Wednesday 18 de January de 2017

La guerra de todas las guerras

Juan Carlos Ramos León      10 Aug 2014 20:30:05

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Así se calificó a la Primera Guerra Mundial por diversos motivos, aunque yo creo que de fondo prevalecía en los que así la catalogaron la esperanza de que no volviera a suscitarse atrocidad similar en la historia.

Lamentablemente, esto volvió a ocurrir y en proporciones todavía mayores en la Segunda Guerra Mundial.

Poniendo ambos sucesos en una línea del tiempo desde hoy, bien podríamos afirmar que la segunda fue una consecuencia de que poco se aprendió de la primera y vivimos, entonces, ante el temor de que si no se aprendió lo suficiente de esas dos, pues la tercera podría estallar en cualquier momento.

De hecho, la sombra de una nueva guerra ha sido caldo de cultivo para cualquier cantidad de películas de tintes apocalípticos que lucran con esa sensación de temor que habita en el corazón de todo ser humano.

Con los avances tecnológicos y armamentísticos, un nuevo conflicto mundial tendría consecuencias catastróficas, seguramente peores a las de la primera y segunda guerras mundiales.

Por supuesto que nadie quiere que suceda algo así. Fuera de alguno que otro maniático inadaptado, si se nos preguntara a uno por uno qué opinión tenemos de la guerra, el 100% responderíamos que es la peor estupidez que se le ha ocurrido al hombre.

Sin embargo, un hecho innegable es que quien no aprende de los errores del pasado, está condenado a repetirlos, lo hemos comentado ya en este análisis.

Sosteniendo una conversación con un buen amigo, éste me hacía ver con no poca frustración, la necia postura de un conocido suyo quien, al comentar sobre una serie de documentales del History Channel sobre la Primera Guerra Mundial, le argumentó “y ¿para qué me sirve ver eso? ¿Qué tiene de interesante? Mejor veo una serie o una novela, eso siquiera me entretiene”.

Desafortunadamente esta relajada postura predomina en gran parte de las personas a quienes no les preocupa ni su pasado ni su futuro y solo viven el presente a merced del viento que les sople.

Son, en su mayoría, jóvenes, hijos de la televisión, de las consolas de video y de las redes sociales; carne de cañón para los programas de espectáculos adormecedores de conciencias; seguidores, por millones, de personajes públicos vacíos de talento, pero llenos de fama y fortuna; personas que han preferido enterrar su iniciativa y creatividad entre los muros laberínticos de un juego de video.

La guerra de todas las guerras es, entonces, la que nos están ganando día con día la apatía, la ignorancia y la codicia, robándonos la moral, la inteligencia y la voluntad y mermando con ello la mayor de nuestras facultades que es la libertad misma, para al final condenarnos a repetir los errores que cometieron nuestros antepasados.




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