Thursday 23 de March de 2017

Juchitán

Eric Nava Muñoz.      27 Mar 2014 19:10:05

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Casa de Cultura de Juchitán. (Cortesía)
Casa de Cultura de Juchitán. (Cortesía)
La Casa de la Cultura de Juchitán, fundada y financiada por Francisco Toledo en 1972, junto a Macario Matus, Elisa Ramírez y Víctor de la Cruz, no fue propiamente un proyecto de lo que hoy se denomina arte participativo.

Es decir, no tenía la intención de promover nuevas formas de interacción en la comunidad como forma estética.

Sin embargo, es imposible no considerar a la Casa de Cultura y al propio Toledo como un factor determinante, aunque involuntario, en el desarrollo de la Coalición Obrera Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI), que ganaría la presidencia municipal en la elección de 1981 y la redefinición de la identidad zapoteca.

Juchitán fue el primer municipio del país gobernado por un partido socialista. Oliver Debrois y Cuauhtémoc Medina lo definen como un experimento que se convirtió en símbolo de las luchas sociales que en las siguientes décadas girarían en torno al binomio democracia electoral/reivindicación étnica.

Fue un momento inédito en el que la historia local, la lengua zapoteca y las fiestas tradicionales se presentaban como una resistencia frente a la cultura nacionalista del régimen en el poder.

Carlos Monsiváis señaló que en el impulso de la COCEI concurrieron varios factores, entre otros la presencia de este grupo de artistas e intelectuales y su intento de reconstruir el legado histórico y cultural de Juchitán.

Toledo no provocó el movimiento, no pertenecía a la COCEI, pero los dejó entrar a la Casa de Cultura, les dio visibilidad.

Para Debrois, el episodio juchiteco se presentó como un caso mediático que se debió en gran parte a la personalidad y visibilidad del artista, que no lo protagonizó ni fue su víctima, pero estuvo ahí.

Más allá de sus consecuencias en la política electoral, la casa de cultura fue un detonador de la vida intelectual en el municipio.

Contra la opinión de historiadores y antropólogos, la investigadora Wiltrd Dresler cree que la moderna vida intelectual de Juchitán de ningún modo radica en la sociedad zapoteca.

Para Dresler, es resultado de eventos recientes, uno de ellos, la fundación del centro que se convirtió en el foro de discusión pública entre intelectuales, en un espacio de resistencia cultural que mediante el intercambio con otras instituciones dio lugar a nuevas formas de concebir la cultura zapoteca.

Cuando en 1983, por amenazas y ataques directos, Toledo decidió salir de Juchitán, para nunca volver, trasladó los acervos a la capital del estado.

De ahí nació el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca y más tarde otros espacios como el Centro de las Artes de San Agustín Etla: todos, al igual que la Casa de cultura, como actos públicos, como formas de resistencia o crítica frente al orden político.

“Toledo es el actor de una presencia artística que opera en su entorno, a un chasquido de sus dedos, muchas veces sin que él se lo proponga”, escribe Debrois.




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