Friday 09 de December de 2016
»Este 6 de enero se celebra el Día de la Enfermera 

La enfermería, una labor de vocación

Melina González      5 Jan 2014 19:30:05

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  • María de Lourdes Morúa, jefa de enfermeras en el hospital del IMSS, dijo que sin empatía no se puede ser enfermera. (Nallely de León) María de Lourdes Morúa, jefa de enfermeras en el hospital del IMSS, dijo que sin empatía no se puede ser enfermera. (Nallely de León)
  • Martha Solís, enfermera de vocación. (Nallely de León) Martha Solís, enfermera de vocación. (Nallely de León)
  • María Lumbreras, a punto de jubilarse. (Nallely de León) María Lumbreras, a punto de jubilarse. (Nallely de León)
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La enfermería no es una carrera, es una vocación. Es una profesión que, si no se hace con el corazón, simplemente no puede ser.

Es una labor en la que constantemente las emociones y el temple son puestos a prueba; en la que tras una intensa jornada en la que el cuerpo, la mente y el corazón son puestos al límite, la única recompensa es la vida de un ser humano.

Para estos trabajadores de la salud, una sonrisa, un “gracias” o simplemente una mirada son el mejor pago a su extenuante jornada laboral, a compromisos familiares rotos y cumpleaños de hijos, esposo, madres y padres no asistidos.

Por dicho motivo, Imagen se dio a la tarea de entrevistar a tres enfermeras como un pequeño homenaje a su importante labor, debido a que este 6 de enero se celebra el Día de la Enfermera.

“La enfermería es pasión y arte”
“Desde chiquita jugaba a hacer hospitales con las cajas de zapatos; siempre me gustó el contacto con la gente, el poder ayudarla, el saber que con mis conocimientos yo podría incluso hasta salvarles la vida”, expresó Martha Irene Solís González.

Ella lleva siete años ejerciendo la profesión y actualmente se encuentra en el área de tococirugía y cirugía general del hospital del IMSS. Explicó que por azares del destino no estudió la carrera de medicina, por lo que entró a enfermería, profesión que ama y respeta.

La enfermera, quien es también tanatóloga, aseguró que esta carrera requiere de pasión, ya que maneja las emociones humanas, “no estamos manejando un documento, un bloc, un montón de papeles; estamos tratando con personas”.

Aseveró que son muchos los momentos gratificantes que a lo largo de siete años ha tenido: “cada paciente deja algo, en las buenas y en las malas, siempre nos queda algo; sin embargo, lidiar con la muerte siempre es lo más difícil”.

Refirió que no solo se tiene que tratar al paciente, sino a sus familiares, situación que se complica cuando se trata de un paciente en etapa terminal o en el caso de los infantes, con quienes “es más difícil porque cronológicamente no estamos con la idea de que puedan fallecer”, aseguró.

Solís González explicó que para lidiar con las propias emociones se debe establecer una barrera y anteponer la necesidad de brindar un servicio y ayuda a los pacientes y con ello, evitar hundirse en la depresión.

Por tal motivo, aseguró que la enfermería es un reto en el que se requiere una actualización constante, por lo que se sacrifica en muchas ocasiones a la familia, aunque aseveró que dichos sacrificios “valen la pena”.

“Si volviera a nacer, volvería a ser enfermera”
Desde 1985, María Concepción Lumbreras Paredes labora como auxiliar de enfermera general en el hospital del IMSS. Tras 29 años de servicio, dijo estar triste porque este año se jubilará.

Afirmó que desde pequeña siempre tuvo el gusto por ayudar a los demás, pues para ella, la enfermería es una vocación innata en el ser humano, “se nace con o sin ella, pero se tiene desde pequeño, se posee esa necesidad de mejorar la vida de los demás”.

Pese a los grandes sacrificios que a nivel personal ha tenido que enfrentar, como ausentarse por largas jornadas de su familia, Lumbreras Paredes, con total convicción, aseguró que si volviera a nacer, volvería a ser enfermera.


Además, destacó la importancia en el trato hacia los pacientes, el cual debe ser cálido y humano, sin importar la condición del paciente. Precisó que durante sus tres décadas de servicio se rigió bajo la premisa: “tratar como quiero que me traten”, actitud que le ganó el cariño y respeto de pacientes y colegas.

La enfermera, con algo de nostalgia, mencionó que se va con cientos de buenos y malos recuerdos, aunque aseguró que la mejor gratificación es cuando se recupera el paciente.

Sobre la situación más difícil para ella, comentó que es ser testigo del dolor de los familiares de un paciente cuando este fallece: “el verlos sufrir por su pérdida es siempre algo muy triste de presenciar, algo a lo que jamás nadie se va acostumbrar”.

“Hay que tener empatía por la vida”
Sin empatía no se puede ser enfermera, aseguró María de Lourdes Morúa Jaramillo, enfermera desde hace 24 años y actual jefa de enfermeras del Hospital del IMSS.

Morúa Jaramillo, quien tiene a su cargo cerca de 400 enfermeras y enfermeros, afirmó que lo más importante es tener empatía hacia la vida, hacia los pacientes y sus propios colegas para desarrollar de manera eficiente tan delicada labor.

“Se requiere mucha empatía con el quehacer, tener bien claro las funciones. Mi función es supervisar la calidad de la atención en la enfermería, tengo que coordinar y verificar que mi personal esté calificado y sea apto para el trabajo que les toca”, explicó.

Sin embargo, Morúa Jaramillo es de las pocas enfermeras que sabe lo que es estar del otro lado de la historia. De joven padeció una enfermedad cardiovascular congénita, por lo que pasó mucho tiempo en los hospitales, hasta que fue intervenida y su salud mejoró.

“De ese trato con los enfermeros y los médicos, de esa atención y ayuda que me dieron, nació mi gusto. De conocer el apego que crean con sus pacientes, de su dedicación”, narró.

Así, comenzó a estudiar enfermería, carrera que ha ejercido casi por 30 años y de la cual no ha dejado de aprender cosas nuevas o experimentar emociones, tanto positivas como negativas.

Morúa Jaramillo aseguró que la principal aptitud para ser una buena enfermera es la actitud de servicio: “tenemos que tener en cuenta, conocer y soportar de buena gana los múltiples sacrificios que se hacen, las desveladas, la ausencia con la familia en los días festivos, en las vacaciones; porque aquí no hay descanso, porque las enfermeras tenemos que estar en todo momento listas para apoyar y atender a nuestros pacientes”.

Comentó que gracias a esta profesión ha conocido a mucha gente que le guarda aprecio y que la recuerda con afecto. Aseguró tener más momentos gratificantes que tristes, aunque admitió que la muerte es algo que siempre pesa.

“La mejor manera de sobrellevar las situaciones difíciles es saber que se dio lo mejor de una misma, de sentirnos satisfechas con nuestro trabajo”, afirmó.


 




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