Sunday 04 de December de 2016

La dignidad del matrimonio y de la familia en el plan de Dios

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      28 Dec 2013 21:10:29

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La Sagrada Familia del cordero, de Rafael de Urbino. (Cortesía)
La Sagrada Familia del cordero, de Rafael de Urbino. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
La Iglesia, presencia de Cristo, el Emmanuel, en el mundo, está siempre atenta a iluminar y conducir a los hombres por los caminos del bien y de la verdad a la luz del evangelio, como la buena nueva del reino de Dios. Por eso, el tema de la familia humana siempre actual es objeto de la solicitud pastoral de los cristianos comprometidos en el cumplimiento de la voluntad de Dios.

Los papas, y de manera particular el actual, su santidad Francisco, con la gracia de Dios han tratado y tratarán de fortalecer y llevar por buen camino a las familias como institución necesaria para el progreso de sus miembros al servicio de la Iglesia y del mundo, buscando dar gloria a Dios y por ello mismo la santidad de los creyentes.

Los domingos inmediatamente cercanos a la solemnidad de la Natividad de Jesucristo, la liturgia eucarística los dedica de manera muy especial a reflexionar y profundizar en el ser, naturaleza y desarrollo de las familias bajo la guía necesaria del Espíritu Santo, elevando su dignidad natural al plano sobrenatural de la gracia.


LA DIGNIDAD DEL MATRIMONIO Y DE LA FAMILIA EN EL PLAN DE DIOS
Desde que fueron creados el hombre y su compañera la mujer, Dios los estableció íntimamente unidos por el conocimiento y el amor mutuos en orden a realizar la fecundidad que se ordena a perpetuar la especie humana.

Los hijos, fruto precioso de los cónyuges, son el don maravilloso con el cual se corona la entrega y el amor libres del hombre hacia la mujer y de la mujer hacia el hombre.

Los padres y los hijos llevan la señal de la “imagen y semejanza de Dios”. Son llamados por peculiar vocación a ser trasmisores y guardianes de la vida.

Precisamente, la dignidad del matrimonio y de la familia queridos por el Creador y luego elevados al consorcio de la vida íntima del Altísimo, no pueden ser fruto de la mera libertad humana débil y pecadora.

El fundamento sólido de esta institución familiar es la unidad indisoluble y complementaria, en la fidelidad de los esposos al servicio y donación para el crecimiento y el cuidado de la prole.

En este sentido no debe interpretarse en significación reducida esta institución, como se ha dado en estos tiempos llamarla “familia tradicional”. Esta tradición ciertamente válida responde, por encima de todo, a la voluntad y autoridad de Dios que la creó y le ha dado fondo y forma en la historia de la salvación temporal abierta a la eternidad.


ALGUNOS RASGOS O CARACTERISTICAS DEL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
Primeramente, el ejemplo válido y trascendente de esta institución libre y amorosa, es la Sagrada Familia de María, José y el Niño Dios. La vida de esta familia en Nazaret con todos sus valores y virtudes son, y deben ser, fuente de inspiración para todas las familias cristianas y no cristianas.

Sus valores y principios son de orden natural y sobrenatural. Se extienden a toda unión esponsalicia, de donde brotan y se salvaguardan la vida y el desarrollo armónico y progresivo de las personas de sus hijos.

Desarrollo de sus almas y sus cuerpos en las dimensiones inalienables de toda persona humana, como son fundamentalmente la recta asimilación en las conciencias de la verdad y del bien, que son principios y fuentes de la auténtica dignidad de los hijos de Dios que vienen a este mundo y que viven la necesaria vida moral en el comportamiento diario y fiel del cumplimiento de la voluntad divina.

También, en la enseñanza de la revelación divina, la familia está hecha como un reflejo y participación de la gran familia trinitaria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

A partir de esta verdad revelada, las familias constituyen como células vivas, la gran familia que es la Iglesia de Cristo y como base insustituible de la sociedad humana en el mundo. Por estas razones las familias son fundamento sólido sobre el cual debe construirse la comunión de pueblos, razas, culturas y lenguas.

No en balde, según la doctrina de San Cipriano citada por el Concilio Vaticano II, toda la Iglesia se manifiesta como “una muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” ( L. G. n. 4 ).


DESARROLLO Y TESTIMONIO DE LAS FAMILIAS EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO
Toda formación y educación de los hombres supone insoslayablemente la tarea y el testimonio de la familia. Sin ella es muy difícil conseguir que las personas puedan tener adecuadamente un proyecto digno de su grande modo de ser y desarrollarse.

El Papa Juan XXIII designó a la familia como “iglesia doméstica”, en la cual deben practicarse los grandes valores que forman a los seres humanos. Sobre todo en la comunión familiar bien constituida deben vivirse y cultivarse las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad. Asimismo, las virtudes cardinales de la justicia, la prudencia, la fortaleza y la templanza, hoy tan descuidadas en el seno de muchas familias.

La educación y las buenas maneras, junto con el respeto a la dignidad de cada quien, salvaguardando los derechos y obligaciones de cada persona consigo misma y para con los demás.

El amor y la dedicación al trabajo auguran la salud de las familias con el acopio y esfuerzo de cada miembro, en la paz, la participación de bienes materiales y espirituales, con la alegría que conforten y ayuden en la enfermedad, en los retos que todos debemos afrontar en nuestra existencia.

En una palabra conjuntar las dimensiones que deben reunir y vivir cada familia: ser simultáneamente hogar, templo y escuela y, a partir de estos valores, ser formados cristianamente como discípulos y misioneros de Cristo y su evangelio.


CONCLUSIÓN
¡Que nuestras familias crezcan y sean felices en las pruebas, dolores, y la muerte, con la fuerza del amor y de la gracia que Cristo nos ha merecido con su Pascua, para el tiempo que pasa y para conquistar la palma de la victoria feliz en la comunión espiritual y perdurable del cielo!...
 




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