Thursday 08 de December de 2016

Jesús resucitado y sus discípulos de Emaús

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      3 May 2014 21:52:02

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Jesús resucitado apareció a los discíupulos. (Cortesía)
Jesús resucitado apareció a los discíupulos. (Cortesía)
Introducción
Nuestra Iglesia católica está celebrando con fe sincera y renovada el hecho señero de la resurrección del Señor Jesús.

Efectivamente, desde el Domingo de Resurrección, se empezaron a contar 50 días en los cuales los cristianos vivimos intensamente las alegrías de la pascua de resurrección, iluminando nuestras vidas con el esplendor de Cristo Resucitado.

En este tiempo pascual, nuestras celebraciones eucarísticas nos presentan las apariciones de Cristo vuelto a la vida, en diversas circunstancias, a personas aisladas y a grupos de discípulos que por gracia y elección divina, son los testigos cualificados de la resurrección de Cristo.

También son heraldos y transmisores de esta verdad máxima y centro de la vida de la Iglesia como prolongación de la presencia en ella, del resucitado.

Hoy, estamos invitados a contemplar y asimilar las enseñanzas e inspiraciones que surgen del relato evangélico de San Lucas, quien es el único que nos lo transmite, acerca de Jesús resucitado y sus dos discípulos de Emaús.

Jesús resucitado se aparece a los dos discípulos de emaús
Esta escena del evangelio de hoy se despliega en cuatro cuadros o momentos:

A) En un primer cuadro aparecen estos discípulos quienes se dirigían a su aldea de origen, llamada Emaús, a poca distancia de la ciudad de Jerusalén.

Van conversando sobre los acontecimientos de lo que acababa de suceder con relación a Cristo, el Mesías que se había manifestado con obras admirables, señales y signos, que lo cualificaron como tal.
Sin embargo en esa tarde del Domingo de Resurrección, se muestran desalentados, tristes e incrédulos con relación a su Maestro que les había revelado que resucitaría al tercer día, después de morir en la cruz.

Ellos esperaban que dicho Mesías daría al pueblo la libertad, la unión y la felicidad. Pero ya era el tercer día de su muerte y no pasaba nada de lo que ellos esperaban.

B) En un segundo cuadro estos dos discípulos muestran que ya han perdido la fe y la confianza en Cristo, debido al escándalo de la cruz y la aparente derrota del que se llamaba el Mesías.

Se muestran desalentados y se sienten decepcionados porque esperaban un desenlace muy distinto y no el ignominioso fracaso del Maestro ajusticiado y muerto en una cruz, con el odio y el rechazo de los dirigentes religiosos y civiles del pueblo.

C) En este tercer cuadro Jesús se les aparece sin que ellos lo reconozcan y al empezar a conversar con ellos les reprende su incredulidad, su dureza de corazón y su tardanza en reconocer al Mesías resucitado, según las escrituras que habían hablado de él y del cumplimiento de su misión salvadora de acuerdo al plan de Dios.

D) En este último cuadro, cuando Jesús les habla tan cercano a sus corazones abatidos y desalentados, se sienten misteriosamente atraídos por él, se caldean sus corazones y lo invitan a quedarse con ellos esa noche.

Él acepta su invitación y cuando están juntos para la cena al bendecir los alimentos y al hacer la fracción del pan, sus ojos se iluminaron y sus mentes reconocieron a Jesús resucitado, quien luego desapareció.
Entonces, reconfortados e iluminados en su fe, regresaron inmediatamente a Jerusalén para dar la buena nueva de la experiencia gozosa de su encuentro con Cristo resucitado.

Claves para asimilar y penetrar este relato evengélico en este domingo tercero de la pascua

Esta narración de San Lucas es sencilla, humana y profundamente entrañable, pero para ahondar en su contenido presento tres claves para abrirnos a las enseñanzas de Cristo resucitado, vida de aquellos dos discípulos y también vida nuestra.

Clave escriturística
Esta clave es fundamental y muy alentadora para robustecer e iluminar nuestra fe en Cristo.
Con base en la revelación y enseñanzas de las sagradas escrituras, podemos ver sin lugar a dudas, que la certeza de nuestra aceptación de Cristo, es el cumplimiento de la voluntad de Dios, manifestada tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.

Los dos testamentos se complementan y van revelando, primero en figura antecedente del Antiguo Testamento y luego como realidad en el Nuevo, de que Jesucristo es nuestro Salvador, quien por su tránsito pascual, nos hace pasar de las tinieblas del pecado y de la muerte que este pecado trae consigo, a la luz participada de su resurrección de entre los muertos.

Quien ignore las sagradas escrituras se pone en el peligro de no conocer la revelación salvífica de Cristo, muerto y resucitado.

Clave eucarística
A Jesús resucitado se le reconoce en la fracción del pan y en la entrega de su Sangre.

En el memorial de su sacrificio y banquete todos los cristianos creyentes participamos real, verdadera y substancialmente en la presencia eucarística de Jesús cumpliendo su mandato por la acción del Espíritu Santo: “Hagan esto en conmemoración mía”.

Al igual que los dos discípulos de Emaús hoy y siempre, los que creemos en Jesucristo resucitado, lo reconoceremos en la fracción del pan y en la entrega de su sangre para que tengamos vida del resucitado y nos lleve consigo a la resurrección final en la vida eterna del cielo.

Clave comunitaria
Podemos afirmar que los dos discípulos de Emaús son del tipo de todos los que creemos en Cristo y nos declaramos a partir de nuestro bautismo, discípulos misioneros.

En la comunidad a la cual volvieron estos dos hombres, es donde se realiza con plenitud ascendente, el encuentro con Cristo muerto y resucitado.

En el seno de nuestras asambleas eucarísticas leemos las sagradas escrituras que siempre se refieren a Cristo.

Al ir meditando la palabra del Señor en nuestras celebraciones de la Eucaristía se va iluminando nuestro espíritu y se caldea nuestro corazón.

Reconocemos con fe iluminada la presencia del Señor al partir el pan y al beber el vino consagrados por los cuales en memoria del Señor nos alimentamos y damos rumbo nuevo a nuestras vidas para ser luego anunciadores del evangelio de Jesús en las mismas comunidades y ante los pueblos y naciones.

Exhortación final
¡Seamos verdaderos discípulos misioneros de Cristo resucitado y su evangelio en la Iglesia y para el mundo: en las familias, la sociedad, el ambiente de los trabajos, en las alegrías y en las penas, Cristo vive en nosotros y por eso amándolo y sirviéndolo nos identificamos con los discípulos de Emaús en el tiempo y para siempre, hasta llegar a la comunidad del cielo donde celebraremos en el Cenáculo de la comunión de los santos, la pascua eterna!




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