y ya no supimos nada. Más tarde le llamaron por teléfono a uno de los que andábamos y le dijeron que ya nos recogiéramos porque andaba investigando la Judicial”.

El agresor
“Ese sábado llegué temprano de trabajar. Llegué al rancho y me fui para el monte a cortar nopalitos. Agarré un cuchillo de esos de casa, un bote y me fui. Pasé por un rebote y me desvié. Me encontré a unos amigos que son de Las Lajas y me quedé con ellos a tomarme unas cervezas. Me quedé ahí hasta que se hizo noche.

“Cuando ya iba para mi casa me detuve en una tienda y ahí me esperé un rato porque ya habían dicho que íbamos a ir a un baile. En eso pasó una camioneta, venían varios muchachos como de trabajar porque traían sus mochilas y venían gritando así como de gusto. Yo de hocicón también grité, yo por hocicón, por bocón, pero no a ellos, no para ofender, sino nada más un grito como de gusto, así nomás.

“No dije babosadas ni nada, pero ellos se sintieron ofendidos. Llegaron y se encaminaron a donde yo estaba y luego, luego me retaron. Yo por no dejarme, también les contesté que yo no me dejaba de nadie. Me agarré con el difuntito, esto porque el difuntito me dijo que ‘a poco muy chingón’ y le dije que sí.


“Nos decían que nos aventáramos un tiro. Nos dimos bien y en eso ya se había visto que el difuntito había perdido, pero como que no les gustó y todos me empezaron a dar patadas y golpes. Me tumbaron y me seguían pateando. Como pude me paré y saqué el cuchillo para espantarlos, para meterles miedo y que ya me dejaran.

“En eso el difuntito se me dejó venir otra vez directo a la cara y yo lo que hice fue cubrirme los golpes. No sé cómo estuvo, pero le enterré el cuchillo porque se me había abrazado y cayó al suelo. No me fije dónde le enterré el cuchillo porque ya se me habían dejado ir todos a los golpes, pero sí me alcancé a fijar que el difuntito estaba tirado.

“Yo quería cubrirme de los golpes, en ese momento cayó abrazándome. Me di cuenta de lo que había pasado. Yo hubiera querido levantarlo y ayudarlo, pero ellos ya se me dejaron ir y me fui corriendo. Me alcanzaron, me golpearon. Me volví a ir corriendo y me fui lejos, rumbo al monte; me escondí.

“Salí hasta el domingo a la medianoche y me fui para mi casa, mi mamá me dijo que me andaban buscando porque se había muerto el muchacho. Llegaron a la casa y traían dagas y cuchillos. Yo sé que me querían matar. Fue algo muy feo. Mejor me hubiera quedado callado, para qué gritaba.

“Yo nada más pienso en los papás de ese muchacho, de cómo estarán. Yo no iba a poder vivir con eso en la mente. Mi mamá me dijo ‘es mejor que te entregues a que te estés escondiendo todo el tiempo’. Me entregué el lunes. Me siento muy mal, estoy muy arrepentido de lo que hice. Si yo no hubiera gritado, mejor me hubiera ido para mi casa”.

Emoción violenta
Es un trastorno mental transitorio, incompleto, emocional. En otros términos, se trata de un estado crepuscular emocional. Si bien expresa una severa alteración afectiva, ella no alcanza a constituir un estado de alienación mental.

Incluye tres componentes: 1) una personalidad emotiva preexistente, sea congénita, sea adquirida; 2) una intensa reacción emocional, ya sea primitiva o secundaria a un desarrollo psicopático o psicógeno; 3) un estado crepuscular afectivo.

La emoción violenta: a) solo exige la intensa perturbación del psiquismo, sin necesidad de que eso suponga la pérdida de la comprensión de lo que se hace; o la imposibilidad de dirigir las acciones.

La emoción encuentra siempre un punto de arranque en una de las tres tendencias afectivas primarias: 1) miedo, 2) cólera, 3) amor. Las tres circunstancias han sido admitidas como promotoras de una emoción violenta cuando se presentan los demás elementos integrados de la fórmula.

Al respecto, el requisito clásico es que la reacción debe ser inmediata a la provocación. Además, la expresión de reacciones primarias afectivas se traduce por lesiones de distintos tipos u homicidio, abuso de arma o exceso en la legítima defensa.

Las causas del delito hacen al ser humano peligroso y potencialmente delincuente; las causas de la peligrosidad tienen su asiento en determinadas características de la personalidad que hacen al sujeto propenso, ocasional o permanente a violar las normas.
 




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