Wednesday 07 de December de 2016

La enfermedad y la pobreza

Antonio Sánchez González      19 Dec 2013 21:30:06

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Don Marcelo tenía la piel enrojecida y comezón que no lo dejó dormir las 20 noches previas, a pesar de píldoras y unturas. No fue embarazoso explicarle que la biopsia de su piel nos dejó saber que tenía un linfoma cutáneo. Los médicos sabemos que, a veces, la parte difícil de explicar acerca de un cáncer curable es precisamente la posibilidad de curación. ¿Cómo decir que para no morir existe una pastilla con nombre raro, vorinostat para más datos, que puede asegurar la sobrevida, sin que se parta el alma al adivinar en los ojos de la mujer de la familia que 800 mil pesos es un número inalcanzable? Es inimaginable.

La pobreza de una sociedad se puede medir de muchos modos. La enfermedad es el más crudo, porque duele. El 95% de las muertes por tuberculosis, padecimiento potencialmente curable, suceden en países de bajos ingresos, y 10 millones de niños quedaron huérfanos a causa de la misma enfermedad en 2010.

El SIDA es controlable si se tiene dinero y educación. La malaria, marcador mundial de pobreza, que mata a unos dos millones de personas en el mundo, la mayoría niños, en algunas zonas de México alcanza cifras equiparables a las de algunos países del norte de África. No hablemos del número de niños enfermos de gastroenteritis en nuestras zonas rurales.

Pero no solo las epidemias señalan la miseria de una colectividad. Hay demostración científica de que los niños que nacen en pobreza tienen índices de coeficiente intelectual que pude dificultar el aprendizaje y el desempeño social el resto de la vida, de forma equivalente al déficit que se da en sujetos afectados por alcoholismo crónico. Este daño sucede, en buena parte, porque los individuos en grupos de miseria consumen la mayor parte de su energía en conseguir alimentos y otros problemas inmediatos. Las gastan en sobrevivir. Cuando a un escenario así se le suma una enfermedad, casi obligatoria, la que sea, se vuelve imposible salir de la trampa que significa comprar las medicinas a medias. Curarse a medias.

Comer a medias.
Hay expresiones más sutiles de las mismas taras: la posibilidad de sobrevivir a un infarto del corazón aumenta si la sociedad tiene los medios para poner en un hospital en la primera hora a quien lo sufre y, además, pagarle un procedimiento que en México cuesta alrededor de 120 mil pesos.

La medicina preventiva es la única salida, pero tiene el requisito de la educación, y la falta de ésta es compañera casi ineludible de la indigencia.

Los médicos podemos palpar la pobreza, en la superficie de la piel de cada enfermo. Podemos medirla en el largo de la fila de la sala de espera de las instituciones gubernamentales de salud. Podemos olerla.

Podemos verla en la expresión de quien recibe la noticia de que va a morir por ella.
 




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