Tuesday 06 de December de 2016

La eterna del sueño y la palabra

Salvador Lira      1 Aug 2016 01:11:44

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Doña Margarita, una de las eternas mujeres de López Velarde. (Cortesía)
Doña Margarita, una de las eternas mujeres de López Velarde. (Cortesía)
La figura femenina en la obra de Ramón López Velarde es un tema amplio y con posturas que transitan entre un arraigo vivencial, frente a la mitificación. 

Si el nombre Fuensanta se inserta en el pedestal junto a otras, como Aurelia, aquellas mujeres que no sesgaron el vilo del nombre se encuentran en la versificación de perfiles, caminos y vistas, en la palestra taciturna compartida por Le Femme Fatale de Baudelaire. 

El eterno femenino de López Velarde se distingue de varios rasgos. Sencillo es confirmar su condición provinciana. En ella existe lo virginal, taciturno. En la ebriedad de la noche, para el poeta, su observancia es inmaculada, el hambre y la sed se debaten por la conciencia redimida, al dogma que con impaciencia teme a la trasgresión, anhela así el canto de una redención, que no llega. 

Se forja de tal manera una poética en que los ojos observan, los versos son también parlamentos y la expresión, aunque no exista punto de encuentro, es dialógica.  

En Pobrecilla sonámbula de La sangre devota se observa el ideal femenino lopezvelardeano. Siguiendo las reglas formales del madrigal –versos de siete u once sílabas con tema amoroso–, el espacio creado por el poeta es un paisaje que va de la clarividencia al nocturno. 

El poema inicia con el retrato del sitio:
Con planta imponderable
cruzas el mundo y cruzas mi conciencia, 
y es tu sufrido rostro como un éxtasis
que se dilata en una trasparencia.

De tal modo que los versos conectan tres elementos: El mundo, la conciencia del poeta y el sueño eterno de la mujer. 

Hay que hacer hincapié de que esta mujer de la que habla López Velarde es una “sonámbula”, es decir, que camina aún con el sueño. Jamás se indica el reposo, ni el despertar. Es un eterno sueño, con enlaces significativos de auscultación: La presencia dialógica de la mujer y el canto del poeta. La redención es femenina:
Devuelves su matiz inmaculado
al paisaje ilusorio en que te posas
y restituyes en su integridad
inocente a los hombres y a las cosas. 

La característica que vuelve inalcanzable a la sonámbula es conocer su cualidad del eterno sueño. No le atormenta el paso del mundo por diversos niveles, antes combina su pureza con el mandato beatífico en la atracción con el otro:
Así cruzas el mundo
con ingrávidos pies en transparencia
de éxtasis se adelgaza tu perfil, 
y vas diciendo: “Marcho en la clemencia,
soy la virginidad del panorama
y la clara embriaguez de tu conciencia”. 

Entonces el pobre no es la mujer, sino el poeta que se reconoce en la infinitud del camino. Ambos miran al mundo y lo redimen, lo crean. Dos opuestos que se unen en el sueño y la palabra. 


*Escritor e investigador.





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