Saturday 03 de December de 2016

Identidad de los discípulos misioneros de Jesucristo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      8 Feb 2014 21:00:04

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Dar de comer al hambriento es una de las obras misericordiosas que transforman a las personas. (Cortesía)
Dar de comer al hambriento es una de las obras misericordiosas que transforman a las personas. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
En el entorno complejo y difícil de la sociocultura del mundo actual es necesario que los discípulos misioneros de Cristo tengan bien definida su identidad como testigos y heraldos de de su evangelio, unidos con los criterios y exigencias del buen testimonio que con la gracia de Dios, sea convincente la fe que se profese.

Hoy es muy necesario que la identidad de los cristianos se manifieste clara, limpia, valiente y con unidad entre lo que se cree y las obras que se realicen, teniendo como fuente el encuentro personal con la persona del hijo de Dios hecho hombre para iluminar y atraer a todos aquellos que aún no conocen nuestra religión cristiana o para reafirmar la adhesión de muchos cristianos que tienen una fe débil o la han perdido, bajo la presión de tantas ideologías y modos de vivir en ambientes francamente paganos.

Esta homilía recogiendo las enseñanzas que nos ofrecen las lecturas de hoy, especialmente el evangelio, intenta definir lo fundamental de la identidad cristiana, aunque ésta tenga ataques, rechazo e indiferencia en el ambiente social en el cual nos toca vivir y ser fieles a la fe que se vive y se profesa con palabras, pensamientos y obras.

CARACTERÍSTICAS DE LA IDENTIDAD DE LOS CREYENTES EN CRISTO
Mediante tres parábolas Cristo define la identidad de sus discípulos misioneros: ser sal de la tierra, ser luz del mundo y ciudad visible en lo alto de un monte.

Estas tres imágenes se conjuntan y convergen, en una misma dirección: precisamente en el tenor y testimonio de vida al servicio de los demás, como Cristo nos lo enseña con su persona y su acción para salvar y redimir a los hombres inmersos en “el aquí y ahora”, del momento histórico que vive y actúa la humanidad presente.

Ser sal de la tierra quiere decir en la enseñanza bíblica de Jesús que ante un mundo que presenta luces y muchas veces tinieblas de pecado, corrupción, crímenes violentos, inseguridad y muerte, la respuesta a su evangelio es sanear las costumbres.

Es crear ambientes sanos donde se desarrollen las virtudes, siempre necesarias para la edificación de la ciudad terrena: la justicia, la verdadera fraternidad universal y el servicio constructivo con generosidad y desprendimiento al estilo de Cristo, que no ha venido a este mundo para ser servido, sino para servir a todos sin acepción de personas y dar la vida como él la ha dado.

Ser limpios, sencillos y trasparentes en las manifestaciones de una vida coherente que sea sal que purifica, da sabor y preserva del mal y la corrupción.

Ser luz del mundo significa que la vida de los cristianos brille con la luz del evangelio, con la pureza y fidelidad a la verdad, sin confundirla con el error y viceversa.

Lo mismo obrar con rectitud para hacer y practicar el bien sin confundirlo con el mal, las desviaciones, la hipocresía y la maldad en todas sus formas.

La actitud soberbia y doble para tener ventajas personales de dinero, poder, placer, manipular y aprovechase de los demás es lo que obscurece y desvirtúa los valores y virtudes que deben asimilarse con la brillantez del evangelio, que nos enseña y nos exige ser abiertamente sencillos y sin doblez del corazón.

Ser lo que Jesús nos enseña: “brille la luz de sus buenas obras para que viéndolas los hombres crean en el evangelio y den gloria a su Padre, que está en los cielos”.

Por último, los cristianos con su vida evangélica deben ser como una ciudad puesta en lo alto de un monte. La luz de los que brillan en una montaña no puede ocultarse, porque la luz de las buenas obras no debe esconderse como una vela bajo una olla, sino ponerla en los candeleros para que alumbren a todos y den alabanza y gloria a Dios Uno y Trino.

ALGUNAS PISTAS O SUGERENCIAS PARA APLICAR LA DOCTRINA QUE HEMOS CONTEMPLADO EN ESTA HOMILíA
Fundamentalmente ser luz y sal de la tierra y brillar desde una montaña se sintetizan en las obras de misericordia que transforman las personas y sus ambientes:

​• Compartir nuestro pan con los hambrientos.
• Dar cobijo a quienes tanta necesidad tienen de refugiarse.
• Vestir al desnudo y no dar la espalda al hermano que sufre y llora.
• Consolar, curar y acompañar a los enfermos.
• Cuando renuncies a despreciar y desprestigiar a tus prójimos.
Estas sugerencias y otras más, que cada quien formule en la presencia de Dios y de su propia conciencia, serán sal, luz y antorcha que esplende desde la altura moral y espiritual en tu vida, tu servicio y tu testimonio…




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