Saturday 10 de December de 2016

La escuela pública de la cortesanía y sus pésimos resultados

J. Luis Medina Lizalde      21 Sep 2014 20:48:18

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Miguel Alonso Reyes celebró su cumpleaños inmerso en la atmósfera lacayuna que acompaña a los transitorios detentadores de poder político en Zacatecas, desde que se impuso el celebrar lo privado en público.

Según las referencias periodísticas, el Centro Platero congregó a la singular pluralidad de emociones que la personalidad del gobernador inspira, ya que entre los asistentes figuran algunos de quienes lo aprecian, otros para los cuales es indiferente, los que ahí están porque le sacan raja a su sexenio y no faltaron algunos de los que es fama pública que lo aborrecen.

La magnitud del festejo suscita algunas legítimas interrogantes en torno a quien se hizo cargo de los gastos, entre los cuales probablemente figuran los honorarios de las cantantes Dulce, María Conchita Alonso y Flor Silvestre, quienes le cantaron de su ronco pecho al cumpleañero, algo que también hizo el alcalde de Fresnillo, Benjamín Medrano Quezada, llevándose los aplausos del respetable al imitar con fortuna a Antonio Aguilar.

La sospecha social sobre el origen público de los recursos utilizados en las fiestas privadas de la élite gobernante es inevitable, pero esta vez la suscita las distintas versiones al respecto.

Ateniéndonos a lo señalado por Paco Reynoso en su columna dominical de ayer: “En su discurso, Miguel Alonso quiso enmendar la metida de pata del PRI. Dijo que el banquete lo organizó el PRI. Pepe Olvera aseguró que lo pagaron el PRI, diputados federales y alcaldes”.

Suponiendo que la versión del gobernador es la correcta y no la de Pepe Olvera, vale preguntarse si la ley permite que los recursos asignados a los partidos políticos se gasten en financiar fiestas privadas, porque no debemos perder de vista que el dinero que ejercen los ayuntamientos y los partidos son públicos y, por lo tanto, están sujetos a la misma lógica y similares restricciones en su uso.

Es del dominio público que el gobierno de Miguel Alonso no ha cumplido con sus obligaciones con el Gobierno Federal de aportar su parte convenida en las áreas de salud y educación, para mencionar solo dos de las poderosas razones para asumir un comportamiento austero.

Nada tendría de censurable una fiesta de cumpleaños del gobernador y nadie tendría motivos para ocuparse del asunto desde la perspectiva del interés público, como así sucede con buena parte de los gobernantes que nunca pierden la conciencia de dónde termina lo privado y dónde empieza lo público; solo que en Zacatecas todavía se hace política al viejo estilo.

Los que aspiran a un cargo público organizan una comida, promueven la presencia de muchos asistentes, se aseguran que trascienda mediante comentarios que hablan de dizque poder de convocatoria y desatan especulaciones de que fulano y zutano están con el aspirante, aunque su presencia no va más allá de la aceptación cortés de una invitación (otros acuden al grito de “a la gorra, ni quién le corra”).

El gobernante es forja colectiva

El problema es que esa forma de usar el tiempo de la clase política no deja lugar para la atención de los muchos problemas que la sociedad presenta. Muchos plantones y marchas son fruto de la notoria desatención crónica que se padece.

Una sociedad que permite que quienes la gobiernan se ganen su acceso al poder mediante prácticas cortesanas está condenada al estancamiento. No estamos ante un hecho aislado, sino ante un pernicioso hábito que nos ha puesto en las fallidas manos de políticos sin contenido.

El gobernante es obra colectiva, lo forjamos entre todos. Lo que hacemos y lo que dejamos de hacer le da o le quita claridad de pensamiento y calidad en su acción. ¿Cómo va a saber Miguel Alonso que tiene a muchos ciudadanos irritados si cada vez que asiste a un acto público la gente que le rodea le dice cosas amables y le pide una foto con el celular?

¿Cómo adivina el gobernador que ese mismo ciudadano lo reprueba con severidad cuando supone que su dicho no trasciende? Es momento de recuperar la sobriedad en el ejercicio del gobierno, que se supriman los festejos púbicos de cumpleaños del gobernador, alcaldes y “aspirinos”.

Un afortunado "Zedillazo"
Ernesto Zedillo nos liberó del insufrible besamanos que tenía lugar después de leído el informe presidencial y sus equivalentes en estados y municipios. ¿Por qué no hacer algo semejante con el festejo público de lo privado?

Urge eliminar toda costumbre contraria a la creación de auténtica ciudadanía. Zacatecas necesita de políticos preparados, de convicciones reales y con carácter templado para las buenas y las malas. Los que van a todas no son socialmente útiles.

Nos encontramos el jueves en El recreo.

twitter: @ luismedinalizal




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