Thursday 08 de December de 2016

Hubiera

Juan Carlos Ramos León      1 Jun 2014 21:20:12

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En todo momento nos encontramos tomando decisiones; unas de mayor trascendencia que otras dependiendo del impacto que causan en nuestras vidas y las de otros: desde qué comer, qué calle tomar, qué ropa ponernos hasta qué estudiar, dónde trabajar y con quién casarnos.

Para algunas de las decisiones que tomamos existe el tiempo para reflexionar; para otras no. Ojalá que siempre, al tratarse de decisiones importantes, tuviéramos el tiempo necesario para estudiar los posibles escenarios y así encontrarnos en condiciones de hacer la mejor elección, pero no siempre es así.

Pongámonos, por ejemplo, en el lugar de un conductor al manejar a alta velocidad y tener que evadir un obstáculo o en el del médico que, al estar operando, se enfrenta a un súbito cambio en el metabolismo de su paciente.

En definitiva, hay decisiones que nos obligan a responder de forma inmediata y de las cuales podría depender nuestra vida o la de otros. No es mucho lo que podamos hacer, es cuestión de las circunstancias, solo asumir las consecuencias. Pero hay que reconocer que cuando se trata de decisiones importantes, en la mayoría de los casos existe el tiempo y las condiciones necesarias para reflexionarlas.

El factor a vencer es el impulso de nuestras pasiones y emociones. No suelen ser buenas consejeras.
¿Cuántas veces nos ha tentado el “sí solo hubiera hecho las cosas de manera diferente” o “no lo hubiera hecho”? Regularmente este auto reclamo se presenta cuando hemos tenido que tomar una decisión rápida, obligados por las circunstancias, o bien cuando tuvimos el tiempo de analizar las distintas opciones y los resultados no fueron los esperados.

También cuando obramos mal contra otros y nos encontramos arrepentidos, pero para el presente análisis seguiremos la idea inicial.

Se cierne, entonces, sobre nosotros, la terrible sombra del “si yo hubiera”.

No creo que exista peor castigo que cada uno pueda infringirse a sí mismo que éste. Bueno, hay hasta quien se “atora” en su vida en los hubieras. Yo creo que cada uno de nosotros, si hiciéramos una profunda reflexión, encontraríamos que una parte de nuestra vida echó raíces en algún hubiera.

Tal vez se trata de un lastre que no nos hemos podido -o querido- sacudir y nos ha impedido avanzar en cierto modo.

Bien tomadas o no, estas decisiones son cosa del pasado. Hay que aprender a asumir las consecuencias, perdonarnos a nosotros mismos cuando haya que hacerlo y darle la vuelta a la página para seguir adelante.

El pasado puede ser un buen maestro si aprendemos de él para tratar de no cometer los mismos errores en el presente, de cara al futuro.

Está en nuestras manos el salir fortalecidos de una situación adversa, consecuencia de una mala decisión, o vivir auto flagelándonos el resto de nuestras vidas con el amargo látigo de los hubieras.




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