Monday 05 de December de 2016

La ausencia de controles externos y confiables 

J. Luis Medina Lizalde      28 Apr 2014 09:37:36

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Hace pocos días se conoció un hecho de suma gravedad acaecido en Guadalupe, Zacatecas.

Dos jóvenes todavía menores de edad fueron remitidos a la Dirección de Seguridad Pública, y uno de ellos fue rápidamente liberado por sus padres y decidió dar aviso a los papás de su amigo para que también fuera liberado, pero cuando estos últimos acudieron dispuestos a pagar la multa se llevaron la sorpresa de que nadie les dio razón del paradero del muchacho y poco tiempo después encontraron su cadáver junto a una presa, sin que nadie explique lo sucedido.


La noticia pronto se desvaneció, no hubo  seguimiento periodístico ni cuestionamiento de fondo a la presidencia municipal ni a la Procuraduría, el asunto ni siquiera alcanzó el nivel de temas de menor relevancia que suelen generar un gran ruido mediático, hasta pareciera que no nos impacta el ánimo la posibilidad de un execrable homicidio cometido por policías.


El tiempo dirá si este caso se agrega a la ya muy extensa lista de crímenes sin resolver, lo que sí queda de manifiesto es que en Zacatecas no existe control confiable sobre los cuerpos policiacos municipales y estatales altamente penetrados por la delincuenca organizada.


Si el gobierno tuviera interés al menos de introducir los cimientos de una verdadera política de seguridad pública encontraría valiosas sugerencias contenidas en la más reciente obra de Edgardo Buscaglia, uno de los expertos mundiales en delincuencia organizada, cuyo libro Vacíos de Poder en México fue presentado al público zacatecano teniendo al procurador Arturo Nahle como comentarista, en donde el autor asigna un papel decisivo a la participación ciudadana y al Congreso para, más allá de la perspectiva meramente policial,  establecer controles preventivos con legitimidad social como estrategia contra la delincuencia organizada.


Distinguir a  los buenos de los malos 
Sería de gran ayuda la creación de una instancia externa a los cuerpos municipales y estatales capaz de recibir y verificar  la abundante información de los agentes en torno a quiénes de sus jefes y compañeros están en complicidad con las bandas organizadas y cuáles son las evidencias que se pueden obtener para fincarles responsabilidades. 


Sería sencillo indagar el origen de riqueza mal habida registrada a nombre de cercanos; se pudieran esclarecer públicamente muchos episodios delictivos y se pudiera desmantelar la intrincada red de complicidades que cubrieron a Iván Velásquez, El Cincuenta que durante años le permitieron refugiarse en Valparaíso cuando Fresnillo se ponía “caliente”, red que por cierto sigue intocada a pesar de que El Cincuenta es ahora testigo protegido en Estados Unidos, a cambio de información que se supone compromete a sus cómplices institucionales en estas tierras de sus hazañas, ¿o a poco nadie le ayudaba a este hombre al que solo le faltó salir en la sección de sociales apadrinando una quinceañera?


Un órgano de control externo capaz de garantizar la seguridad de los agentes para que digan lo que saben, podría ser el instrumento para dilucidar si la extensa lista de delitos sin aclarar es consecuencia de insuficientes elementos y equipo, de escasa preparación o, por el contario, de deliberada esterilidad investigativa.


Se aclararía si tienen razón los elementos ministeriales que sostienen que la ración de 20 litros de gasolina por vehículo les limita su capacidad de reacción en casos de emergencia. 


Pudiera introducirse el adecuado control de los ayuntamientos  para que todas las  multas por faltas administrativas se reporten a la hacienda municipal y no solo una parte de las mismas y así evitar la motivación perversa de detenciones arbitrarias.


Con órganos de control como los  que refiere Buscaglia, los exámenes de control de confianza no provocarían la desconfianza de los agentes que señalan que “ni son todos los que están ni están todos los que son” a la hora de saber la lista de aprobados y reprobados. 


 Los gobiernos de los estados insisten en que el estado que gobiernan es de los más seguros y que van ganando la batalla a la delincuencia, lo mismo en Veracruz que en Morelos, en Tamaulipas que en Guerrero y desde luego, Zacatecas, cuando la realidad es que estamos lejos de ver el final del túnel, como lo acredita el uso de marinos y la policía preventiva, (en Zacatecas ya no es raro verlos patrullando las calles en vehículos de la Policía Estatal Preventiva).


En un inicio, la cordial recepción del gobernador y del procurador a Edgardo Buscaglia parecía muestra de voluntad de búsqueda de experiencias aplicables a nuestro entorno, pero el tiempo pasa y no nos queda más que pensar que el prestigiado experto en seguridad para lo único que les sirvió fue para la foto.


Nos encontramos el jueves en El recreo. 






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