Saturday 03 de December de 2016

La desgracia de no ser francés

J. Luis Medina Lizalde      22 Jan 2014 22:00:05

A- A A+

Compartir:
Si Édgar Tamayo hubiera nacido francés y no mexicano, otro gallo le cantara.

La violación al debido proceso y la circunstancia de figurar en la lista de 51 mexicanos condenados a muerte en Estados Unidos, cuyos procesos debieran ser revisados por resolución de la Corte Internacional de Justicia por haberse acreditado la violación de sus derechos en las causas que se les sigue, hubiese sido arsenal argumentativo suficiente para que el gobierno de su país de origen se empleara a fondo y no descansara hasta verlo de regreso.

Como con Florence Casséz, la opinión pública sería informada con abundantes detalles acerca de las aberraciones de la justicia que condenó a su compatriota, estimulando poderosas corrientes de respaldo ciudadano a la postura oficial de reclamo sereno, pero firme.

A lo mejor desde que inició su juicio, de haber nacido francés, Édgar Tamayo sería motivo de controversias apasionadas entre los que lo reconocieran capaz, y los que no, de asesinar con un tiro en la cabeza al policía que lo detuvo y que lo confinó en el asiento trasero de una patrulla debidamente esposado con las manos a la espalda y presumiblemente sin arma, pues todos los policías del mundo tienen el hábito de esculcar a los detenidos y quitarles todo objeto susceptible de ser usado como arma.

De haber nacido francés, Édgar Tamayo sería arropado por su gobierno a partir de su discapacidad mental, si acaso no fuese suficiente, para anular el fundamento acusatorio de una supuesta prueba de balística que presentaron positiva en su mano izquierda sin que Tamayo fuera zurdo.

De haber sido francés, Tamayo hubiera contado con los 5 mil dólares que le pedían para repetir la dichosa prueba que, según su convicción, demostraría su inocencia y echaría abajo el testimonio del individuo que lo inculpó mediante la consabida “colaboración” a cambio de un trato benigno a la culpa propia.

Ni hablar, Édgar Tamayo nació mexicano, en Miacatlán, Morelos, para ser preciso, hace exactamente 46 años, 20 de los cuales pasó en prisión pagando por la muerte posiblemente cometida por el”amigo” que conoció horas antes y que fue, según la versión de Tamayo, el que realizó el asalto y salió libre a cambio de testificar contra el infortunado Édgar.

Escribió su dolor con el gobierno mexicano y con la Comisión Nacional de Derechos Humanos; nunca sintió el apoyo de México que Florence Casséz tanto agradece de Francia.


La Ley del Talión estilo Texas
Es verdad reconocida que la justicia de Estados Unidos es racista con latinos y negros, pero Texas les dice “quítate que ahí voy”. Sus gobernantes y jueces se pasan por el arco del triunfo el derecho internacional y han ignorado olímpicamente los signos de inocencia de buena cantidad de ejecutados, sobre todo si estos son pobres y prietos.


Para colmo de males, la cultura de “La Ley del Talión” hace que la pena de muerte cuente con un amplio respaldo ciudadano, sin desconocer la existencia de ennoblecidos segmentos de la sociedad estadounidense opuestos al “ojo por ojo, diente por diente” y que no se han dejado contaminar por la barbarie.


El silencio de los indecentes
Tenemos décadas de una política exterior alejada de los principios que alguna vez dieron brillo internacional a nuestro país. El único patriotismo digno de ser practicado tiene fecha precisa: el 16 de septiembre. La fuente de autoestima nacional consagrada por el neoliberalismo es la selección nacional de futbol, lo demás es anacrónico.

Aun así, el gobierno mexicano, cada vez que los gringos ejecutan a un compatriota sin acatar el principio internacionalmente convenido del debido proceso, hace declaraciones y finge preocupación por la suerte del infortunado, pero los gringos saben que son poses para consumo interno.

La sociedad mexicana no se vuelca, como la francesa, en defensa de sus compatriotas en el exterior y no blande el voto de castigo como los franceses para castigar a los gobernantes que perciban indiferentes o negligentes en la protección de los de casa en peligro en otras tierras.

Nuestros políticos no ven rentabilidad electoral en el tema, por ello no se podrá poner fín a la barbarie institucionalizada que tantas víctimas cobra entre nuestros migrantes si la sociedad de ambos lados de la frontera no se concientiza al respecto.

Claro, eliminar las causas de la migración por necesidad sería el remedio, pero junto con eso, en estos momentos el apoyo a los mexicanos que allá viven es una impostergable tarea, entre otras cosas, por elemental autodefensa y por gratitud, porque ellos mandan más dólares que los que recibimos del exterior por cualquier otro concepto, con excepción del petróleo.

Nos encontramos el lunes en El recreo.
 




Comentarios
No existen comentarios aún
Accesa o regístrate para poder comentar

Lo más leído
Carambola brutal; mueren 2 personas
Economía incierta para 2017: analistas; efecto Trump
Se impulsará expansión del libre comercio: Peña
Busca Inapam incrementar beneficios para adultos mayores 
Los hermanitos Ramos esperan con fe al Niño Dios
La FEPADE y el IEEZ trabajando de cara para la elección extraordinaria
‘No pagaremos el muro, ni negociaremos nada al respecto’: SRE
Hallan equipo de espionaje en el Congreso de Aguascalientes
Le llueven más cargos a Duarte; presentan denuncia por omisiones
Muro de Trump traería graves consecuencias para la biodiversidad: PNUMA
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 20.58
Venta 21.08
€uro
Compra 21.98
Venta 22.48

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad