Saturday 25 de February de 2017

Junio 21 de 1914

Marco Antonio Flores Zavala      20 Jun 2014 22:00:07

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Los heridos eran llevados al hospital civil o a la Escuela Normal de Señoritas. (Cortesía)
Los heridos eran llevados al hospital civil o a la Escuela Normal de Señoritas. (Cortesía)
Al concluir el domingo 21 de junio de 1914, los novedosos vagones motorizados marcaron el trajinar en las calles empedradas de la vetusta ciudad de Zacatecas.

Las ambulancias iban a las trincheras para llevar municiones. Volvían al centro con heridos sangrantes y muertos desfigurados.

Los conducían al hospital civil y al edificio de la Escuela Normal de Señoritas. A otros los llevaban a los hoteles, donde convalecían e iniciaban una nueva vida.

En diferentes momentos cayeron en la ciudad proyectiles que aturdieron los árboles de los jardines y sorprendieron a los que andaban por la calle. Los proyectiles eran de acero, delgados y de punta aguda.

El ruido fue insoportable. Los cañones modernos y precisos no silenciaron su boca. Desde la estación, el cañón denominado El Niño fue disparado tanto, que los federales desalojaron a la artillería constitucionalista que ocupaba la trinchera de 5 Señores.

Las trincheras de La Bufa y las próximas a la estación fueron los lugares con más acción.

Por la tarde del domingo 21, la estación fue ocupada por los constitucionalistas, pero fueron desalojados por un vigoroso ataque federal.

Desde La Bufa, los federales dispararon a los cerros próximos a Vetagrande. Lo hicieron para desbastar las trincheras constitucionalistas.

El libro clásico Las grandes batallas de la División del Norte al mando de Pancho Villa expresa: “Los federales eran en número de 12 mil hombres, y contaban con 13 cañones perfectamente pertrechados y con emplazamientos fortificados…”

Los individuos estaban distribuidos “en los cerros de La Bufa, Tierra Negra, Loreto, La Sierpe, El Grillo, la estación del ferrocarril, El Padre, Guadalupe y Crestón Chino…”

La lluvia fue otro actor distinguido en el teatro de la guerra. Ese día cayó un aguacero, casi sin límite. En los cerros la lluvia hizo sus rúas. En las calles el agua corrió y, como siempre, arrastró mugre y piedras.




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