Thursday 08 de December de 2016

Mi delito... poder controlarme

Ivonne Nava García      25 Oct 2014 20:59:40

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(Cortesía)
(Cortesía)
Las adicciones a cualquier sustancia inician con un “yo la controlo” y un “yo sé hasta dónde”.

Desgraciadamente, esto no ocurre así y lo que empieza como “darle una probadita, para socializar” termina muy mal.

En esta historia un hombre termina privado de su libertad acusado de delitos graves. Su adicción a la marihuana no solo terminó con su libertad, sino que puso fin a su familia, dejando en el desamparo a cuatro hijos y a su esposa, con una discapacidad física.

Mejores oportunidades
“Estaba en el otro lado, casi acababa de llegar con mi jefe. Él y mis dos carnales más grandes se habían ido para allá porque en Calera nada más hallaban chamba de peones para levantar papa para las Sabritas. La lana no alcanzaba porque fuimos 11 hermanos y mi jefe no podía mantenernos a todos con 40 pesos diarios.

“Me quedé yo de hijo mayor. Le ayudaba a mi jefecita en todo. Cuando ajusté los 15 años me dijeron que ya era tiempo de que me fuera. Mi jefe ya me tenía trabajo en las yardas. Como todos, me trepé en ‘La Bestia’ para llegar a Juárez. Ahí ya me la habían contado. Me tenía que poner listo para no caerme y que no me fueran a robar.

“Eso lo hice para ahorrar en los pasajes y tener esa lana para pagar el coyote. Cuando pasé para el otro lado me dio una sensación de libertad. Hasta el aire del otro lado huele diferente. Huele a dinero, acá solo se respira pobreza. Ni se imagina las que uno pasa para llegar al otro lado. Es como si una línea imaginaria dividiera el mal del bien.

“Llegué por fin con mi jefe. A la semana ya estaba jalando en las yardas. Ahí todo se hace bien porque si no, o no te pagan o hay que volverlo a hacer para que queden a gusto los gringos. Era muy pesado. Así empecé a tomar cerveza”.

Yo la controlo
“Eso pensaba yo. Empecé a los 16 a meterle a la mota. Sabe, pero el tabaco no me gustó. Mis carnales fumaban cigarros normales y ellos me dijeron que me echara una cerveza para lo cansado. A la mota le empecé con unos camaradas. Esos vatos me dijeron que le diera un ‘toque’ para lo cansado. Bum, se hizo la magia. En caliente sentí que de ahí era.

“Me dijeron los vatos que nomás con cuidado para que no me controlara la hierba. Les dije: ‘esta madre yo la controlo’. Me sentía como Superman. La primera vez golpeé cosas sin dolor y me quedé dormido. Desde ahí y hasta mis 29 años no le he parado.

“Me destapé cuando tenía 18 años. Antes de eso, nada; mi jefe ni mis carnales sabían nada. Sí soy marihuana, pero no soy un matón.

“Cuando me destapé, mi jefe me puso una ‘madrina’, me dijo que ese vicio iba a ser mi perdición. Antes ni se las olían porque yo no quería fumar y eso ponía contento a mi jefe. Uno aprende cómo engañarlos. Luego me valió y me destapé. Me sentía muy fregón porque cuando me daba mis ‘toques’ ni dolor sentía”.

Hacer vida
“Conocí a una chava aquí en Calera. De volada supe que esa vieja tenía que ser mi esposa. La anduve cortejando de un año para el otro. Le dije que me esperara, que iba a volver por ella, me dijo que sí. Para esos días ella tenía 19 años. Me casé con ella, como le dije, al año de conocerla.

“Esa vez me estuve en Calera 6 meses. Me tuve que regresar para el otro lado porque ya había quedado encinta mi vieja y tenía que mandarle dinero para juntar para el bebé y para empezar a echar unos cuartos.

“Me regresé a las yardas y para ese tiempo nos salió una chamba de contratista para reparar casa de madera y hacer trabajos de tablarroca. Ahí nos empezó a ir mejor, pero era más cansado el trabajo. Extrañaba mucho a mi vieja.

“Le empecé a meter más duro a la mota. Estaba juntando dinero para estarme unos 2 años aquí para cuando naciera mi chiquillo, a ver si me los podía llevar al otro lado”.

Cuatro hijos
“Regresé para cuando nació mi primer hijo. Fue una niña que ahorita tiene 9 años, de ahí nació el niño que ya va para 7 años y tuvimos un pilón doble. Nos llegaron unos gemelos. En ese tiempo iba y venía cada año al otro lado.

“Para cuando nacieron los gemelos ya tenía el plan de quedarme acá porque se me hizo más difícil llevármelos a todos. Ya había juntado dinero para poner aquí un taller.

“El día que los bautizamos hicimos una fiesta y los papás de ella mataron un cochino. Hicimos una pachangota”.


Día trágico
“Nos regresamos del rancho, ya entrada la madrugada. No nos íbamos a regresar, pero mi vieja se puso celosa porque andaba platicando con mi comadre. Me armó una escenita y mejor le dije que agarrara a los niños y que ya nos regresábamos. Yo sí andaba malillo porque ya tenía todo el día tomando cerveza y también ya me había metido mota.

“Cuando veníamos de regreso di un cabezazo y en ese momento me salí de la carretera. Voltié la troca y me acuerdo que estiré el brazo para agarrar a mis hijos y como pude los detuve para que no se me salieran de la troca. Ella traía a los gemelos.

“Todos quedamos vivos. Ella fue la más perjudicada. La troca quedó arriba de sus piernas y las tenía fracturadas. Los niños estaban todos raspados y la más grandecilla se le quebró su naricita. Cuando la vi llena de sangre y a su mamá debajo de la troca nada más le pedía a Dios que me los guardara vivos.

“Mi vieja ya no quedó bien de sus piernas. La operaron, pero una pierna le quedo más corta y de sus rodillas quedó muy mal. Desde ese día me siento muy mal, no puedo verla así con sus piernas por mi culpa.

“Para olvidar me tomo 10 caguamas de cerveza cada fin de semana y me fumo 150 gramos diarios aproximados de marihuana o el equivalente a 20 churros (cigarros de marihuana) al día.

“Los hago de doble enagua. Siento bien machine, siento que ando en las nubes, que veo las cosas ‘como acá’, como que se mueve la mesa pa’cá. Un efecto mareado, pero muy relajado, duermo bien, como bien”.

De mal en peor
“Era un viernes en la tarde. Mis hijos ya estaban con su mamá en la casa. Me regresé al taller para seguirle con la chamba y llegaron unos compas que conozco del barrio. Llegaron a pedir un ‘toque’ de mota. Les dije que no tenía. Ellos ya sabían que yo no vendía. Uno de ellos se veía mal. Venía ya descompuesto de la droga.

“Nos hicimos de palabras porque quería que le pasara un churro de mota. Empezó a insultar. Yo no le estaba haciendo caso y eso lo hacía molestar más. En eso sacó un arma de atrás. En ese momento pensé de que se lo cargue a él o a mí, pues a él.

“Le quité el arma y le di. Estábamos de frente. El tiro se fue directo al pecho. Me dieron 15 años de 23. Decían que era con alevosía, pero la verdad fue en defensa propia. Mis carnales y mi jefe me están ayudando con los niños y con mi vieja”.

Cannabis y salud mental
El uso prolongado de esta sustancia y, en ocasiones, el uso puntual por parte de sujetos con cierta predisposición puede producir episodios de ansiedad, pánico, tristeza o depresión.

En otras ocasiones las personas presentan alucinaciones (especialmente visuales) o delirios. Estos síntomas aparecen por periodos breves de tiempo y suelen desaparecer al cabo de pocas horas o pocos días.

El consumo prolongado de cannabis puede producir un síndrome de dependencia, similar al generado por otras drogas, y su interrupción puede conducir a un síndrome de abstinencia caracterizado por ansiedad, depresión, irritabilidad, alteraciones del sueño y disminución del apetito.

Puede causar episodios psicóticos agudos sin alteración del nivel de conciencia del sujeto. Estos episodios suelen ser de corta duración, aunque pueden persistir, incluso si se interrumpe el consumo de la sustancia.

Muchos estudios se plantean la relación entre el consumo elevado y prolongado de cannabis y la aparición de psicosis o trastornos del humor (manía, depresión). Los datos acerca de si la cannabis actúa como inductor de estos trastornos o solo como ‘mero acompañante’ de los mismos no son concluyentes.

Por otro lado, se considera que el consumo prolongado de cannabis precipita el inicio de la esquizofrenia en pacientes con predisposición genética y que empeora su curso. Está asociado con un menor efecto del tratamiento y un mayor porcentaje de recaídas (nueva aparición de episodios psicóticos).

Síndrome amotivacional: El uso crónico de cannabis se ha asociado con un estado caracterizado por apatía y pérdida de motivación, que se acompaña de déficits en el funcionamiento escolar o laboral y cambios en la conducta.

Perito en Psicología Forense




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