Friday 20 de January de 2017

Humanos binarios

Édgar Félix      8 Sep 2014 21:30:06

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La inmediatez, la prontitud y ese espacio relativo en el que estamos sentados todo el día nos ha formado estados irreales, poco humanos y muy fáciles para perder la perspectiva de nuestras vidas. Basta mover el cursor por la pantalla para informarnos o para saber de asuntos que siempre quisimos conocer, ver, meditar o sentir desde la sensación de conocer porque entraron a nuestra mente por las retinas. O bien, si somos más avispados, instalar un lector RSS para obtener información al minuto de las fuentes que nos interesan. Al parecer, obtenemos una sensación de omnipresencia en el mundo.

No son las facilidades que nos brindan estas nuevas herramientas en nuestro teléfono celular o en la computadora, las que han desplazado decenas de objetos que antes teníamos para sobrellevar la vida y el trabajo, sino la maldita comodidad que nos lleva a perder la memoria. ¿Hay alguien todavía que se aprenda al menos cinco números telefónicos? O sentirnos profundamente angustiados y con aires de inutilidad si hemos olvidado el cacharro. No se diga extraviarlo. Es como perder la vida.

Basta un ejercicio al que fui invitado hace algunos días: dejar computadora y celular durante 10 días. Tan solo mencionarlo se antoja espeluznante y doloroso. Pero sí se puede vivir prescindiendo de ellos. Es más, obtenemos el regreso a una vida que ya habíamos olvidado. Para empezar, nuevamente entra en funcionamiento nuestra memoria y nuestras ganas de sentirnos con esa parte animal que todos llevamos dentro y llamamos instinto. ¿No es posible que quede con alguien para una café y tenga que llamarle unos minutos antes para saber dónde viene? La espera y la sorpresa ya no existen, para tener una vida aburrida y controlada.

Los seres humanos tenemos todo un conjunto de herramientas que hemos sustituido por aparatos que funcionan por impulsos de código binario. Por miles de años sobrevivimos con ellas. Pudimos enfrentarnos a la obscuridad cuando no había luz, nos comunicamos cuando ni siquiera se había inventado el teléfono, descifrábamos la situación y lugar de nuestros núcleos sociales, teníamos un conocimiento exacto de nuestras capacidades de movernos en el tiempo y en el espacio.

Pero, lo más afectado con esta vida de trozos y fórmulas binarias en la que nos desenvolvemos como seres omnipresentes es la memoria y esta es todo lo que hemos dejado de hacer y de pensar. Durante 10 días he redescubierto otra vez la vida de este mundo. Las neuronas constantemente son aniquiladas por Google, la serotonina y la adrenalina se han atenuado por la falta de contacto físico, sustituidas por retuiteos y los famosos likes del feis.

El mundo no se acaba, cierto, por asuntos tan insignificantes, pero sí hemos dejado de contemplarlo. Perder contacto con nuestra naturaleza misma, con nuestra parte animal, con nuestra piel, con nuestros instintos, es perdernos en el tiempo y el espacio. Diez días son suficientes para entenderlo. Desconéctese con el mundo virtual y conéctese, otra vez, consigo mismo.




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