Sunday 04 de December de 2016

El arrogante cientificismo

Miguel G. Ochoa Santos      5 Oct 2014 21:54:07

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Un entrañable amigo regiomontano reprocha mis alegatos contra el racionalismo científico. Cree que prefiero las oscuras delicias del irracionalismo a los solventes rayos del pensamiento lógico.

No es así, se lo he dicho miles de veces, pero no logro convencerlo de que mi cabreo es con la vertiente extremista de aquella posición.

Me niego a adorar la visión chata que sólo considera la vida desde el rasero de la cuantificación universal. Y confieso que detesto el impresentable maridaje que algunos científicos han fraguado con el poder y el dinero, porque el criterio de utilidad y rendimiento productivo socava la perplejidad filosófica que al pensar le es inmanente.

Es indiscutible que la economía mercantil potencia el conocimiento, pero lo hace sólo en áreas y actividades donde las ganancias son cuantiosas, aunque no significa que sean valiosas en el sentido más hondo del término. Lo redituable está asociado al bienestar de las élites económico-políticas, pero no necesariamente a la prosperidad de los ciudadanos.

Además, la metafísica mano invisible del mercado no es un autómata desprejuiciado que asigna a cada quien lo que le corresponde, de acuerdo al esfuerzo y trabajo realizado, mucho menos en México. Aquí existen un sinnúmero de agentes e instituciones que presionan cotidianamente para torcer las leyes de la libre oferta y demanda de capital, mano de obra y servicios.

Basta revisar las recientes disputas entre las empresas de telecomunicación por ganar terreno, a costa de los intereses de los usuarios y el país mismo.

El sector minero es también un ejemplo de voracidad sin límites. Explota ingentes yacimientos y al mismo tiempo produce estragos socioecológicos que en la mayoría de los casos son irreversibles. Por cierto, en este caso no hay una proporción “racional” y razonable entre los jugosos dividendos empresariales y calidad de vida de los trabajadores. La cuantificación, por tanto, sólo funciona en un lado de la ecuación.
Quizá uno de los casos más patéticos de la manía cuantitativa se está dando en el IMSS. Allí, la planeación (ir)racional del gobierno actual ha hecho que la atención a los ancianos sea inmisericorde, acaso porque los maltrechos cuerpos de éstos son improductivos y, por consiguiente, onerosos para el erario público. En lugar de recibir respeto, algunos infames médicos que tristemente laboran allí les recetan buenas dosis de desprecio y leves paliativos, los cuales serían una burla para una ciencia verdaderamente comprometida con la vida humana.

Tanto la economía como el sistema científico tienen una deuda con la ciudadanía. Se habla de progresos tangibles, pero estos no siempre llegan al bolsillo de las personas ni mejoran integralmente la vida diaria. A veces, únicamente queda la arrogancia cientificista

Miembro del SNI




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