Saturday 03 de December de 2016

Jesús confirma con su poder divino la fe de sus discípulos en medio del mar encrespado de Galilea

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      9 Aug 2014 23:30:57

A- A A+

Compartir:
Jesús demostró a Pedro que la fe lo puede todo. (Cortesía)
Jesús demostró a Pedro que la fe lo puede todo. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
Hemos considerado y meditado el domingo pasado la multiplicación de los panes y los peces para dar de comer a una multitud que seguía a Cristo, ávida de escuchar su palabra y recibir el beneficio de su poder, misericordia, aliento, consuelo y amor. 

Hoy, el evangelio de San Mateo, nos relata la situación de sus discípulos en una barca zarandeada y peligrosamente llevada a merced del viento huracanado, muy lejos de la costa, en el mar de Galilea.

Esta escena viene después de la multiplicación de los panes y peces, cuando Jesús pide a sus discípulos que vayan en la barca al otro lado del mar, mientras él despedía a la multitud saciada. 

Él solitariamente sube al monte para hacer oración a su Padre y ya de madrugada, caminando sobre la superficie del mar encrespado, se acerca a sus angustiados discípulos para darles otra prueba más de su poder salvador y confirmarlos en su seguimiento, sanando su fe débil.

LA BARCA DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS EN MEDIO DEL MAR TORMENTOSO Y ANTE EL PELIGRO DE NAUFRAGAR
Para ahondar y asimilar las enseñanzas de este relato de San Mateo, podemos señalar tres niveles de lectura e interpretación para poder luego aplicarlos a nuestra vida personal y comunitaria.

A).-  Jesús camina sobre las aguas
Cuando Jesús se acerca caminando sobre las aguas encrespadas por la tormenta, a sus discípulos, temerosos y angustiados, ante el peligro de perecer, creyeron al verlo en esa situación tremenda, que era un “fantasma” y se pusieron a gritar manifestando su miedo y su terror de morir en medio del mar.

Jesús se apiada de los suyos, los anima y los calma, diciéndoles: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”. 

Entonces, Pedro le grita a Jesús: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. 

Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!”.
Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”. Y cuando él y Pedro subieron a la barca, el viento cesó y vino una gran calma. 

Entonces los discípulos seguros ya en la barca que peligraba, hicieron su profesión de fe en el poder divino del Salvador, diciéndole: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”. 

Este nivel de lectura nos fundamenta en la certeza de la divinidad de Cristo hacedor y dueño de la creación del universo y poderoso sostén de los hombres débiles y pecadores a los cuales ha venido a salvar con su poder divino – humano.

B).-  La manifestación divina de Cristo al desplegar su poder sobre la creación y sobre los hombres


Cristo es Dios y hombre verdadero. Se manifiesta como dueño y señor de las obras de la creación y de la redención. 

Su libertad amorosa y omnipotente rescata a los hombres en medio de las pruebas que se presentan en la vida de los humanos.

Perdona los pecados y llena de gracia, paz y seguridad a todos aquellos que se arrepienten, lo reconocen como salvador y se adhieren a él y a su evangelio para navegar por el mar de la vida terrena seguros, hacia las playas de la eternidad, con él, María y todos los santos en el cielo.

C).-  La barca de la Iglesia
La tradición cristiana ha visto en esa barca de Jesús y sus discípulos, un símbolo vivo y elocuente de la Iglesia, que azotada por los vientos y tormentas de este mundo, pareciera que la hunden y aniquilan. 

Sin embargo, Cristo con su poder humano y divino, da a su Iglesia firmeza, sostén y alegría en medio de las tormentas y peligros que acechan y seguirán acechando a la barca suya, de Pedro, sus discípulos y de toda su Iglesia, hasta que llegue incólume e íntegra, a la casa de Dios Padre y con el soplo benéfico del Espíritu Santo.

CONCLUSIÓN
Podemos sellar esta homilía con las siguientes palabras: cuando en nuestros ambientes de este mundo, se nos oscurecen los signos de la existencia y la presencia de Dios en nuestras vidas y en el universo que nos sostiene, porque fallan el amor, la comprensión, la ternura y el perdón de los hombres; la fidelidad en el matrimonio y en la familias que se desbaratan con sus consecuencias terribles; el respeto a la vida, especialmente la de los niños, adolescentes y jóvenes.

Cuando se pisotean los derechos humanos, particularmente de los débiles, pobres y sin poder y sin palabras para defenderse; cuando nos parece que el mal triunfa sobre el bien o la verdad sobre  el error y la mentira. 

Asimismo, cuando nos golpean duramente la enfermedad, la rudeza, los accidentes que dejan tanta ausencia y dolor por la pérdida de seres queridos...

Entonces inevitablemente se nos hace más difícil seguir creyendo en Dios y en los hombres; surgen las crisis de la fe; la duda sobre Dios y la desesperanza de lo “imposible”... Entonces nos envuelven el miedo, la zozobra, nace la desconfianza y el “sin sentido” de esta existencia con sus dolores y alegrías tan fugaces.

Todo lo anterior puede ser signo de una fe débil y pecadora.  

Entonces ayer, hoy y mañana ha de surgir desde el fondo de nuestras almas, el grito, como surgió desde el alma de Pedro y sus compañeros en la barca y el mar embravecido: “¡Sálvanos Señor, ahora y para siempre; ponemos nuestra confianza, libertad y amor en ti y en los hermanos con la fe que nos ha de salvar y dignificar para toda la vida presente y futura!”. 




Comentarios
No existen comentarios aún
Accesa o regístrate para poder comentar

Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 20.58
Venta 21.08
€uro
Compra 21.98
Venta 22.48

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad