Saturday 10 de December de 2016
»Asisten a una fiesta cerca de la Plaza de Armas  

La gente de Tomás Urbina 

Redacción      23 Aug 2014 20:13:49

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(César Navarrete )
(César Navarrete )
Caminando por las calles de Zacatecas, el chofer y su amigo Ildefonso se acercaron a una casa cerca de la Plaza de Armas, donde había una celebración.

“Nos detuvimos a curiosear hacia adentro y no hacía sino un momento que estábamos allí, cuando un señor, al parecer el dueño de la casa, salió hasta la calle donde nos encontrábamos y dirigiéndose a nosotros dijo:

“‘Pasen señores, pasen. Ésta es su casa y estamos teniendo un ratito de gusto a que hoy fue el matrimonio de mi hija…’ 

“El señor aquel parecía un tanto alegrado seguramente por las copas ingeridas, lo que lo hacía exageradamente amable. 

“Naturalmente resistimos un poco con pretextos fútiles, pero como en realidad nada teníamos qué hacer que no fuera buscar dónde divertirnos, aceptamos la invitación y pasamos a la casa.

“Toda la concurrencia era de civiles, gente de la barriada que seguramente había sido invitada, y sólo había allí tres o cuatro militares de la gente de Urbina, que nos habían precedido.

“Se nos recibió obsequiándose de inmediato una copa de vino, la que aceptamos debido a la insistencia de nuestro introductor y acto continuo él mismo nos introdujo a la sala, insistiendo para que de inmediato nos pusiéramos a bailar.

“Pero desgraciadamente no lo pudimos hacer, debido a que todo el elemento femenino que estaba sentado sin bailar, eran tres o cuatro señoras de edad más que madura, las que desde luego ni hubieran aceptado bailar con nosotros ni nosotros hubiéramos aceptado bailar con ellas.

“Todas las muchachas que había allí ya estaban bailando, lo cual nos obligó a quedarnos de pie a la puerta, en espera de la primera oportunidad.  

“Nuestros compañeros que habían llegado antes bailaban ya. Como es costumbre en todos estos bailecitos, la charola llena de copitas de vino, menudeaba en la repartición a los concurrentes y mientras tanto nosotros habíamos podido bailar, ya que nadie había soltado pareja, entre pieza y pieza. 

“Por fin, después de gran rato, y siempre durante un intervalo de la música, logré bailar con una de las muchachas, mientras mi amigo Ildefonso no había conseguido bailadora. Bailé y bailé pieza tras pieza, hasta que en una descuidada alguien me ganó a la bailadora.

“Entonces volví a tomar mi sitio junto a Ildefonso, que no se había quitado de la puerta. También uno de los compañeros nuestros de los de la gente de Urbina que había bailado sin cesar antes, se quedó sin bailadora,  y salió de la sala, pero pocos momentos después volvió a entrar por la puerta en que nosotros estábamos, y al pasar junto a mí, completamente intencional, me dio tan formidable pizotón que me dejó viendo estrellitas, como vulgarmente se dice; acto continuo, lejos de darme una disculpa, mirándome a la cara en actitud provocativa, dijo:  

“‘Le pareció mal, amigo?’. Horriblemente dolorido y extrañado de aquella agresión contesté: ‘Cómo no me va a doler, parece que no ve…’    

“‘Pues si no le pareció, lo componemos’,añadió echando mano a su pistola.

“En el acto hice yo lo mismo y seguramente hubiéramos armado la de San Quintín, si no es que la bailadora que había bailado conmigo antes, se interpone entre los dos, abrazando a mi rival al mismo tiempo que decía:

“‘No lo mates, Joaquín, ya no vuelvo a bailar con él’. 

“Nosotros no sabíamos que aquel compañero había llevado a su mujer al baile, ni menos que no le gustaba que nadie bailara con ella y solo supimos que él y los otros compañeros habían llegado ahí eventualmente, lo mismo que nosotros.

“Este incidente bastó para que comprendiéramos la causa del disgusto del señor aquel y para que aprovecháramos el momento de abandonar la fiestecita.

“Ya de regreso en nuestro tren, y después de comentar todos los acontecimientos de nuestro agitado paseo por la ciudad, insistí con Ildefonso para que me relatara algo respecto de la Adelita, que ya me había interesado debido a que había sido inspiradora de una canción que no conocía, pero que desde luego tenia que haber tragedia y romanticismo en la vida de sus intérpretes.

“Ildefonso me dijo: ‘Mira, mañana vamos al tren de Urbina para que la conozcas personalmente’”.

Continuará...

Extracto de Choferes de la Revolución.
Autor: Luis Jiménez Delgado.
Biblioteca de la Crónica del Estado




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