Wednesday 18 de January de 2017

Sensibilidad por la pintura

Huberto Meléndez Martínez      17 Mar 2014 21:10:05

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Dedicado a los estudiantes que se afanan en encontrar su vocación.

Para fomentar la sensibilidad por el arte pictórico, el maestro de Artes de aquella secundaria había mandado elaborar bastidores de madera, comprar tela de algodón y adquirir pintura, clavos, grapas y martillo.

La dinámica de trabajo era intensa y altamente ruidosa, porque los estudiantes contribuían solidariamente a humedecer la tela, clavarla en el bastidor como les indicaba el maestro y mezclar la pintura blanca con un poco de pegamento para fondear los cuadros. Apenas se alcanzaban a realizar unas cuantas actividades en cada clase porque los grupos eran también numerosos.

Encargó los materiales para pintar, a sabiendas que los alcances económicos de sus alumnos eran insuficientes. Por grupo fueron adquiriendo pintura acrílica, por ser menos costosa.

Hubo estudiantes escépticos que propusieron utilizar técnica al óleo, porque les parecía inadecuado utilizar pintura de la que usualmente la gente usa para colorear paredes, pero el maestro les persuadió de que utilizaran la que él les recomendaba.

Cada uno fue decidiendo el modelo a seguir. Generalmente eran recortes de periódicos, de revistas o fotografías. Los llevaban para ponerlos a consideración del profesor. Él prefería recomendar los relacionados con paisajes naturales, les asesoraría sobre la técnica de la pintura en acrílico.

Modelo en mano, el profesor les orientaba, de manera individual, a reconocer los diversos planos de la ilustración que habían escogido. Fueron enumerando del fondo hacia adelante los diversos planos y componentes de la pintura.

Como asistían una sola vez a la semana a esa clase, los trabajos se desarrollaban con demasiada lentitud.

Se invirtieron unas cuantas sesiones de clase para aprender a combinar los colores primarios, obtener los colores secundarios, hacer la degradación de color y obtener los matices que posteriormente utilizarían cada uno en su respectiva obra.

Las primeras pinceladas provocaron diversas reacciones entre aquellos inquietos alumnos. Unos se reían de sus productos intentando ocultar su poca destreza, otros se cohibían por haber encontrado combinaciones ines-peradas, algunos más se divertían con los trabajos de sus condiscípulos y hubo quien asumió una actitud reflexiva, tal vez conmovido por el producto obtenido en la mezcla de sus tintes.

Al paso de los días fueron apareciendo terminados los primeros cuadros, para sorpresa de sus mismos compañeros de grupo, porque los productos fueron excelentes. Quizá el término "excelencia" simplemente sustituía a otros términos relacionados con el antecedente vacío de los trabajos de pintura de esa escuela.

Para evitar deterioro en los trabajos concluídos, el maestro los fue enviando a la biblioteca de la escuela. Los colgaban en el entorno de la estancia, donde se realizaban las reuniones del personal docente.

Cuando vieron los cuadros adornando el área y las galantes firmas de los autores, llovieron las preguntas al profesor de Artes. Los profesores encontraron incongruencias entre los autores y el desempeño intelectual de sus alumnos.

Venancio, Efrén, Noé, Juan, Osiel y Xóchitl, personalidades con desempeño escolar gris pero con calidad artística en sus pinturas, fueron encontrando opiniones benignas en la comunidad escolar.

La escuela secundaria necesita seguir ofreciendo oportunidades de encuentro, de vocacionamiento intelectual, artístico, deportivo y cultural entre sus estudiantes.




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