Wednesday 18 de January de 2017

Hoy es Miércoles Santo José Manuel Félix Chacón

José Manuel Félix Chacón      15 Apr 2014 22:00:10

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Amables lectores de nuestra querida sección Opinión, hoy es miércoles, mas no un miércoles común y corriente, hoy es miércoles santo, nos hemos preparado durante 40 días para celebrar la pascua, esta Semana Santa es muy especial para nuestra Diócesis porque es la pascua donde conmemoramos los 150 años de haber sido erigida.

Este día quiero compartir con ustedes un fragmento de la meditación que el Papa Francisco ha preparado para el próximo Viernes Santo.

Jesús muere en la cruz.
“Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: “Está cumplido”. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Las siete palabras de Jesús en la cruz son una obra maestra de esperanza. Jesús, lentamente, con pasos que también son los nuestros, atraviesa toda la oscuridad de la noche, para abandonarse confiado en los brazos del Padre. Es el gemido de los moribundos, el grito de los desesperados, la invocación de los perdedores. Es Jesús.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Es el grito de Job, de todo hombre bajo el peso de la desgracia. Y Dios guarda silencio. Calla porque su respuesta está allí, en la cruz: él mismo, Jesús, es la respuesta de Dios, palabra eterna encarnada por amor.

Acuérdate de mí. La invocación fraterna del malhechor, convertido en compañero de dolor, llega al corazón de Jesús, que siente en ella el eco de su propio dolor. Y Jesús acoge la súplica: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso. El dolor del otro nos redime siempre, porque nos hace salir de nosotros mismos. Mujer, ahí tienes a tu hijo”.

Pero es su madre, María, que estaba con Juan al pie de la cruz, rompiendo el acoso del miedo. La llena de ternura y esperanza. Jesús ya no se siente solo. Como nos pasa a nosotros cuando junto al lecho del dolor está quien nos ama fielmente hasta el final.

Tengo sed. Como el niño pide de beber a su mamá; como el enfermo abrasado por la fiebre. La sed de Jesús es la todos los sedientos de vida, de libertad, de justicia. Y es la sed del mayor de los sedientos, Dios, que infinitamente más que nosotros tiene sed de nuestra salvación.

Todo cumplido: cada palabra, cada gesto, cada profecía, cada instante de la vida de Jesús. El tapiz está completo. Los mil colores del amor lucen ahora con hermosura. Nada se ha desperdiciado. Nada se ha desechado. Todo se ha convertido en amor. Todo está cumplido, para mí y para ti. Y, así, también el morir tiene un sentido.

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen Ahora, heroicamente, Jesús sale del miedo a la muerte. Porque si vivimos en el amor gratuito, todo es vida. El perdón renueva, sana, transforma y consuela. Crea un pueblo nuevo. Frena las guerras.

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Ya no más desesperación ante la nada. Más bien plena confianza en sus manos de Padre, recostado en su corazón. Porque, en Dios, cada fragmento se compone finalmente en unidad.




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