Tuesday 06 de December de 2016

La figura de Jesús en el desierto y tentado allí por el demonio

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      8 Mar 2014 20:10:05

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Cristo fue tentado por el demonio en tres ocasiones. (Cortesía)
Cristo fue tentado por el demonio en tres ocasiones. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
Desde el pasado Miércoles de Ceniza hemos dado comienzo al tiempo de cuaresma. Hoy celebramos el primer domingo de este tiempo provechoso, en el camino de nuestra conversión con verdadero espíritu de penitencia y vuelta a Dios, dejando atrás las obras muertas del pecado, para dar comienzo a una nueva etapa, en la cual Cristo nos ofrece su perdón, gracia y liberación de todo aquello que obstaculiza el pleno desarrollo de nuestra vida cristiana, según la voluntad de Dios.

Él no desea nunca la muerte del pecador, sino que se convierta y se salve, recorriendo el camino de la vida bajo su mirada y quien nos ve desde lo alto, nos ilumina y nos ayuda, para establecer en nuestras almas su reino de la vida, del amor, la fraternidad y la justicia.

CRISTO PRESENTE EN EL DESIERTO Y TENTADO ALLÍ POR EL DEMONIO
Por tentación entendemos aquí, toda asechanza e intento de dominio de parte del maligno o demonio, quien siempre trabaja como un león rugiente que ronda para ver a quien atrapar y devorar, al cual hay que rechazar con la fidelidad a Dios que nos ayuda con su poder y gracia, siempre que lo invocamos y pedimos su protección y ayuda.

Ante las insidias del demonio, los creyentes en Cristo y en su padre y confiados en la protección del Espíritu Santo, saldrán victoriosos e indemnes de todo mal que aparte de Dios y la fidelidad que los hombres redimidos por su hijo divino han de conservar y acrecentar siempre en toda circunstancia y ocasión.

Jesús, bajo la guía y acción del Espíritu Santo, se dirigió al desierto, para que en el silencio y con oración ferviente y continuada, durante 40 días y sus noches sin tomar alimento, se preparó para dar comienzo a su obra salvadora de los hombres, rescatándolos del pecado y de la muerte eterna y desde luego de las tentaciones del maligno.

Cristo fue tentado por Satanás, con tres tentaciones que el evangelio de San Mateo nos describe hoy, primer domingo de la cuaresma.

Primera tentación: Cristo, al final de su ayuno severo, tuvo hambre y fue entonces que el tentador se le acercó para saciar su hambre con alimentos y le dijo: “Si tú eres el hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”.

Jesús inmediatamente comprende las intenciones del maligno, quien le propuso una salida fácil, pero contraria a la voluntad de su padre.

Jesús no quiere eludir su condición mortal de hombre como un privilegio, sino que sufriendo esta tentación nos enseñó a ser fieles y confiar en la ayuda de Dios para triunfar de las trampas y celadas del demonio, quien es enemigo acérrimo suyo y de los hombres.

Segunda tentación: Esta tentación tiene que ver con la misión de Jesús y los medios para llevarla a cabo.

El alero del templo, lugar alto como una atalaya desde la cual se dominaba un amplio panorama, fue el teatro de esta segunda tentación del Demonio para con Cristo.

Con la misma Escritura tienta a Cristo diciéndole: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que tu pie no tropiece en piedra alguna”.

Jesús no cae ante la fuerza de esta tentación demoníaca. No quiere hacer uso de su poder divino de hijo de Dios hecho hombre para salir airoso ante la dificultad que el tentador le proponía.

Cristo no ha venido a este mundo para redimirnos en forma espectacular y vistosa.


Su presencia humilde y servicial, confiando únicamente en la voluntad de su padre y su poder, demuestra al demonio con la enseñanza de la escritura que también está escrito: “No tentarás al señor tu Dios”, de esta manera Jesús nos enseñó a no pedir pruebas o evidencias deslumbrantes para poder decirle a Dios nuestro padre: “creo y espero en ti. Me apoyo en tu gracia y en tu amor que me salva para el tiempo y la eternidad”.

Tercera tentación: Esta tentación tiene que ver con el poder y su uso.

El demonio hace a Jesús un ofrecimiento muy atractivo. El diablo llevó a Jesús a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras, pero Jesús le replicó: Retírate Satanás, porque está escrito: Adorarás al señor, tu Dios y a él solo servirás. Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle”.

TENTACIONES DE LOS CRISTIANOS DE HOY
La historia es maestra de nuestras vidas y ella nos enseña que los hombres estamos siempre sujetos u oprimidos por las tendencias malsanas que Satanás despierta en nuestros corazones y nuestras conciencias.

En esta parte de mi homilía quiero considerar con los que me escuchen o lean mis reflexiones de este domingo, acerca de las tentaciones que actualmente se presentan en la vida y la acción de los humanos tan frágiles y que necesitan apoyarse en la fe y en la fuerza del Espíritu Santo, que Cristo nos da para superar estas pruebas y ser fieles a la voluntad de Dios.

Una tentación frecuente es idolatrar el dinero, la fama que acarrea consigo, la ambición de tener sobre el ser de la persona.

Nuestras sociedades presentan la tentación del consumismo que derrocha y despierta el ansia de poseer bienes materiales e incluso espirituales.

La tentación de una vida con placeres, fruto del egoísmo y la ambición desenfrenada.

El consumo constante, inmoderado y avasallador de las drogas y el alcoholismo, con sus consecuencias de enfermedades y muertes terribles y prematuras.

El ansia del poder político descuidando el servicio de las personas que formamos nuestras familias y sociedades.

La increencia y las formas del ateísmo o negación de Dios, como la indiferencia y creer que solo bastan las cosas de este mundo olvidando suicidamente, la verdad acerca de Dios salvador y remunerador de los hombres que le son fieles y por otra parte, no creer en la condenación eterna cuando la muerte sorprende a muchos en la impiedad, el egoísmo en muchas formas y manifestaciones.

¡Pidamos al señor y padre de nuestro señor Jesucristo que nos libre de todos los males y tentaciones que nos induzcan al mal y a una vida pecaminosa que destruye las relaciones con él y con los hermanos.

​Que libres del maligno que nos acecha continuamente, confiemos en la gracia divina que nos ayude eficazmente para llevar una vida feliz, orante y sana bajo la mirada de Dios, quien no quiere la muerte de sus hijos pecadores, sino su conversión , en la paz y el gozo de la vida plena de los hijos de Dios. Que esta cuaresma nos ayude a ser auténticos cristianos en la Iglesia y para el mundo!




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