Tuesday 06 de December de 2016

Honestidad, conducta política pragmática en el buen sentido

J. Luis Medina Lizalde      3 Aug 2014 22:30:03

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La confusión de valores hace posible el triunfo electoral de un candidato independiente que, habiendo gobernado previamente el municipio de San Blas, Nayarit, abanderando al PRI, solicite nuevamente el voto para ser alcalde por segunda ocasión, sin partido, y reciba un gran impulso a partir de una frase cínica ampliamente divulgada: “Si robé, pero poquito”.

Benjamín Medrano, alcalde de Fresnillo, es de los 58 ediles del estado de Zacatecas el que disfruta de una visibilidad mediática muy por encima de la lograda por sus homólogos que pagan elevadas cantidades a los medios de comunicación para que publiquen cotidianamente notas, fotos y videos que divulguen su imagen.

Al mostrar los lujos de su recién adquirida residencia, desató el mismo tipo de controversias que hace poco más de una década encumbraron a Andrés Bermúdez, muy probablemente el más hábil manipulador mediático en toda la historia de Zacatecas hasta ahora.

Si en México es posible beneficiarse mediáticamente al protagonizar escándalos se debe a la atrofia de las instituciones responsables de clarificar las conductas que desatan la atención pública en torno a figuras de la vida pública.

El caso del que “robó poquito” pone en entredicho a los órganos fiscalizadores del estado de Nayarit, a la Legislatura que aprobó sus cuentas públicas, a la Federación, suministradora del mayor porcentaje de recursos para los municipios y, por lo tanto, facultada para fiscalizarlos.

Sin prejuzgar el origen de los recursos utilizados por Benjamín Medrano para la compra y remodelación de la residencia adquirida a los herederos del popular músico Beto Díaz, ¿alguien espera una investigación imparcial y eficaz del Ministerio Público receptor de la denuncia interpuesta por tres partidos de oposición?

Se equivocan los "listos"
La honestidad en la vida pública no se logra reclutando personas honestas “químicamente puras” para llevarlas a puestos de elección popular y a la administración pública; se logra mediante medidas concretas de aplicación de las leyes y las adecuaciones jurídicas pertinentes.

Nos equivocamos de cabo a rabo cuando el tema de la honestidad lo presentamos como un asunto de la moral individual, lo mismo cuando asumimos el discurso que descalifica toda definición por la honestidad como propio de “ingenuos”, “soñadores”, “idealistas”, “incapaces” de gobernar con eficacia.

No es casual que en los inicios de la alternancia, los temporalmente desplazados del ejercicio del poder hicieron resonar la consigna “que regresen los rateros y se vayan los pendejos”, dando por hecho que lo ratero equivale a ser capaz, debido a que se “es realista” y “se tiene malicia”; en contraparte, “los pendejos” y “bien intencionados” son lo mismo.


Contra lo que muchos piensan, las instituciones que perduran y los políticos que más poder ejercen son los que entienden las enormes potencialidades del pragmatismo. Uno de ellos es el Papa Francisco, el jefe del Estado Vaticano, que enfrenta con valerosa honestidad la lacerante realidad de que un 2% de los sacerdotes católicos son pederastas, según sus propios datos.

Hizo a un lado la deshonestidad encubridora que embarra a tantos jerarcas del clero y que contribuyeron a la grave pérdida de influencia política mundial de la Iglesia católica. Admitió también que el lavado de dinero infiltró las finanzas del Vaticano y dispuso de cambios sin precedente en el cuerpo directivo del Banco Ambrosiano.

En vez de voltearse para otro lado ante las evidencias de “padres macieles”, en vez de fingir no saber sobre la existencia de “narco limosnas”, emprendió una operación restauradora de la influencia de la Iglesia católica en el mundo, cuyos frutos serán cada vez más visibles.

No es asunto de genes
Zacatecas, como todo México, necesita instalar la honestidad en su vida pública, no recorriendo el territorio, buscando a los inexistentes “químicamente puros”, pero sí volcando la energía social a favor de quienes enarbolen creíbles propuestas concretas que le garanticen a la ciudadanía que la honestidad en la vida pública deje de ser optativa para convertirse en obligatoria.

Por lo pronto, si Benjamín Medrano resulta exonerado, habrá logrado su amplio posicionamiento mediante la estrategia de hacer que “hablen de uno, aunque sea mal, pero que hablen” y a lo mejor con menos dinero que otros que buscan lo mismo, al estilo de El Rey del Tomate.

Las sociedades que en el mundo gozan de reconocimiento por su elevada moral no están integradas por razas superiores a la nuestra. Lo que sí tienen es un diseño institucional que garantiza que el que es pillado violando la ley, recibe su castigo, por poderoso que sea. Eso sí es digno de imitar.

Nos encontramos el jueves en El recreo.




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